Yuri Manga and Anime Fanlisting

Hola yurifans hoy traigo una publicación que seguro que le gustará a nuestra compañera Ali D que cumplió años hace unos días. Muchas felicidades chica ) .

Hace ya varios años nuestra compañera Ali D publicó un articulo sobre la pareja protagonista y la canción magnet versión karaoke. (abajo os dejo el link)

http://baulyuri.blogspot.com.es/2010/12/magnet-vocaloid.html

Aquí va nuevamente Vocaloid  con Luka y Miku, la pareja más yuri del programa musical. con una versión animada chulisima de la canción con los subtitulos en español (que me ha dado morriña y la animación me recuerda una barbaridad a la de DOA).

De todos los vídeos y versiones de esta canción, esta es la animación que personalmente  más me gusta, espero que la disfrutéis  y si queréis saber más de esta pareja os invito a que volváis a leer el doujin que tradujo Ali D para el baúl de esta fantástica pareja del gran Nanzaki Iku ( el de doropanda tours) On your mark.
http://baulyuri.blogspot.com.es/2015/11/on-your-mark-vocaloid-nanzaki-iku.html

Y si os habéis quedado con ganas de ver más historias de chicas y bandas de música
recordad que en el Baúl encontrareis fanfics de TATU que encantaban a Blackrose  y las reseñas de Akari sobre Jem y los hologramas
http://baulyuri.blogspot.com.es/2010/06/jem-and-holograms-kimber-stormer.html

http://baulyuri.blogspot.com.es/2016/08/jem-and-holograms-kimber-stormer-comic.html

Y hasta aquí el post de hoy, en breve más, enjoy XOXO.

Buenos días yurifans. 


Hoy les traigo algo que todos quieren, que todos piden, que todos imploran. 

Nos lo habían pedido hasta la saciedad y por fin estamos sumamente complacidas de traer nuevamente Delirium (no sabe lo emocionada que yo estoy), por supuesto, gracias a nuestra talentosísima colaboradora Aru, autora de esta magnífica historia.
Siempre muy agradecidas contigo.

Aru también desea que sepan que continuar y finalizar este trabajo ha vuelto al top de sus prioridades, así que hay aún más y más por celebrar (que no solo las lectoras son muy fans de esta historia, yo misma me confienso fiel seguidora de este trabajo).

No la hago más larga, yurifans. Aquí el Capítulo 15 de Delirium.






Capitulo 15: Sentimientos de culpa

Shane no había podido concentrarse en nada desde que el sol alzó y bajó su mirada por el borde de la llanura. El encuentro, la pelea, el beso con Lily había significado más que un deguste, era aquél renacer entre las cenizas. Se sentía aliviada, tranquila, una vampira dispuesta a la paz.

Su mente andaba a mil por segundo en donde cada uno contaba. Estaba preocupada por todo lo que afloraba en su pecho, nunca esperó sentir esa clase de cosas. Al tocar los labios de Lily por primera vez, sintió un choque eléctrico, un estremecimiento que no vio venir, muchas cosas revivieron en esos instantes e incluso pudo jurar, que nacieron algunas mariposas en su estómago.  

Rayos, debí verme como una colegiala enamorada” Se dijo con molestia a sí misma al imaginarse como una tercera persona en la cocina en aquél momento. “Bien hecho idiota, te fuiste por la borda”

Luego de ese beso, su primer beso, tuvo que reprimir las ganas de todo y dejar ir a la rubia por la paz, se miraron tímidamente mientras le vio subir las escaleras, aún algo avergonzada e incrédula, y todavía en esa situación, se aseguró de memorizarla hasta que se volvieran a ver.

Quiero verla…” Ese deseo definitivamente le tomó por sorpresa. Ahora sí se sentía como una adolescente por las nubes ¿Querer verla? ¿Desde cuándo pensaba ella esa clase de cosas? No, no podía dejar que lo que sea que estuviese naciendo en ella le pusiese a dar vueltas soñadoras por el universo, además, aún había peligro, si… era cierto, el peligro que siempre acechó a su raza y por el cual el amor estaba prohibido.

Hacía mucho tiempo que nada como eso le preocupaba ya que, por razones obvias, no era fácil acercarse a Shane lo suficiente como para hacerle desarrollar sentimientos. Desde muy joven había aprendido la diferencia esencial y vital entre el amor y el sexo, lográndose separar instintivamente y teniendo éxito siempre en sus encuentros con mujeres.

Pero Lily había demostrado ser digna de confianza. Es decir, Shane realmente no se imaginaba a la rubia poniéndola al descubierto, ese carácter tan jodidamente correcto y la intachable conciencia no le hacían apta para tal cosa.

Pudiese ser que con Lily todo fuese bien…

No estaba nada segura de cómo manejar la situación, si sus impulsos habían sido para bien o para mal, por un lado su pecho le decía una cosa, y por el otro, su fría y calculadoramente siempre presente.

Pero a pesar de concluir que se sentaría a pensar bien las cosas en su hogar con un buen vaso de whisky luego de terminar sus asuntos, nada pudo mitigar el deseo de ver a Lily, en ese mismo instante, en el acto.

Suspiró profundo y resolvió algo rápido para cubrir el antojo, mientras tanto, debía concentrarse en los asuntos pendientes que debía zanjar y que de finiquitarse lo antes posible, daría un poco de espacio en su agenda para pasar rápidamente por el restaurant. Esa noche el gerente bancario regresaría de la isla y debería arreglar los papeles para tenerlos listos a firmar.

Shane esperó en el aeropuerto con una sonrisa extraña en sus labios mientras se veía a sí misma en el vidrio del auto.

“Qué carajos es esta cara que estoy colocando

Luchaba por mantenerse enfocada, tan impasible como siempre, tan ser de temer. Esperaba en la limosina mientras su única imagen en su mente le aturdía hasta la desconcentración.

Vaya, realmente me gusta” Pensó “¿Que tan difícil sería llevarla a la cama?” Su sonrisa le delataba, estando en el aeropuerto, la cosa que menos le interesaba, por sorpresa, era cerrar el trato del estacionamiento que tanto añoró. Se imaginaba a la rubia en su habitación, una botella de un buen vino y luz de velas;  luego verla frente a ella mientras suave seda caía por su cuerpo dorado. Casi podía detallarla en su mente, vaciando sus ojos en sus curvas, deleitándose con su fragancia “Vista digna de un rey…” Dijo para sus adentros con deseo.

Esperó cuarenta minutos más en donde no paró de ver su móvil, al pendiente de que la rubia le escribiese algún percance del restaurant en cualquier momento.

Repentinamente sonaron tres toques en el vidrio y Shane ajustó su arma a un costado instintivamente, no se sorprendió al ver al gerente asomado en la oscuridad de la ventana, de inmediato bajó el impedimento.

-Espero haya tenido unas buenas vacaciones, gerente.-Soltó con su sonrisa tranquila y calculadora-He reservado dos limusinas para trasladarlo a usted y a su familia a su hogar, espero no le moleste acompañarme solo a mi…-Soltó, y un dejo siniestro se coló en su voz, el señor le captó enseguida.

-Por supuesto, la he pasado genial, le diré a mi esposa que cargue a los niños en el otro vehículo.-Apremió algo sombrío, una gota de sudor rodó por su mente- Los acomodare para que podamos hablar con tranquilidad…

Pasaron unos veinte minutos en donde pasar equipajes de un sitio a las maletas de los autos se volvió tedioso, Shane tenía mucho más que hacer con su tiempo que eso. Muy pronto, el hombre obeso terminó su faena y abordó el vehículo sin mucho protocolo.

Las dos limusinas empezaron a andar.

-¿Cómo estuvo Hawái?-Comenzó Shane, aparentemente amigable.

-Excelente, mi familia y yo nunca habíamos conocido playas tan espléndidas, ha sido un verdadero deleite…-Afirmó el señor enseguida.

-Me complace de que su estancia haya sido de disfrute…-Inició con una sonrisa, pero su semblante cambió repentinamente a la Shane de negocios- Ahora, usted y yo tenemos cosas que discutir.

-Con respecto a eso…-Inició el hombre, ya sudoroso antes de que pudiese empezar siquiera a explicar.-El gobierno ha implementado medidas severas contra la venta de acciones públicas, me temo…-respiró hondo.- …Que otorgarle la propiedad será más difícil de lo que pensé…

La sonrisa en Shane desapareció, así como su corta paciencia; el gastar su dinero en inversión no había sido suficiente porque aun así, tenía a un viejo regordete queriéndole sacar más, como si fuese una niña acabada de entrar en un nuevo arenero. Una vena de molestia surgió de las entrañas de su ser.

-¿Ah sí?…-respiró por unos segundo

-Bueno…-Se aventuró a explicar el señor, algo nervioso- Las barreras regulatorias se han incrementado, señorita, los papeleos no se harán tan fácilmente desde que Su Realeza está tan pendiente en cómo se administran los fondos públicos…

El viejo no advertía que no sólo jugaba con fuego, sino con lava ácida.

-Ya veo…- Soltó ella en una sonrisa casi salida del infierno, pero intentó resguardar la calma hasta que el momento lo requiriese- ¿Qué significa eso?

-Bueno, requeriré algunos contactos, conexiones para que pueda firmar el contrato de propiedad como tal, pero me temo que eso requerirá más capital de la que le calculé en un principio…

Shane procesó unos segundos lo que el hombre le decía, y luego bajó la mirada, bufando un poco y con una leve sonrisa de burla, incrédula de que existiesen personas que no conocieran la seriedad de los contratos de Shane, casi de sangre. Sin aún mirarlo, la Desert hizo una de sus maravillosas entradas, soltando un brillo relampagueante que destelló en los ojos ahora aterrados de señor regordete. La mirada de la vampiresa se llenó de una peligrosa ventisca. Su sonrisa desapareció de sus labios.

-Escuche con mucha atención-Jaló con lentitud el puente de la pistola, cargándola, viendo su mano deslizarse por el acero, y luego clavó sus dagas en el señor-, porque no lo repetiré.

Se inclinó un poco hacia adelante, sin perder su tranquilo y peligroso semblante, cruzó sus largas piernas en un delicado movimiento. Su compañero ahogó un gritillo de terror sin dejar de ver el arma.

-Yo… No tengo mucha paciencia ¿Me entiente? Es uno de mis defectos- Comenzó algo amena. El hombre empezaba a sudar profusamente- Y cuando hago tratos, espero que se cumplan, sin el mínimo error cometido o cambio de planes.

El hombre desvió por un momento la mirada de la pistola hacia la ventana del vehículo para darse cuenta que la limusina que transportaba su familia había cruzado en una esquina en dirección a casa, y que él y Shane seguían un camino recto, hacia un destino desconocido. Estaba aterrorizado ante el hecho de no saber dónde irían.

Shane se levantó de su asiento y se colocó al lado del señor, pasó un brazo por sus hombros, mientras sostenía el arma donde pudiera verse. Aún sin perder su tono ameno, continuó hablando.

-Tengo fama de despiadada, pero ese título que se me ha dado es injusto.

Muy pronto el hombre notó como los edificios empezaban a desaparecer, dándole paso poco a poco a zonas de verdes campos. Shane continuó.

-Yo realmente no soy una asesina, sólo me gusta que las cosas se hagan como las ordeno, como las planeo. Bien, ordenadas, limpias.

La limusina se estacionó en un sitio abandonado, más allá de la carretera principal, por un callejón estrecho de piedra y fango, tragado por maleza seca y la nieve. En la tiniebla de la noche no se podía vislumbrar nada. De repente, la puerta se abrió -¡NO!-, y el hombre fue sacado con violencia por dos pares de poderosos brazos. Fue tirado al piso al tiempo que volvía para ver a dos hombres parados frente a él, posados a los lados del umbral del vehículo por el que Shane aparecía apasiblemente, incorporándose con tranquilidad y aspirando el frío aire de la noche. El señor permaneció tirado en el suelo, llorando sin control, veía la imponente figura de esa peligrosa mujer recoger las mangas de su camisa negra con la intención de no ensuciarse demasiado.

-Bien, como le iba diciendo- Avanzó unos pasos hacia su víctima- Me gustan las cosas como las ordeno-Luego apuntó la Deser Eagle justo a su cabeza- Y cuando no es así, me veo en la obligación de tomar medidas extremas, aún si no quiero hacerlo. Es algo bochornoso ¿Me entiende?

El hombre casi no podía hablar entre lágrimas y otros fluidos. Intentó gatear de espaldas fuera del peligro inminente que representaba Shane, pero fue detenido por sus hombres. La pelirroja avanzó aún más hacia el manojo de terror, y en el filo de la noche, su mirada se tornó más sanguinaria que nunca, resplandeciendo tanto como su arma.

-Ahora bien, maldito bastardo.-La punta del cañón de la Desert entró lentamente en la boca del hombre, quién empezó a gemir y a llorar aún más, el sabor del metal y la pólvora inundó sus sentidos-Quiero mis papeles listos para firmar mañana por la noche. O sino, tu y toda tu familia no vivirán para ver dos amaneceres seguidos. ¿Me has oído? No hay sitio al que puedas ir sin que yo te encuentre, así que no te molestes en desaparecer.-El tono de Shane era de sumo peligro- No me importa si tienes que mamárselo a toda la Familia Real. Quiero los malditos papeles de propiedad.

El hombre estaba tan aterrorizado que apenas sí podía asentir con la cabeza. No había palabra alguna que pudiese salir de su resquebrajada garganta.

Shane no llevaba un ranking de los hombres y mujeres que había sometido a lo largo de su vida, pero ese señor estaba en la lista de los más asquerosos. Cuando vio una mancha húmeda comenzar a extenderse rápidamente entre los pantalones del hombre, la pelirroja no hizo más que soltar un bufido.

-Tienes que estar bromeando…-Relajó sus hombros, sacó la Desert de la boca de su víctima y se la pasó a uno de sus hombres para que la limpiase.-Considérate afortunado de que te dejaré ir en una pieza.-Dijo mientras se montaba de regreso en la limo.-Ten, aquí tienes dinero para el autobús. Ni soñar que dejaré que ensucies mi auto, das asco.-Lanzó unas monedas a los pies del manojo de nervios, y cerró la puerta tras ella.

El vehículo emprendió su marcha de regreso por donde había venido. La vampireza tocó levemente la ventanilla hasta la cabina del conductor.

Ahora… ¿A qué iba…? Ahh…Si, a hacerle una pequeña visita a Princesa

Sacó un cigarrillo de su bolsillo y lo encendió. Su primera calada fue profunda, como si el humo en sus pulmones le hiciera vaciar su deseo, como siempre, acompañada de la nicotina, comenzó una nueva ronda de meditación.

Lily era demasiado hermosa como para que Shane no sintiera un impulso irresistible de colarse en su mente para tomar su cuerpo, pero estaba casi, sino completamente segura de que no sería una tarea fácil, sin embargo, habían cosas que perder si metía la pata. Tenía suficiente confianza y experiencia como para creerse no fallar, pero un paso en falso y todo se iría a la mierda, no más besos, no más aperturas de acercamiento, no más oportunidades de probar esas misteriosas curvas.

Luchaba entre el querer y el deber.

Una mirada grisácea se cruzó en su imaginación.

“Alice me mataría si descubre que nos besamos”  Le dio otra calada al cigarrillo. A lo largo de los años la rubia platinada se las había ingeniado para aguantar los actos miserables de Shane, toda clase de mujeres hermosas y actividades sexuales. Recordó con gracia cuando Alice irrumpió en su cuarto de hotel mientras la vampiresa diligentemente se encontraba jugueteando con dos chicas en la tina del baño. “Bueno, ‘aguantar’ creo que no sería la palabra indicada” Rió un poco ante la memoria de una rubia abalanzándose contra ellas en un ataque de ira. -!TE CASTRARÉ! !LO JURO SHANE TAYLOR! ¡USTEDES DOS, LARGO DE AQUÏ!- “Berrinches innecesarios…” Pensó. Otra calada. Luego de que hubo sacado a las chicas a patadas y de comerse a Shane con palabras, se quedó con ella, cambió el agua de la tina y se sumergió con la pelirroja sin haber cambiado su semblante. “Pensándolo bien, es endemoniadamente sexy cuando folla molesta, rayos, cómo mueve sus caderas casi como si quisiera arrancarme la mano del brazo” Recordó el calor y la suavidad de su cuerpo mientras estaba encima de ella dentro del agua, martillando sus caderas violentamente hacia abajo para que la vampiresa la penetrase mejor, para que llegase hasta lo más profundo y la llenara por completo, moviéndolas en forma elíptica sin dejar de subir y bajar.

Debería hacerla explotar más seguido

Shane tenía que aceptarlo, Alice era un deleite para quien fuese, sus hermosas y largas piernas, su pequeña cintura, sus pechos perfectos, el cómo su cabello ondulado caía a los lados de su rostro, sus ojos grises de largas pestañas, rojos labios provocativos.

“Creo que he sido muy negligente con ella últimamente gracias a Lily… Es por eso que ha estado de humor de perros”

El aparentemente permanente mal humor era algo que caracterizaba a Alice, sobre todo en cuanto a los actos de Shane se tratase, desde niña siempre la vigiló con recelo.

Desde niña… eh?” 

El semblante de Shane cambió un poco dentro del vehículo ante esas palabras mentales, observando a la nada, su cigarrillo cerca de acabar y mostrando ser insuficiente para mitigar la ola de pensamientos. Sus ojos se tornaron en una amalgama de sentimientos nostálgicos y de culpa. Hacía tiempo no recordaba aquellos días en donde Alice era sólo una niña, inocente, víctima y sufrida. 

Sin realmente quererlo se dejó caer de lleno en el asiento y suspiró profundamente, seguido del encendido de otro cigarrillo. Respiró hondo y cerró sus ojos por un momento ante lo que sabía iba a ser un refrescamiento de conciencia.

La aldea estaba casi completamente destruida, escombros, cadáveres y fuegos esparcidos hasta donde la vista pudiese alcanzar, el humo se tornaba en una niebla espesa mientras nubes tormentosas se empezaban a formar en el cielo. Shane casi podía sentir lástima por la gente inocente que murió a causa de una cruzada entre sus hombres vampiros y los licántropos. Había sido una redada sorpresa, y victoriosa por su encuentro, se paseaba por el valle de muerte mientras buscaba indicios de algún rezagado lobo que pudiese haber intentado ocultarse entre los maderos carbonizados, pero al parecer, había sido una masacre con todas las de la ley. Su armadura negra estaba atestada de sangre, al igual que la hoja de su arma, un leve cansancio asomaba por sus ojos celestes mientras resolvía que al volver al castillo, necesitaría una buena limpieza.

Caminaba por encima de cadáveres, pisandolos y abriéndose paso sin ninguna clase de remordimiento. Sus hombres fueron encomendados a la misma búsqueda, repartidos por lo que quedaba de la ahora inexistente aldea, removiendo escombros y asestando muerte a los escasos sobrevivientes.

Mientras Shane se concentraba en detallar con su vista,  de entre el crujir de las llamas que aún permanecían llegó a ella el escaso sonido de de un llanto desesperado, intentando por todos los medios ser aplacado para pasar desapercibido. Al voltear su mirada a la fuente, notó desde su posición a una niña de ropajes hecho jirones, ensangrentada y llorando, intentando desesperadamente sacar algo de entre los maderos que antes habían sido su hogar.

Shane no vaciló antes de emprender su corto camino hacia la pequeña humana, apretando su arma, se disponía a darle fin a tal sufrimiento de una sola estocada.

A medida que se acercaba los llantos se hacían cada vez más nítidos, palabras empezaron a cobrar sentido entre sus lágrimas.

-¡Aguanta! ¡Por favor aguanta! ¡Te sacaré de allí!-Decía la niña desesperadamente, intentando con sus manos quemadas y rotas mover los ardientes pilares, un cuerpo más pequeño se asomaba desde afuera de la destruida morada, la mitad de su ser siendo aplastado por el peso de los escombros. La niña jalaba el pequeño brazo con desesperación.

Tal era el pánico que la niña no notó el acercamiento de Shane hasta que se hubo posicionado justo detrás de ella. Volteó con ojos llenos de lágrimas y terror, sin dejar de sujetar el pequeño brazo, sus piernas dejaron de responder ante la mirada de esos ojos glaciares asesinos que se quedaron posados en ella, asumiendo ya su casi segura muerte. Las lágrimas no dejaban de acumularse en sus ojos y caer estrepitosamente por sus mejillas llenas de hollín. Aún después de que cayó al suelo, viendo a esa imponente figura frente a ella, no dejó de sujetar el brazo de dueño desconocido.

Shane dió un leve vistazo a la escena sin moverse ni un milímetro.

-Está muerto-Declaró al ver que no habían respuestas de vida del cuerpo que yacía bajo los escombros- No malgastes tu tiempo-Su voz era fría y distante.

-¡NO LO DEJARÉ !- Exclamó la niña con ojos desafiantes.

A pesar de la gran amenaza, los ojos grises no vacilaron en clavarle dagas a los celestes. Shane sonrió levemente, le gustaba su actitud.

-¿Crees que tú, pequeña humana, puedes sacarlo de allí?

La pequeña no contestó, negada en dejar el brazo de su hermano, dándole la espalda a Shane para intentar sacarlo de allí, desesperada, adolorida, sola y fuerte. Sus rodillas estaban rotas, quemaduras cubrían su cuerpo, hilos de sangre deslizándose sobre su rostro, pero estaba ahí, indispuesta a dejarse vencer a pesar de tener a la persona más peligrosa que haya podido imaginar a sus espaldas, poniendo delante el deseo de salvar a su hermano que a su vida misma.

Shane nunca había visto tal coraje en algún humano.

De repente se sintió admirada por tal aínco, para ella, los humanos eran seres inferiores, egoístas, básicos y cobardes, cuya mísera vida no valía más que el polvo. Pero a pesar de todo se encontraba en ese sitio, admirando a una niña que demostraba un valor que nunca vió en alguien jamás. La pequeña rubia era especial.

Se acercó más, curiosa de la conducta humana, deseando saber un poco más acerca de aquellos seres caóticos. Su rodilla tocó el suelo para estar a la altura de la niña, cuyo salto hizo reír un poco a Shane en sus adentros. Al tenerla más cerca, pudo detallarla con un rápido vistazo, fuera de toda la suciedad e inmundicia, la niña prometía crecer para alcanzar una hermosa madurez, tan exquisita que la vampiro pudo deleitarse sólo con imaginarla. Sonrió, avara.

-Hagamos un trato, niña humana.-Shane volvió a incorporarse, su semblante serio, pero ya no tan cargado de amenaza. Esperó que la pequeña rubia pusiera atención a sus palabras- Yo salvaré a tu ser querido y te dejaré vivir. -Luego volvió a sonreír levemente- A cambio, debes servirme el resto de tu vida.  

La niña no procesaba sus palabras, muy grandes para un ser tan pequeño con una mente tan inmadura. Pestañeó levemente y sacudió su cabeza. Sabía sobre los vampiros, estaba plenamente consciente del peligro que representaban esos seres y el miedo que sembraban en las personas. Vio tanto tributos caminar hacia ellos, sin nada que poder hacer; las mujeres jóvenes más hermosas eran ofrecidas a la familia vampírica para funcionar como servidumbre a cambio de paz y protección.

Su hermana mayor había sido una de ellas.

Y ahora se encontraba ahí, desesperada y teniendo una oferta que nunca se imaginó. ¿Sería capaz de servir a una vampiro toda su vida a cambio de…?  

-¿P-puedes salvarlo?-Un atisbo de esperanza se coló en sus ojos. Su voz era un hilo.

-Si, sólo tienes que aceptar mi trato.

De buenas a primeras no contestó, y Shane se vio tentada a presionar un poco más. Dio unos pasos hacia atrás y se sentó en un escombro, sacó su arma y comenzó a retirar la sangre con un trozo de tela, su rostro se tornó ameno. -Te recomiendo que tomes una decisión rápido-Dijo sin subir la mirada de la espada- No le queda mucho tiempo de vida. Unos minutos ¿Tal vez?-Ponderó, sintiendo el débil corazón y sus pausados latidos desde abajo de la casa destruída, haciéndose cada vez más borroso.

La pequeña rubia miró la mano pequeña entre la suya, quemada y golpeada, su calor casi desvanecido, dejándose caer cada vez más. Estaba sola e indefensa, ya no tenía familia, sus padres, sus hermanos…, sólo le quedaba él, y estaba muriendo. A su corta edad no podía soportar el perder lo último que le quedaba, pasar sus días arrepintiéndose. No. Haría lo que sea para salvarlo.

Resolvió su respuesta con decisión.

-Prométeme que lo salvarás.-Pidió solemne, sus ojos grises se encontraron con los árticos. Shane volvió a sonreír.

-Lo prometo-Soltó a lo que se incorporó lentamente de su sitio, guardó su arma y se hincó de rodillas hacia la niña.-Sabes cómo es ésto ¿Verdad? Por tu potencial y tu edad, debieron haber comenzado tu educación.

-Sí…-Contestó, recordando el día en que su padre su padre le había informado que por su belleza, al alcanzar su madurez sexual, sería llevada a los vampiros. A esas niñas se les destinaba una educación diferente. -¿Dolerá?-Vaciló.

-Sólo al principio. Luego pasará.-Una chispa centelló en los ojos de la vampiro a lo que pasó completamente su mirada en la pequeña, se convertiría en uno de sus mayores tesoros. Alzó su mano y con sus dedos la tomó por el mentón, con la otra rodeó su cuerpo y la acercó más a ella. Sus palabras llenas de expectativas- Serás una bella mujer. La más hermosa de todas…

Le habían dicho eso incontables veces en el pasado.

La niña enrojeció violentamente al sentir aquellos ojos posarse en ella, mientras la vampiresa la tomaba entre sus brazos un extraño sentimiento sofocó sus entrañas, se sentía hipnotizada, sus ojos se perdieron en la bruma mientras intentaba ser consciente de los labios que se hallaban posados en su cuello. Un calor comenzó a recorrer su cuerpo cuando dos colmillos provocaron un auge momentáneo de dolor, seguido por una ola de éxtasis. Aquello era nuevo para ella, ardía mientras su sangre brotaba de la herida, y al mismo tiempo, una presión en sus venas hizo que su corazón se acelerara a mil por segundo, tensando sus músculos, enviando una electricidad casi insoportable por todo su cuerpo. Arqueó su espalda a lo que fue sujetada por fuertes brazos. No podía contener aquella amalgama de sensaciones físicas, su cuerpo estaba al borde de estallar, asimilando los cambios que Shane estaba provocando en ella. Sus heridas comenzaron a sanar y gemidos se hicieron presentes en su boca. Su entrepierna pulsaba mientras se sujetó de Shane para asirse a algo entre los temblores de su inmaduro sexo. Llegó a un poderoso clímax y una vez bajado de la cúspide, sintió como su corazón desaceleró impresionantemente, latiendo extremadamente lento, mucho menos que lo natural, se hizo pesado y profundo. Sus músculos se relajaron y la electricidad desapareció.

No quedaron fuerzas en ella para mantenerse en pie. Su cabeza daba vueltas. Apenas podía mantener sus ojos entreabiertos.

Sólo pudo sentir como la vampiresa retiró su rostro de su cuello y la depositó delicadamente en el suelo. Vio como Shane retiró todos los pedazos de madera que ella no pudo mover con una ridícula facilidad, y moviendo algunas piedras, sacó al niño en sus brazos. Se hincó de rodillas nuevamente, junto a ella.

La vampiro admiró por unos segundos el rostro de ese niño tan pequeño, y se maravilló por su fortaleza de aun seguir con vida. Por primera vez su semblante realmente se suavizó, y soltó una leve sonrisa de benevolencia.

-No hay mucho tiempo. Pero dejame felicitarte, le has salvado la vida.-Le dijo Shane a la pequeña antes de clavar sus colmillos en el pequeño.

No pasó mucho tiempo antes de que sus heridas, como las de ella, comenzaran a sanar, pero aun así, luego de terminado el proceso, no se levantó.

-Estará inconsciente por unos días. No te preocupes.-Le dijo Shane en vista de la mirada preocupada de la niña, a quien cada vez más se le hacía difícil mantenerse consciente. Su mente se hallaba entre el aquí y allá. Una bruma negra nublando sus sentidos.

-Hey… – Nombres,…-cuáles son…- nombres…-Sus oídos fallaban a lo que escuchaba cada vez más lejos la voz de Shane.

-Su… nombre… es William….-Soltó como pudo, sólo le quedaban unos segundos de consciencia

-Yo… soy… Alice…-Fue lo último que pudo decir antes de desmayarse.

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Shane abrió pesadamente los ojos, el haber rememorado todos aquellos acontecimientos la hizo sentir extrañamente culpable y melancólica, suspiró con cansancio.

Shane convirtió a Alice en una de sus Novias, seres de los que los vampiros eran amos; mujeres hermosas con el dote de la inmortalidad. No eran vampiros, no eran humanas.

Capaces de vivir en normalidad como las personas, su objetivo era el de simplemente servir al vampiro que les había convertido, le pertenecían a ellos, como fuente de alimento, como compañía, servidumbre y uso sexual.

Luego de haber tenido cientos a su disposición, con el tiempo Alice demostró ser la única capaz de llevar la carga que suponía Shane; llegando a convertirse en la única Novia luego de siglos de acontecimientos. 

Habían pasado cientos de años desde que Alice y Will formaron parte de su vida y ahora su corazón se encontraba lleno de gratitud hacia esos dos seres que habían hecho de los tiempos más oscuros, tolerables.

Vivió para ver a Alice convertirse en la hermosa mujer fuerte que ahora era, no se había equivocado en ello. Pero nunca pudo predecir el lugar tan importante que ocuparía en su corazón, a pesar de nunca haberla podido corresponder correctamente.

El amor profundo que sentía por Alice era diferente a lo que se asomaba por su pecho al ver a Lily, eran dos cosas completamente diferentes.

Shane había tomado a Alice como su propiedad desde niña, viéndola crecer, aprender y desarrollar su personalidad tan problemática. La vampiro había sido su primera vez en todo, y con ojos concernientes presenció el cómo se convertía en el amor de la vida de la joven, llegando a un punto de la lealtad absoluta. 

Pero aún así, sentía imposible atar completamente a Alice. Shane se veía así misma como su madre, hermana, guía, más que como dueña o amante. El haber estado prácticamente toda su vida con ella le hacía incapaz de no sentir un profundo amor maternal.

La amaba con todo su corazón, pero no como Alice querría.

Eso la decepcionaba al punto de ignorar la punzada en su pecho cada vez que podía imaginar el amor de la platinada convertido en dolor, la magnitud de su deseo hecho angustia.

Era injusto para ella que Lily hubiese empezado a avivar una pequeña llama en Shane que Alice nunca pudo comenzar.

Ante tantos pensamientos sintió una terrible urgencia de verla, de abrazarla. Pero cuando se hubo dando cuenta, ya estaba en frente del restaurant.

Sacudió su cabeza para aclarar su mente y un deseo de ver a Princesa se apoderaron de ella por milésimas de segundo. En esos momentos, en su mente dos figuras rubias se peleaban por atención.    

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“Tu…también me gustas…”

Lily recordaba decir esas palabras con vergüenza agonizante y desahogo necesario al momento en que ese día, pilas de documentos yacían frente  su presencia, reposadas en su escritorio en el fastuoso restaurant que administraba para la vampiresa.

“Dios…debo concentrarme en el trabajo…” Decía a sí misma.

Cada vez que pensaba en lo que había pasado hacía unas pocas noches se enrojecía violentamente. Había sido una locura, tantas cosas acontecidas de una sola vez no le dejaban concentrarse en sus deberes apropiadamente, y ahora se encontraba en un mar de sentimientos desembocados que le mantenían fija y expectante a lo siguiente que ocurriría en su vida. Había flaqueado hasta lo más alto de su resistencia y ahora, sin querer y sin pensarlo, se encontraba sonrojada y desconcertada.

“¿Ahora qué pasará… con la convivencia, con nuestra relación?”

Las confesiones de aquella noche, en esa oscuridad íntima y silencio comprensivo, en donde un beso furtivo afloró de lo más profundo de sus deseos y estalló en un mar de sinceridad, desencadenando un revoloteo de expectativas que ahora no estaba segura si serían reales, o imaginadas por su mente.

Ese especial momento había sido un hecho espontáneo, dado por las circunstancias que se acomodaron perfectamente para dar paso a una nueva puerta desconocida, pero sin duda alguna, verdadera; pudo sentirlo en aquellos ojos celestes, esa sinceridad, esa calidez, esas ganas de aventurarse a lo inexplorado…

Pero algo en ella era amargo. No dejaba de pensar en aquél placer, pero tampoco en la futura agonía. No se imagina un buen escenario para todo aquello, se había dejado caer, besó a la chica que una vez juró odiar y que ahora no salía de su mente. Tantas cosas que había presenciado, y aun estando consciente de la terrible estirpe de Shane, ésta se las había arreglado para dejar una sensación grabada en el pecho justo de Lily.

Se reprendía a sí misma, la decepción mezclada con aquél placer nocturno que no abandonaba sus labios le tenía inquieta y pensativa. Se había dejado encantar por una semilla sin futuro, sin ofrecerle promesas, sin un cielo estrellado, sin risas incontroladas, sólo así, simple y sencillo, se había dejado. 

Lily hasta hacía poco días sabía perfectamente en dónde se encontraba: trabajando para una vampiro de la cual debía mantenerse alejada, que aparte de eso, era mafiosa, que aparte de eso, era mujeriega y que, para completar, tenía ya una acompañante: Alice. Sin embargo, al final y sin siquiera ella notarlo, ninguno de esos hechos había evitado que llegara a desarrollar sentimientos por ella. Qué impresión. Nunca se imaginó, en toda su vida, estar en esa situación jamás, pero ahora lo estaba, y tenía que ver cómo arreglárselas para salir, o mantenerse en ella, con vida.

La imagen de Shane no salía de su mente, su olor, sus labios, su mirada, su belleza, el cómo había acariciado su rostro con aquella suavidad, casi con delicada reverencia. Nunca se había sentido tan deseada y respetada al mismo tiempo, eso le maravilló, la forma en la que estaba casi segura, Shane no había tocado a nadie más.

Volvió a sonrojarse.

Aquél beso terminó en suaves suspiros, seguido de miradas que decían absolutamente todo en medio de aquella oscuridad adornada de un delicado aroma a leche tibia y a molestias pasadas.

Había tomado la mano de Shane, aún posada en su mejilla, y recordado cada segundo del tacto de su piel como muestra de sus sentimientos desbordados, podía sentir aún su pecho latir de manera fuerte pero pausada. No sabía nada con certeza, pero de algo sí estaba segura: las cosas serían diferentes de ahora en adelante.  

Un golpeteo firme se hizo sentir en la silenciosa oficina: “Pase”. Denunció Lily sin pensarlo mucho.

Nunca se esperó que tras el umbral apareciera una Shane de sonrisa tranquila con un ramo pequeño de flores en mano, pero fue así.

De inmediato la diferencia de semblantes se hizo notar en Lily, que dejó colar de entre sus ojos un dejo de nerviosismo, intentado ser cubierto por una fina capa de indiferencia. La rubia mantuvo su amenidad como pudo. Shane le hizo un gesto y avanzó con las flores, las depositó en uno de los floreros que reposaba cerca del escritorio de Lily. Ésta nuevamente agradeció dentro de su mente tan lindo detalle.

-No esperaba verte por aquí hoy-Dijo, bloqueando cualquier gesto de complacencia mientras acomodaba algunos papeles en el escritorio.

Lily no había tenido un encuentro propiamente dicho con Shane después del beso y la ligera confesión. Había evitado por todos los medios verla para poder aclarar su mente y corazón antes de que la vampireza se las arreglara para desordenarla aún más. Estaba casi segura de que su jefa había captado el mensaje ya que no la buscó por esos días. Pero ahora parecía que el hiatus que le había otorgado la pelirroja había acabado.

-¿Estás muy ocupada? Esperaba no ser ninguna molestia.

Lily sonrió. –Bueno, siempre se tiene tiempo para la dueña del lugar ¿No es así?

-Tal como yo lo veo, soy una inútil en estos términos, te  gusta hacer bien tu trabajo, yo sólo pongo dinero y me desentiendo del asunto.

-Ya que has dicho eso ¿Qué te trae por aquí? ¿Vienes a hablar con Antoine?

-No… no realmente.

-¿De qué se trata entonces?

Shane esbozó una sonrisa, avanzó, se sentó en la silla del visitante frente al escritorio gerencial y miró a Lily con ojos cargados de serenidad, algo había diferente en ese encuentro.

-Quería verte.-Soltó seco, pero suave.

Lily no pudo evitar enrojecer violentamente, pausó su actividad con los papeles para llevarse una mano a la boca, y acariciar el costado de su rostro, lo sentía hervir. Shane se mostró divertida con su reacción.

-No te burles de mi-Dijo entre molesta y apenada, a lo que volteaba para no encontrarse con la mirada de la vampiro.

-No me burlo de ti, sólo que me pareció una reacción muy linda. Por fin pude ver a una Lily que no me pateó el trasero ni bien entré por esa puerta.

-Lo haré si sigues hablando…-Lily no sabía qué decir, sólo quería dejar de estar tan avergonzada, no podía creer cuán fácil había caído en ese estado, pero prefería eso que una tonta cara de felicidad. Rehuía de la mirada de Shane.

-¿Hice mal en venir?-Escuchó a sus espaldas.

“Idiota… por supuesto que no…” Pensó la rubia.

-No, no has hecho mal, no estaba tan ocupada como parezco.-Pausó un momento, desviando un poco su respuesta, continuó con su voz levemente alterada en nervios –Iba a bajar a socializar con los comensales. Tal parece que les gusta ver que son de importancia para el restaurant. –Avanzó y tomó un pequeño juguete antiestrés de uno de los estantes.

-No creo que sea por eso… Más bien, a las personas les gusta sentir que tienen la atención de una hermosa mujer.

Lily volvió a enrojecer, Shane parecía impasible, sonriendo encantadoramente, sentada aún en la silla, viendo como la rubia se movía por la habitación. Le divertían sus reacciones, y le extrañaba ver cuán poco acostumbrada estaba la chica a los cumplidos.

-Si sigues tomándome como chiste me voy a molestar en serio.-Por fin aseveró su semblante, irritada de no poder contener cosas y de que Shane las pudiese ver con tanta facilidad.

La pelirroja se paró ante sus palabras y se acercó a la rubia, acortando distancia, hasta llegar al borde del espacio personal.

-Nada de lo que he dicho desde que llegué ha sido un chiste-Los penetrantes ojos celestes se posaron en los orbes dorados, queriendo impregnarse con su calidez-Todo ha sido en serio, eres una hermosa mujer…; Y quería verte…-De pronto su sonrisa dio paso a un gesto de hipnosis, detallando nuevamente todo de Lily, acercándose un poco más para sentir ese aroma que le había hecho desvariar.-Es extraño, incluso consciente de que esto es mala idea, he pasado todo el día esperando el momento en poder venir hasta acá…-Las palabras se apagaban con cada centímetro gastado, Lily intentaba mantenerse en sus cabales antes sus palabras. Con el acercamiento de Shane, la rubia daba un paso hacia atrás para no incendiarse con su presencia; hasta que tocó el borde de su escritorio con la parte trasera de sus muslos. Se había quedado sin espacio para retroceder. Posó sus manos en la pieza de madera, dejando el juguete de lado e inclinándose un poco hacia atrás.

-Sólo quieres hacer de las tuyas…-Soltó suave, cautiva ya por los encantos de Shane, pero no olvidando, incluso en esos momentos, lo mujeriega que era la vampiro, y todas las veces que pudo haber usado esas líneas.-Has de haberle dicho eso a millones de chicas…-

Un centímetro menos.

-No, no lo he hecho.

-Mentirosa…

-Si me dejas besarte podrás averiguar si miento o no…

Sus rostros estaban a milímetros. Lily podía saborear ya aquellos labios, los deseaba, con amargura los deseaba, pero dejarse caer en los encantos de Shane aún le ponía reticente. Sus ojos le provocaban, su leve sonrisa, su semblante dominante, aquella esencia perfecta. Shane tanteaba el terreno para averiguar sus posibilidades, moría por besarla, por tenerla cerca, y sabía que, jugando con el fuego que suponía Lily, debía ir con cuidado para no salir quemada. Luego de sus palabras hizo una pequeña pausa para que hicieran efecto en su compañera. No se imaginaba irse sin probar esos labios.

La mano de la rubia subió hasta el cuello de Shane, acariciándolo a un lado con su palma, jugando un poco con su cabello, detallando cómo la piel se erizaba bajo su tacto, las dos mentes se nublaron, y le permitió a la pelirroja acercarse un poco más.

-Sólo esta vez…-Dejó escapar en casi un suspiro, antes de que Shane la tomara con sus fuertes brazos por su cintura y la halara delicadamente hacia ella, aprisionando sus labios contra los suyos en un movimiento majestuoso y casi sublime. Lily tomó entre sus manos el rostro y el cuello de la pelirroja en una muestra de apertura. Las respiraciones y el lento ritmo del beso lo decían todo, aquél momento había sido anhelado en secreto por las dos, la manera en la que cada pequeña pausa era intensa, en donde gozaban de la leve voz de la otra transformada en suspiros. Se deleitaban con cada segundo propuesto para aquella muestra de deseo reprimido. A Lily le encantaba la manera en la que se sentía cubierta, protegida por Shane y su abrazo. Sus manos eran respetuosas, sosteniendo apenas la parte media de su espalda y cintura sin moverse de allí, el agarre en su justa medida, los movimientos correctos, el compás adecuado; Shane danzaba alrededor de ella con reverencia absoluta.

Luego de que se saciaron momentáneamente se separaron, y la vampiro abrió sus brazos para permitir, con sumo dolor, que la rubia retomase un leve espacio. Se maravilló al ver lo sofocada y enrojecida que había quedado su compañera, se arreglaba el cabello y la compostura con timidez, no queriendo sostener aún su mirada. Shane nuevamente se tomó un instante para apreciar a Lily, la delgadez artística de su cuerpo, sus curvas generosas, la delicadeza de sus manos, lo fino de sus puntas. Su completa feminidad.

Shane no lograba saciarse lo suficiente, su mente era un solo manojo de instintos, de temeridad. 

Con una de sus manos, tomó el mentón de la rubia y alzó su mirada con suavidad. Esos ojos dorados le encantaban, ese brillo que proponían ante el deseo. Nunca tendría suficiente de ellos de la forma en que se colaban en su azul ártico.

La pelirroja avanzó nuevamente, ésta vez más poseída por su hambre.

Volvió a sujetar a Lily entre sus brazos y la trajo hacia ella.

Sus labios chocaron con más fuerza y menos timidez ésta vez. Comiéndose entre ellos y probando la textura de sus enteras bocas. Instintivamente Shane colocó un poco de presión con su cuerpo y sentó a Lily en el escitorio sin dejar de besarla. La rubia abrió un poco sus piernas para dejar a la vampiro pasar.

Estando ya encajadas la una con la otra, la rubia acomodó su mano en el cuello de Shane, sujetándola y controlándola, gesto que encantó a la pelirroja, mientras encontraba un punto de apoyo en su mesa con su mano, y con la otra halaba a Lily hacia ella desde su espalda a la altura de la cintura, haciéndola arquear y empujando el beso a más profundidad.

Lily no podía controlarse más, estaba impresionada consigo misma y embriagada por la cascada de sentimientos que se desataban en ella, y disparando una pequeña electricidad que fue a parar a su entrepierna, un calor comenzó a hacerla vibrar mientras sentía que se derretía.

Abrió sus labios para permitir a la vampiresa pasar, necesitaba aquello, su cuerpo rogaba por una sensación aún más completa. Ya con este libre acceso, Shane coló su lengua dentro de su boca y danzó con la de la rubia en un movimiento rítmico.

Por fin se probaban a toda profundidad, explotando el deseo. El calor en la oficina aumentaba mientras los gemidos ahogados comenzaron a aparecer. Shane posó una mano en la delgada y torneada pierna de Lily, sin percatarse de que lentamente iba subiendo.

Lily estaba completamente sumergida en Shane, sintiéndola, probándola con avidez cuando algo en ella empezó a resonar, una alerta de su consciencia indicándole que parasen, que no fuesen más allá. La mano de Shane se detuvo ante un leve brinco del cuerpo de Lily, supo de inmediato que se había dejado llevar demasiado ante los límites nuevos que la rubia le había marcado cuando ésta le empujó suavemente con sus brazos para separarse.

Lily rompió el beso, recuperando el aliento, furiosamente enrojecida.

Ese momento de reposo fue una apertura de miles de pensamientos en la cabeza de la rubia que no pudo controlar. Miedo, culpa, decepción. Tantas cosas vibrantes que habían disparado ese beso convertidas en rememoraciones de eventos y sentimientos del pasado. James, y su padre. Su corazón sintió dolor cuando se dio cuenta de todo lo que se había dejado llevar, y que aún era incapaz de procesar por la culpa que cargaba por su difunto novio, y por el terror que suponía ser tocada y lastimada como todos aquellos años en donde aquél demonio la violó incontables veces.

Incapaz de mirar a Shane, unas lágrimas se colaron en sus ojos, intentando ahogárlas todo lo que se pudiese, y reacia a quebrarse ante su acompañante quién la miraba ahora con preocupación y confusión, no habían palabras que se le ocurrieran decir ante aquella explosión inexplicable en la que se encontraba Lily.

-Vete.-Rogó Lily con un hilo de voz entre leves jadeos que delataban su sofoco, aún sin levantar la mirada. El temblor de su mente inundando su cuerpo la dominó mientras los recuerdos y su consciencia la torturaban.-Lo siento… Por favor, vete…

 

 

   Hola yurifans, pues acabo de leer en el cbox, que Aru está con la prpóxima entrega de delirium espero que sea así para ya seguir con esa continuación que a muchas nos mata de ansiedad (si, yo, unida al club de las exigentes de delirium en silencio jajaja ).
   ¿Como la van pasando estos días? En México el país patas arriba, aunque muchas tagedias mundiales ultimamente y yo por fin con ánimos de seguir lo que continúa en mi me4nte cansada y agotada mentalmente. 
   Un beso y un abrazo muy grande y dejo este pedacillo de materila por aquí )
Cap  22   Un deseo.

   Los días siguientes fueron de total abandono. Ni sara ni Jessie podían verse, aunque sabían de sus presencias mutuamente. Ni Jessie entendía que iba pasando con su cuerpo, ni Sara podía explicarle absolutamente nada porque no sabía que ocurría con ella la mayor parte del tiempo. Mas bien parecía que se encontraba muchas veces de mal humor y enfadada con todo mundo.

–  No entiendo nada  – susurró Sara mientas se mesaba los rubios cabellos – Estoy enloqueciendo…

   
El ruido de su teléfono sonando en el pequeño escritorio le hizo olvidar por un momento lo que estaba ocurriendo. La voz de Diego sonó profundamente preocupada al otro lado de la línea. Sara no se había presentado a trabajar en una semana y los socios de las junta directiva se empezaban a mostrar preocupados, tanto que habían convocado a una junta urgente ese mismo día en forma secreta y Diego se había enterado por un leve susurro que escuchó cuando iba hacia la oficina de un socio en común, haciéndose el desentendido cuando ambos hombres salieron del despacho particular. La cara de Diego no mostró señal alguna de saber acerca de que hablaban ambos individuos. Después de todo era improbable que pudiera escucharlos. Así que Diego no tardó en comunicárselo a Sara. Ella colgó el teléfono un rato después y habló con Momo, sólo para enterarse de que posiblemente Diego tendría esos efectos por un tiempo más. Un oído supersensible en áreas muy cerradas.

   Dió un suspiro largo y profundo. Quería saber. Por primera vez quería saber que pasaba en esos momentos. Su corazón dió un vuelco en ese instante dentro de sí, su sangre emocionada golpeaba con fuerza en las paredes de su venas. Adrenalina corriendo en ellas, adrenalina desatando ese sin fin de emociones que no podía controlar. Una sonrisa asomó a su rostro tantas veces frío y le dió un aire perverso que pronto se ocultó bajo la mirada de siempre.

– ¿Momo?

“¿Si?”

– ¿Qué necesito? Dime qué es lo que necesito para no olvidar esos momentos. Para recordarlos y tenerlos en la memoria una sola vez siquiera.

   Una risa hizo eco en su mente y sintió un ligero escalofrío recorriéndole la piel. Sabía que Momo respondería sin dudar, pero ella ahora dudaba de la pregunta que había hecho.

“Me temo que eso no es posible, Andreakis.”

– ¿Qué quieres decir?

“Una vez que seas consciente de lo que está pasando, perderás todo.”

– ¿Todo?

“Ella te olvidará y tú la olvidarás en consecuencia.”

– No entiendo…si estoy queriendo recordar todo ¿cómo puede perderse?

“Recordarás todo, pero el pago es aquello que amas. Todos tus recuerdos con esa persona serán míos, todo lo vivido será parte de mi memoria únicamente. Tomaré cada uno de tus momentos felices y te dejaré tortura y vacío. Tomaré cada fragmento de placer y dicha y te dejaré soledad y tristeza. Tu vida es mía Andreakis, es el pago por tu libertad. Es el castigo por romper este pacto de vida.”

   Sara quedó en silencio unos momentos mientras repasaba una y ota vez las palabras de Momo.

– Eso quiere decir, que perderé completamente mi memoria…

“No. Eso quiere decir, que únicamente te quitaré aquello que mantuvo tu deseo de seguir con vida. Ni ella ni tú, serán capaces de recordarse. Sabrás que el hijo que espera es parte de tu familia, pero no recordarás nada de ella y esto aplica para todo lo que te rodea. Ella nunca existió para tí y tú no exististe para ella. Incluso ese pequeño contrato falso de trabajo que realizaste tan magistralmente lo borraré.”

– Entonces da igual si quiero recordar o no, no conseguiré ventaja alguna ni podré disfrutar de lo que sigue – susurró ella en forma seca.

“Oh, eso no es del todo cierto, Andreakis.”

– ¿No acabas de decir lo contrario, Momo?

“Eso sólo aplica a tu motor de vida actual. Te concederé la dicha de recordar todo lo que siga hasta el momento antes de que duermas esa noche. Recuérdalo bien. Una vez que duermas, todo desaparecerá y será un nuevo comienzo, un nuevo despertar.”

   Sara quedó en silencio una vez más mientras miraba su reloj de pared. El segundero avanzaba sin detenerse. Pronto anochecería, pronto tendría que decidir. Tenía el tiempo en contra aparentemente desde ese momento. Dudaba de lo que deseaba ahora. Miro sus manos instintivamente. Sus manos la habían tocado, pero no sabía, ni recordaba la sensación de haberla tenido. Pero si decidía, aun si perdía todo en ese momento, podría recordar por unos instantes de gloria, por un momento tan sólo, esa sensación de poseerla.

– Momo…

“¿Si?” – contestó una vez más.

– ¿Puedo decidir al menos cuando quiero que esto ocurra?

“Oh, lo vas pensando bien – rió Momo – Si, puedo concederte eso.”

– Entonces lo pensaré esta noche…

“No necesitas decírmelo – contestó Momo suavemente y con cierta picardía – lo sé todo, estoy dentro de tí ¿recuerdas? “

   Sara sonrió. Era cierto. Todo lo que pasaba por su mente era un vendaval de emociones e ideas que Momo sabía sin dudar. Lo que sucedía, era que ella no sabía que pensaba Momo. Se llevó la mano a la boca para ocultar su sonrisa. Por supuesto, Momo sabía lo que ella había pensado en ese momento.

   Se levantó de la cama mientras decidía que ropa usar para la reunión que estaba planeada sin su presencia. Esos vejetes debían aprender la lección de alguna vez por todas. Rió dentro de sí.  Las pequeñas mentiras y trampas siempre eran necesarias. Agradeció en su interior que Nikos haya estado como esa piedra en el camino. Y es que en ese punto entendía que las piedras no hay que saltarlas, no hay que esquivarlas. Si son pequeñas, se pulverizan; si son más grandes se patean, pero una piedra que te hace caer en el camino te enseña a no caer por segunda vez.

   Un pensamiento acudió a su cabeza en ese momento. Una piedra más grande. Si, había una piedra más. Sonrió nuevamente. Quizá no era eso siquiera, tan sólo era un cascarón vacío.

  

   La reunión de viejos verdes estaba en su punto. Se habían entretenido en aclarar pequeños puntos de ingresos y egresos en esa reunión. Donde Diego había sido invitado con premeditación  a última hora y sin permitirle enterarse sobre lo que seguía en la agenda, aunque la mayoría de ellos parecía estar informado.

   Miró nerviosamente su reloj mientras escuchaba de los movimientos de ampliación de algunos sectores. Estaba sumido en un lapsus cuando la puerta se abrió y un silencio se hizo presente. Algunos dieron un carraspeo, otros dejaron escapar un murmullo a sus compañeros y algunos más miraban nerviosamente al orquestador del movimiento, quien sonreía casi seguro de sus  movimientos hasta ahora.

   Sara se sentó. El asiento de CEO inclusive tenía colocado la agenda de asuntos a tratar,  remarcando su impuntualidad. Ella ignoró lacónicamente a todos los presentes y empezó a revisar la agenda. No tenía caso disculparse si ya había llegado tarde, pero sonrió para si. Malcriada y tajante. Levantó la vista un momento para encontrar la mirada esquiva del  vocero de la junta directiva.

– El siguiente punto a tratar es la elección del nuevo presidente de la junta directiva.

  
  Un murmuro más grande se hizo efectivo. El vocero  fue leyendo uno a uno los motivos que suponían el cese de Andreakis S.H.  del puesto en mención, ya que el tiempo se sucesión de Stéphanos Andreakis había concluido. El gran emporio incluía algunos de los empresarios e inversores más prolíferos del país.  Sara dió un pequeño suspiro antes de seguir escuchando. Era cierto que era una inversora más, pero tenía su propia empresa la cuál atender.  Andreakis era una marca que no debería desaparecer. Así que siguió tranquilamente los puntos de los cuáles cada uno de ellos se atenía. Anotando cuidadosamente cada punto.

   La puerta se abrió  tras una ligera interrupción para dejar un mensajero entregarle una documentación a Sara, que agradeció con ligero asentir de cabeza y un suave murmullo escapando de sus labios.  La reunión seguía mientras Diego no podía quitarle la mirada. Ni a ella ni al Secretario.  El vocero terminó su largo arsenal de puntos mientras un silencioso ingreso con varios sobres en la sala de juntas se hizo evidente. Sara asintió y dos encargados más fueron depositando uno en el lado derecho de cada miembro. Uno de ellos tomó uno y se disponía a abrirlo cuando la voz de Sara se dejó escuchar por el micrófono por primera vez.

– Espere el momento indicado, señor Reynolds, le aseguro que amerita esperar, por favor.

– Qué significa esto, señorita Andreakis – habló por fin Daniels, el secretario de la junta directiva – No sólo llega tarde a esta importante reunión, sino que además…

– Oh, la reunión – contestó ella – no llegué a tiempo gracias a que en el camino aquí se me atravesó un  oso en el camino, así que tuve que darle asistencia antes de venir aquí.

– ¿Se burla de mí ? – interrumpió Daniels de nueva cuenta – No existen osos aquí.

– Tómelo como quiera señor Daniels – dijo Sara mientras se sentaba frente a ellos y sonreía. Al menos he llegado a esta reunión, imagínese si me la llego a perder. Se habría realizado un escándalo en la prensa antes de tiempo.

  
  Un murmullo primero y luego una ahogada vociferación se escucharon en algunos de los asientos.

– Bien señores, no es mi intención quitarles nada de su tiempo. En realidad tengo demasiadas ocupaciones que tomar en este momento – carraspeó lentamente y tomó un sorbo de agua antes de continuar – No es necesario que tomen decisiones para reemplazarme, puesto que no tengo intención alguna de seguir en la presidencia y venía a entregarles mi dimisión – continuó con calma y tranquilidad tras sacar un documento de la carpeta que había recibido y soltarla en la mesa con dirección a Daniels, quién la tomó presuroso para leer si era verdad.

– Pero esto…

– Por ultimo me resta decirles que junto con mi dimisión como presidente y director de la asociación, he decidido anexar el retiro de mi companía de la sociedad, ya que no tengo intención de invertir en ningún proyecto más.

– Eso es algo que no puede hacer sin una sanción – le interrumpió una voz más. Era un gordito del cuál no recordaba su nombre. No porque fuese obeso, sino por la mirada lasciva que tenía cada vez que la miraba – No quiero recordarle que la penalización por dejar todos los proyectos en los cuáles está incluida es demasiado seria y sería demandada inmediatamente.

– Puede intentarlo. Pero no tengo intención en volver atrás en esta decisión que el señor Leonti y yo hemos tomado hace unos días.

– ¿Eh? – el murmullo se hizo más generalizado – ¿Qué está tratando de decir ahora? Que dos socios de la firma se retiran? Señor Leonti  ¿que está pensando usted de todo esto!

– Estoy pensando en el futuro de mi asociación con la compañía de la señorita Andreakis, Paul. No necesito decirte cuál es más importante.

– Esto es inconcebible – porfió Daniels – Señor Whites – siguió mientras miraba a un hombre canoso sentado frente a él – prepare los documentos para iniciar las acciones pertinentes.

   El hombre asintió mientras Sara se levantaba de la silla y Diego empezaba a seguirla.

– Por cierto, Daniels – se detuvo en la puerta un momento – antes de demandarme a mí, deberías preocuparte tú.

  
  Sara salió de la sala mientras Daniels recordaba el sobre. Lo abrió rápidamente sólo para palidecer un momento. Varios se miraron entre ellos antes de abrir el contenido y empezar otra discusión. La junta directiva tendría un día muy entretenido, pensó Sara.

– ¿Qué había en ese sobre, Helena?

– Oh, tan sólo algunos fraudes de Daniels junto con otros miembros minoritarios. Después de todo, fueron en mi perjuicio, así que…tienen mucho en que trabajar – se encogió de hombros – Diego, me marcho ya. Puedes ocuparte de hablar con Kafka, querrá todos los detalles de lo sucedido y yo, estoy con la revisión de documentos aún.

– Te mantendré informada – contestó Diego mientras sonreía – No se te olvide mi cuarenta y cinco por ciento.

– Por supuesto que no señor Leontí ¿cuando le he fallado? – soltó ella con una risita.

– Lo sé, conduce con cuidado.

   Sara llegó a casa sin contratiempos. Pidió a Maria pequeños bocadillos y tener la cafetera lista para una larga noche.

  
  Un ruido le hizo despegar la mirada de los documentos que leía. Miró el reloj instintivamente sólo para darse cuenta que eran las tres de la madrugada. Era sábado ya y Jessie apenas estaba llegando. Sara se levantó del sillón sólo para mirarla entrar a la casa. No se necesitaba ser adivino para saber donde había estado y con quién. Los días que había dormido “con Jamie”,  Jessie había despertado profundamente asqueada y buscando liberarse de ese amargo sabor de boca y la sensación en el cuerpo de ignorar que había pasado y todo eso lo había aprovechado Julieta perfectamente.  Julieta, con ese cuerpo provocativo y avasallador. No era raro que Jessie cayera nuevamente en los brazos, o mejor dicho, el cuerpo de su gran amor.

   Sara apretó con fuerza su puño para controlar su enfado. Se dió una ligera caminata en el estudio y salió al balcón. La brisa del mar llegaba a sus sentidos. El olor, la sensación, el ruido de las olas. Todo ello complementaba sus pensamientos.

“¿Acaso soy yo la confundida? ¿Cómo puede estar mi mente tan tranquila y perturbada al mismo tiempo? Le amo. En mi mente y en mi pecho, se que le amo intensamente. Le odio. En mi rabia contenida y mi ira imparcial se que le amo y le odio con la misma intensidad. Le amo por haber despertado en mí este deseo infantil de tenerle, de ser dueña de un amor como el suyo, de mirar su sonrisa en cada momento y que cada mirada sea sólo para mí. ¿Tan egoísta soy? Si, lo soy. Y así como te amo, te odio Jessie, te odio con la misma facilidad que me calcina el corazón mirarte. Te odio con la misma fuerza por la impotencia ante mí, hecha mujer”.

   Sara miró las luces del auto de Julieta desaparecer en el camino. Dio un sorbo a su café cargado y caliente. Tal como le gustaba a María.

– Voy a desaparecer con este calor…

   Escuchó a Jessie entrar a su cuarto. Sara caminó hasta quedar frente a la pared contigua. Posó la mano en la pared y le habló al muro, sin vacilar un momento.

– Cuando deseamos algo, un muro de diferencia se vuelve un mar de distancia. Pero  cuando amamos a un imposible, tan sólo un centímetro se nos hace un universo en otra dimensión. ¿Entarías a mi universo Jessie? Lo compartirías conmigo al menos alguna vez?

Hola Yurifans.

Me es grato llegar el día de hoy con un nuevo proyecto y con nuevo material para ustedes. Se trata de la traducción de un fic de Kannazuki no Miko. Es curioso, pero sabían que hasta el momento solo teníamos uno en el Baúl??? Sacrilegio.

No voy a hacerla larga y los dejo con unas palabras de Saizoh, uno de los chicos encargados de traducir este trabajo a nuestro idioma.

“Hola gente.
Quiero agradecer a Ali Dagos por querer compartir este fanfic de Kannazuki no Miko acá en el Baúl del Yuri.

Somos tres traductores (el fic original está en inglés) que estamos trabajando en este fic y lo consideramos el mejor fanfiction de esta serie, así que sin más volvemos a agradecer a Ali y a todo el personal de “El Baúl del Yuri” por acceder a compartir esta súper y entretenida historia por acá”.

Autor: Tsuyazakura Kouyuki
Traductores: Saizoh, Dyablo y Salkantay. 

Disclaimer: Kannazuki no Miko y todos sus personajes le pertenecen a TNK Stuido y a Geneon Entertainment y al apodado “Kaishaku”. Este trabajo es enteramente ficticio y sólo pretende ser una muestra de cariño y gratitud a una serie animada que yo considero una obra maestra que verdaderamente me encanta.
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Kannazuki no Miko: Las Amantes Eternas

Prólogo: El Inicio de un Final

Saliendo de un portal – uno cuidadosamente escondido para evitar miradas indiscretas – llegó hasta lo más alto del cerúleo cielo el cual se extendía a lo largo de todo el horizonte. Bajo ella estaba la sagrada ciudad de Izumo – formada sobre un gran disco que abarca al menos varios miles de kilómetros proporcionando cobijo para algo más de cuatro millones de personas – que brillaba a la luz del amanecer como una muchísimas piedras preciosas.
A ambos lados de Ama no Ukihashi se encontraba el hermosísimo bulevar y había alineados almacén tras almacén bajo la fresca sombra de los árboles de cerezos que volvían a florecer ese año. Sobre el limpio pavimento dioses y diosas pasaban sin apuro conversando con sus respectivos compañeros en voz baja. Sus ojos inquietos y cansados miraban hacia todos los lados como esperando a que saltara tras ellos un asesino escondido en las sombras. Los Inmortales encontraron a sus asesinos cuando dos hombres salieron de una próxima intersección… Permanecían en silencio y sus miradas eran lo suficientemente espinosas para detectar un gran orgullo.
Los hombres eran lo suficientemente jóvenes y apuestos para hacer descabezar a cualquier mujer. Aunque no fueron sus rostros los que hicieron identificar que un mal agüero se avecinaba… sino que fueron las mangas de sus níveas capas adornadas en la parte de las muñecas en los cuales tenían dibujados unos pentagramas dorados dentro de unos círculos que no era más que el La Sagrada Divisiónde Mensajeros, el hogar de todos los espías.
Con todo los Inmortales del Paraíso miraron a los mensajeros que se paseaban con arrogancia y sin preocuparse por los que podrían llegar a tropezar apenas dándose cuenta del disgusto de los demás. Para los ciudadanos de Izumo los Mensajeros eran comparables a una guarida de víboras que atacaban a cualquiera que caía en la misma.
Claro está que los hombres podrían llegar a no saberlo pero sus acciones manchaban sus nombres. Unas palabras mal medidas podían llevar a que un pobre tonto fuera arrastrado al Santuario Central para un interrogatorio. Y los Mensajes muy pocas veces hablaban mucho. Aunque ninguno sería acusado injustamente gracias al perfecto sistema sostenido en el Centro pero ser mirado sostenidamente por La Asamblea Celestialno era una experiencia para nada placentera.

Como si percibieran la hostilidad a su alrededor los Mensajeros apresuraron un poco el paso con un leve signo de molestia. Y a pesar de que se dieron media vuelta para desparecer por un callejón del bulevar de Ame no Ukihashi el humor de los viandantes no mejoró mucho. Los dioses y diosas volvieron a sus actividades pero sus severas y casi iguales expresiones lo decían todo sobre lo que notaban por dentro.
Algo interesante a notar es que ya que los Santos Mensajeros acapararon toda la atención de los Inmortales directamente ninguno notó los doce obeliscos de acero que se emplazaron a la distancia sobre Izumo. A decir verdad fingían muy bien que aquellos bloques de metal no existían ya que estuvieron bastante enojados con el Gran Señor de Izumo cuando éste anunció que iba a mandarlas a construir y estuvieron furiosos cuando el hombre desestimó su desaprobación. Al fin y al cabo los Pilares de Kusanagi eran de todo menos una declaración de su libertad en Izumo puesto que consideraban que ésta colgaba de un hilo muy fino que era un hecho que no les gustaba para nada recordar. Pero ella se preguntaba por qué los Inmortales no pensaban en emigrar a Reiha. El Corazón del Inframundo siempre fue un sitio más hermoso para vivir y también uno en el cual el que se le permitía a la gente tener tanta libertad como quisieran siempre que no violaran las leyes. Claro que el Sello del Campo de las Rosas Cristalinas podrían llegar a encerrar sus poderes durante el primer año que vivieran allí pero…
Le dio sacudidas hacia los lados a su cabeza pues estaba desperdiciando tiempo valioso. Sus ojos trazaron el patrón del hechizo de invisibilidad para asegurarse de que aún le funcionaba. Descendió hasta un edificio ubicado al lado este de Izumo el cual parecía un exágono desde la vista de los pájaros. Como era habitual el Salón de los Recuerdos era vigilado y en sus inmediaciones no había alma errante alguna ya que los Inmortales casi nunca iban por allí salvo que hiciera mucha falta porque advertían los innumerables sellos invisibles y barreras tejidas alrededor del edificio. Nadie tenía idea de las trampas que podrían llegar encontrarse si se acercaban demasiado. Ella misma se daba cuenta de que con un paso en falso su ya de por sí frágil existencia quedaría al descubierto. Los Inmortales de Izumo siempre fueron unos cobardes pero ella no lo era.
Parada frente al Salón de los Recuerdos concentrando sus poderes celestiales cada vez que se acercaba a un sello oculto o barrera. Para su satisfacción cada una de las trampas se movía a cada uno de sus lados dejando libre el camino hacia la entrada. Ella sonrío pues parecía que seguía teniendo cierto control de su gran poder. Sin embargo cuando notó una presencia poderosísima dentro del salón supo que se acercaba al Guardián.
¿Cómo era que estaba allí? Es verdad que el salón era su oficina pero el hombre sólo trabajaba allí sólo dos veces a la semana repartiendo sus otros deberes para con el Paraíso. Ciertamente éste no era uno de sus días de trabajo en el salón pero su horario debió haber sido cambiado mientras estuvo ausente en Izumo. Pensó que tenía muy mala suerte o directamente la peor de las malas suertes murmuró irritada.
Pero no podía retirarse como una cobarde. Se había ido para juntar las suficientes fuerzas para romper el límite dimensional que protegía al Paraíso. La situación era grave puesto que corría el riesgo de perder su posesión para preciada para toda la eternidad.
Decidió ser valiente así que abrió la puerta doble. No le temía al Guardián pues ya sabía que él no le haría daño alguno pero la posibilidad de que se negara a cooperar con ella la horrorizaba. Ella no poseía el suficiente poder como para persuadirlo. Si el hombre así lo deseaba tendría que volver con las manos vacías. Suspiró y se dijo que aunque la posibilidad era nimia todavía la había.
“¡Vos…!” el Guardián del Salón de los Recuerdos que era increíblemente guapo abrió grande los ojos. A pesar de que ella vestía una capucha él la reconoció y que de no ser así la habría abatido. Se hizo el silencio mientras que colgando de la plataforma flotante sobre el mar brillante de los recuerdos que sostenía una torre de cristal cuya superficie lisa reflejaba las luces del mar brillante al igual que los espejos mejor pulidos… Un anillo de platino gigantesco que llevaba grabado las marcas del sol y la luna en lados opuestos giraban en silencio alrededor de la estructura. Ella frunció el seño pues era por la torre de Kannazuki que hoy el Guardián estaba presente.
Se mordió los labios, cayó de rodillas, se inclinó y puso la frente sobre el piso.
“Nii-Sama, te lo ruego… Por favor…”.
Rogó.
Él debía saber la razón por la que a pesar del riesgo llegó a este sitio.
“De acuerdo”.
Se sorprendió y aunque bien sabía que él estaba enamorado de ella nunca supuso que dejaría las reglas de lado.
“Nii-Sama, te lo agradezco muchísimo”.
Se volvió a inclinar ante él derramando lágrimas pero tratando de controlar los sollozos.
Todos esos años dolorosos y desgarradores habían llegado a su fin. Se puso de pie y casi temblaba de la alegría.
“No hacía falta semejante reverencia…”.
Se expresó el Guardián mientras se giraba y extendía el brazo hacia el bloque de cristal que permanecía al otro lado de la plataforma. Aquel era el dispositivo que controlaba el Salón de los Recuerdos aunque se detuvo en seco cuando una pantalla holográfica apareció de la nada.
“¡Eh, ¿por qué no las liberaste aún…!? ¡Sabes muy buen que la paciencia del Gran Señor es tremendamente limitada!”.
Se mostraba en la pantalla la cara de un hombre mirada petulante y su voz no era menos soberbia. Ella tragó saliva… Era Yuusaku, el Jefe de los Santos Mensajeros y el bastardo que era el segundo al mando del Señor del Paraíso.
“¡Eh, ¿qué hay detrás de ti!?”.
Un orbe de luz cegadora apareció en la palma del Guardián.
“¡Corre! ¡Corre enseguida! ¡Vuelve cuando tengas la oportunidad!”.
Gritó el Guardián lanzando el orbe de intensa luz a unos metros a su derecha partiéndose en mil pedazos desperdigados por toda la sala. Ella corrió hacia la salida.
“¡Una intrusa!”.
Alcanzó a escuchar la voz de Yuusaku mientras empezaban a sonar alarmas ensordecedoras.
Tenía que lograr a una distancia segura entre ella y el Salón de los Recuerdos. Se detuvo y tejió otro portal pero apenas metió la mano un relámpago blanquecino pegó contra el portal disolviéndolo.
Vio con horror que los doce grandes obeliscos que rodeaban a Izumo brillaban intensamente de blanco como metales a casi el punto de ebullición. El Sistema de Kusanagi había sido activado y ya sabía que la querían eliminar.
Los rayos empezaron desplegarse de los doce pilares de Kusanagi como tejiendo una tela blanca que ocultaba el cielo cerúleo. Un trueno retumbó. Ella tragó saliva y se preguntó si lograría sobrevivir ante esta adversidad.
Probablemente no…
Los rayos continuaban danzando. Ella levitó poniéndose en guardia para esquivar los relámpagos. Pero su determinación vaciló mientras el pánico brotaba de su alma. Más rayos se unieron a los que ya danzaban formando una conexión eléctrica entre el cielo y la tierra. Se detuvo en el aire y se dio cuenta de que ante el más mínimo movimiento sería asesinada… pero los relámpagos chocaban cada vez más cerca de ella…
De la nada dos discos de luz blanquecina de forma ovalada se pusieron uno a su izquierda y el otro a su derecha. Rápidamente estos discos se unieron en su cuerpo teletransportándola antes de que los relámpagos la alcanzaran. Ahora estaba segura atravesando un pasaje dimensional. Allí se puso de pie… Nii-Sama la había salvado… Pero su gratitud hacia él no podía disminuir el dolor de su corazón… porque volvió a verlo en una situación desafortunada y sabía muy bien que no lo volvería ver hasta el momento de su propia muerte…
………………………………………………………………………
“¿Tienes alguna idea de quién era la intrusa?”.
Le pregunta el siempre magnífico Señor de los Cielos al Guardián por medio de una pantalla holográfica. El hombre que parecía tan juvenil que podría haber sido confundido como hermano del Guardián se sentó detrás del escritorio de su amplio estudio mirando con frialdad a este último con las manos entrelazadas y junto a él estaba Yuusaku, el jefe de los Mensajeros con una expresión sombría y enojada. No soportaba el hecho de que la chica hubiera eludido el sistema de ataque de los pilares de Kusanagi.
“Padre, no tengo idea”.
Le respondió de rodillas.
“Apenas estaba entrando al salón principal cuando la vi así que no pude identificarla…”.
Yuusaku fulminó al Guardián con la mirada pero no dijo algo. El Guardián agradecía que Yuusaku no estuviera en persona en Salón de los Recuerdos pero su mentira no duraría mucho auque por otro lado el Gran Señor de los Cielos le tenia tanto o aún más miedo a lo que representaba el Salón de los Recuerdos que el resto de los Inmortales así que no le sacaría de su puesto en el edificio.
“¿Ah, sí?”.
Le preguntó el padre del Guardián en voz baja.
“Así es, padre”.
Le volvió a responder de manera convincente ya que era un buen mentiroso.
“Muy bien”.
Asintió el Señor de Izumo.
“Enviaré a los Mensajeros a cazar a la intrusa y vos sigue con tu deber”.
Yuusaku no esperaba que se refiriera a los Mensajeros como unos perros de caza y el Guardián suprimió una risa.
“Padre, como ordenes”.
El Guardián hizo una respetable reverencia a al Gran Señor y la pantalla holográfica se apagó. Luego se puso de pie riendo para sí mismo en voz baja. Casi lo descubren y se preguntó qué hubiera pasado si la pantalla se hubiera activado justo cuando le entregó lo que la chica vino a buscar.
Puso la mano sobre la Terminal Uno y accedió a los controles del panel. La chica tuve en verdad mala suerte para decidir el colarse el día de hoy en Izumo. Si hubiera sido en otro seguramente habría conseguido lo que quería sin armar alboroto. Suspiró y pensó que si pudiera iba a encontrar la manera de cumplir su deseo.
En el Salón de los Recuerdos un gran torbellino apareció sobre la parte superior de la Torre de Kannazuki. La puerta del ciclo de muerte y resurrección se abrió permitiendo el acceso de la corriente eterna compuesta sólo de las almas de los mortales.
El anillo flotante de la Torre de Kannazuki dejó de de girar y las marcas del sol y la luna empezaron a brillar con luz dorada y plateada respectivamente. El Guardián vio a una pantalla que mostraba el interior de la torre. Las cadenas estaban siendo retiradas de los altares y los sellos se desvanecían. Había llegado el momento.
“Libérense”.

Pensó el Guardián.
La puerta del Ciclo se expandió y tronó el relámpago que empezó a girar por el anillo platino de la torre. La superficie de las marcas de la luna y el sol ondularon como cuando una piedra es tirada sobre la superficie de un estanque. A partir de unas placas verticales surgieron dos esferas de luz, una de oro y otra de plata. El Guardián suspiró y alcanzó a ver el interior de las esferas. La representación de dos jovencitas adolescentes vestidas con el tradicional uniforme de sacerdotisas chihaya y hibakama inalterables con el paso del tiempo.
El Guardián se frotó la sien pues la vergüenza lo azotaba. Él no era el responsable del sufrimiento de las mortales reencarnadas pero había sido su guardián durante los últimos tres mil años… el que había sido testigo del ciclo de sufrimiento que continuaría hasta el final de los tiempos. En cierto modo él era tan vicioso como los que la habían empezado a hacer reencarnar en la Torre ahogándolas en el supremo dolor.
“Vayan, hijas del santuario lunar. Vayan con la bendición del Cielo para proteger la paz del mundo de los humanos”.
Las dos esferas se elevaron despareciendo en la oscuridad de la Puertadel Ciclo. Un segundo después el remolino se desvaneció.
El Guardián se volvió hacia la salida del Salón de los Recuerdos con dolor al caminar. ¿Proteger la paz del mundo de los humanos? Esa fue una mentira escandalosa. Él sabía por qué las dos chicas fueron enviadas ahí… por lo que tuvieron que sacrificar su futuro… y su amor…
El Guardián empujó la puerta doble saliendo del sitio. Afuera vio el Palacio Celestial en el corazón de Izumo. Sabía que su amada hermana estaba ya lejos pero de alguna manera la podía ligeramente oír llorar…
…………………………………………………………………………..
“¿Lo notaste, Akira?”.
Dijo Yui sin darse la vuelta para mirar a la persona con la que estaba hablando. En vez de eso observaba el inmenso campo de lirios que lo cubrían todo hasta el horizonte.  Brillaba el sol y las flores se agitaban por la brisa. Irónicamente ni la luz producía mucho calor ni la brisa movía mucho lo que debía.
“Las sacerdotisas de Kannazuki fueron liberadas…”.
Continuó Yui mientras apuntaba al portón pero no tenía mucho sentido ver una ilusión por muy bella que pudiera ser…
Yui se acomodó en su sillón observando a Akira, su hermano menor, que no era tan guapo como el Guardián del Salón de los Recuerdos pero nunca se dejó desmayar por el susodicho Guardián como tantas otras diosas del cielo. Su hermano menor parecía un hombre que había sido hambreado durante mucho tiempo y ahora dudaba que con la demacrada cara sin emociones de Akira alguna de las diosas quisiera tener algo con él sobre todo ahora que estaba postrado en cama…
“Diecisiete años…”.
Dijo Yui en voz baja.
“Sólo unos diecisiete años más y ellas serán libres. Te lo juro. Nadie se interpondrá en tu camino y en el de ellas nunca más”.
Pero Akira no dio muestras de que la oyera.
Yui volvió a suspirar levantándose para irse. En un destello de luz dorada se había esfumado y reapareció en el exterior bajo el cielo estrellado. Ella volvería a visitarlo en otro momento. Abrió un portal dimensional para dejar la superficie de la luna desierta. Los Santos Mensajeros podrían estar observándolos de cerca.
“Los  mortales nunca averiguarían lo que se está tramando… Bueno, en realidad lo descubrirán en un futuro no tan lejano cuando el cielo mismo tiemble por tu ira…”.

Hola Yurifans.

Me es grato llegar el día de hoy con un nuevo proyecto y con nuevo material para ustedes. Se trata de la traducción de un fic de Kannazuki no Miko. Es curioso, pero sabían que hasta el momento solo teníamos uno en el Baúl??? Sacrilegio.

No voy a hacerla larga y los dejo con unas palabras de Saizoh, uno de los chicos encargados de traducir este trabajo a nuestro idioma.

“Hola gente.
Quiero agradecer a Ali Dagos por querer compartir este fanfic de Kannazuki no Miko acá en el Baúl del Yuri.

Somos tres traductores (el fic original está en inglés) que estamos trabajando en este fic y lo consideramos el mejor fanfiction de esta serie, así que sin más volvemos a agradecer a Ali y a todo el personal de “El Baúl del Yuri” por acceder a compartir esta súper y entretenida historia por acá”.

Autor: Tsuyazakura Kouyuki
Traductores: Saizoh, Dyablo y Salkantay. 

Disclaimer: Kannazuki no Miko y todos sus personajes le pertenecen a TNK Stuido y a Geneon Entertainment y al apodado “Kaishaku”. Este trabajo es enteramente ficticio y sólo pretende ser una muestra de cariño y gratitud a una serie animada que yo considero una obra maestra que verdaderamente me encanta.
……………………………………………………………………………………..

Kannazuki no Miko: Las Amantes Eternas

Prólogo: El Inicio de un Final

Saliendo de un portal – uno cuidadosamente escondido para evitar miradas indiscretas – llegó hasta lo más alto del cerúleo cielo el cual se extendía a lo largo de todo el horizonte. Bajo ella estaba la sagrada ciudad de Izumo – formada sobre un gran disco que abarca al menos varios miles de kilómetros proporcionando cobijo para algo más de cuatro millones de personas – que brillaba a la luz del amanecer como una muchísimas piedras preciosas.
A ambos lados de Ama no Ukihashi se encontraba el hermosísimo bulevar y había alineados almacén tras almacén bajo la fresca sombra de los árboles de cerezos que volvían a florecer ese año. Sobre el limpio pavimento dioses y diosas pasaban sin apuro conversando con sus respectivos compañeros en voz baja. Sus ojos inquietos y cansados miraban hacia todos los lados como esperando a que saltara tras ellos un asesino escondido en las sombras. Los Inmortales encontraron a sus asesinos cuando dos hombres salieron de una próxima intersección… Permanecían en silencio y sus miradas eran lo suficientemente espinosas para detectar un gran orgullo.
Los hombres eran lo suficientemente jóvenes y apuestos para hacer descabezar a cualquier mujer. Aunque no fueron sus rostros los que hicieron identificar que un mal agüero se avecinaba… sino que fueron las mangas de sus níveas capas adornadas en la parte de las muñecas en los cuales tenían dibujados unos pentagramas dorados dentro de unos círculos que no era más que el La Sagrada Divisiónde Mensajeros, el hogar de todos los espías.
Con todo los Inmortales del Paraíso miraron a los mensajeros que se paseaban con arrogancia y sin preocuparse por los que podrían llegar a tropezar apenas dándose cuenta del disgusto de los demás. Para los ciudadanos de Izumo los Mensajeros eran comparables a una guarida de víboras que atacaban a cualquiera que caía en la misma.
Claro está que los hombres podrían llegar a no saberlo pero sus acciones manchaban sus nombres. Unas palabras mal medidas podían llevar a que un pobre tonto fuera arrastrado al Santuario Central para un interrogatorio. Y los Mensajes muy pocas veces hablaban mucho. Aunque ninguno sería acusado injustamente gracias al perfecto sistema sostenido en el Centro pero ser mirado sostenidamente por La Asamblea Celestialno era una experiencia para nada placentera.

Como si percibieran la hostilidad a su alrededor los Mensajeros apresuraron un poco el paso con un leve signo de molestia. Y a pesar de que se dieron media vuelta para desparecer por un callejón del bulevar de Ame no Ukihashi el humor de los viandantes no mejoró mucho. Los dioses y diosas volvieron a sus actividades pero sus severas y casi iguales expresiones lo decían todo sobre lo que notaban por dentro.
Algo interesante a notar es que ya que los Santos Mensajeros acapararon toda la atención de los Inmortales directamente ninguno notó los doce obeliscos de acero que se emplazaron a la distancia sobre Izumo. A decir verdad fingían muy bien que aquellos bloques de metal no existían ya que estuvieron bastante enojados con el Gran Señor de Izumo cuando éste anunció que iba a mandarlas a construir y estuvieron furiosos cuando el hombre desestimó su desaprobación. Al fin y al cabo los Pilares de Kusanagi eran de todo menos una declaración de su libertad en Izumo puesto que consideraban que ésta colgaba de un hilo muy fino que era un hecho que no les gustaba para nada recordar. Pero ella se preguntaba por qué los Inmortales no pensaban en emigrar a Reiha. El Corazón del Inframundo siempre fue un sitio más hermoso para vivir y también uno en el cual el que se le permitía a la gente tener tanta libertad como quisieran siempre que no violaran las leyes. Claro que el Sello del Campo de las Rosas Cristalinas podrían llegar a encerrar sus poderes durante el primer año que vivieran allí pero…
Le dio sacudidas hacia los lados a su cabeza pues estaba desperdiciando tiempo valioso. Sus ojos trazaron el patrón del hechizo de invisibilidad para asegurarse de que aún le funcionaba. Descendió hasta un edificio ubicado al lado este de Izumo el cual parecía un exágono desde la vista de los pájaros. Como era habitual el Salón de los Recuerdos era vigilado y en sus inmediaciones no había alma errante alguna ya que los Inmortales casi nunca iban por allí salvo que hiciera mucha falta porque advertían los innumerables sellos invisibles y barreras tejidas alrededor del edificio. Nadie tenía idea de las trampas que podrían llegar encontrarse si se acercaban demasiado. Ella misma se daba cuenta de que con un paso en falso su ya de por sí frágil existencia quedaría al descubierto. Los Inmortales de Izumo siempre fueron unos cobardes pero ella no lo era.
Parada frente al Salón de los Recuerdos concentrando sus poderes celestiales cada vez que se acercaba a un sello oculto o barrera. Para su satisfacción cada una de las trampas se movía a cada uno de sus lados dejando libre el camino hacia la entrada. Ella sonrío pues parecía que seguía teniendo cierto control de su gran poder. Sin embargo cuando notó una presencia poderosísima dentro del salón supo que se acercaba al Guardián.
¿Cómo era que estaba allí? Es verdad que el salón era su oficina pero el hombre sólo trabajaba allí sólo dos veces a la semana repartiendo sus otros deberes para con el Paraíso. Ciertamente éste no era uno de sus días de trabajo en el salón pero su horario debió haber sido cambiado mientras estuvo ausente en Izumo. Pensó que tenía muy mala suerte o directamente la peor de las malas suertes murmuró irritada.
Pero no podía retirarse como una cobarde. Se había ido para juntar las suficientes fuerzas para romper el límite dimensional que protegía al Paraíso. La situación era grave puesto que corría el riesgo de perder su posesión para preciada para toda la eternidad.
Decidió ser valiente así que abrió la puerta doble. No le temía al Guardián pues ya sabía que él no le haría daño alguno pero la posibilidad de que se negara a cooperar con ella la horrorizaba. Ella no poseía el suficiente poder como para persuadirlo. Si el hombre así lo deseaba tendría que volver con las manos vacías. Suspiró y se dijo que aunque la posibilidad era nimia todavía la había.
“¡Vos…!” el Guardián del Salón de los Recuerdos que era increíblemente guapo abrió grande los ojos. A pesar de que ella vestía una capucha él la reconoció y que de no ser así la habría abatido. Se hizo el silencio mientras que colgando de la plataforma flotante sobre el mar brillante de los recuerdos que sostenía una torre de cristal cuya superficie lisa reflejaba las luces del mar brillante al igual que los espejos mejor pulidos… Un anillo de platino gigantesco que llevaba grabado las marcas del sol y la luna en lados opuestos giraban en silencio alrededor de la estructura. Ella frunció el seño pues era por la torre de Kannazuki que hoy el Guardián estaba presente.
Se mordió los labios, cayó de rodillas, se inclinó y puso la frente sobre el piso.
“Nii-Sama, te lo ruego… Por favor…”.
Rogó.
Él debía saber la razón por la que a pesar del riesgo llegó a este sitio.
“De acuerdo”.
Se sorprendió y aunque bien sabía que él estaba enamorado de ella nunca supuso que dejaría las reglas de lado.
“Nii-Sama, te lo agradezco muchísimo”.
Se volvió a inclinar ante él derramando lágrimas pero tratando de controlar los sollozos.
Todos esos años dolorosos y desgarradores habían llegado a su fin. Se puso de pie y casi temblaba de la alegría.
“No hacía falta semejante reverencia…”.
Se expresó el Guardián mientras se giraba y extendía el brazo hacia el bloque de cristal que permanecía al otro lado de la plataforma. Aquel era el dispositivo que controlaba el Salón de los Recuerdos aunque se detuvo en seco cuando una pantalla holográfica apareció de la nada.
“¡Eh, ¿por qué no las liberaste aún…!? ¡Sabes muy buen que la paciencia del Gran Señor es tremendamente limitada!”.
Se mostraba en la pantalla la cara de un hombre mirada petulante y su voz no era menos soberbia. Ella tragó saliva… Era Yuusaku, el Jefe de los Santos Mensajeros y el bastardo que era el segundo al mando del Señor del Paraíso.
“¡Eh, ¿qué hay detrás de ti!?”.
Un orbe de luz cegadora apareció en la palma del Guardián.
“¡Corre! ¡Corre enseguida! ¡Vuelve cuando tengas la oportunidad!”.
Gritó el Guardián lanzando el orbe de intensa luz a unos metros a su derecha partiéndose en mil pedazos desperdigados por toda la sala. Ella corrió hacia la salida.
“¡Una intrusa!”.
Alcanzó a escuchar la voz de Yuusaku mientras empezaban a sonar alarmas ensordecedoras.
Tenía que lograr a una distancia segura entre ella y el Salón de los Recuerdos. Se detuvo y tejió otro portal pero apenas metió la mano un relámpago blanquecino pegó contra el portal disolviéndolo.
Vio con horror que los doce grandes obeliscos que rodeaban a Izumo brillaban intensamente de blanco como metales a casi el punto de ebullición. El Sistema de Kusanagi había sido activado y ya sabía que la querían eliminar.
Los rayos empezaron desplegarse de los doce pilares de Kusanagi como tejiendo una tela blanca que ocultaba el cielo cerúleo. Un trueno retumbó. Ella tragó saliva y se preguntó si lograría sobrevivir ante esta adversidad.
Probablemente no…
Los rayos continuaban danzando. Ella levitó poniéndose en guardia para esquivar los relámpagos. Pero su determinación vaciló mientras el pánico brotaba de su alma. Más rayos se unieron a los que ya danzaban formando una conexión eléctrica entre el cielo y la tierra. Se detuvo en el aire y se dio cuenta de que ante el más mínimo movimiento sería asesinada… pero los relámpagos chocaban cada vez más cerca de ella…
De la nada dos discos de luz blanquecina de forma ovalada se pusieron uno a su izquierda y el otro a su derecha. Rápidamente estos discos se unieron en su cuerpo teletransportándola antes de que los relámpagos la alcanzaran. Ahora estaba segura atravesando un pasaje dimensional. Allí se puso de pie… Nii-Sama la había salvado… Pero su gratitud hacia él no podía disminuir el dolor de su corazón… porque volvió a verlo en una situación desafortunada y sabía muy bien que no lo volvería ver hasta el momento de su propia muerte…
………………………………………………………………………
“¿Tienes alguna idea de quién era la intrusa?”.
Le pregunta el siempre magnífico Señor de los Cielos al Guardián por medio de una pantalla holográfica. El hombre que parecía tan juvenil que podría haber sido confundido como hermano del Guardián se sentó detrás del escritorio de su amplio estudio mirando con frialdad a este último con las manos entrelazadas y junto a él estaba Yuusaku, el jefe de los Mensajeros con una expresión sombría y enojada. No soportaba el hecho de que la chica hubiera eludido el sistema de ataque de los pilares de Kusanagi.
“Padre, no tengo idea”.
Le respondió de rodillas.
“Apenas estaba entrando al salón principal cuando la vi así que no pude identificarla…”.
Yuusaku fulminó al Guardián con la mirada pero no dijo algo. El Guardián agradecía que Yuusaku no estuviera en persona en Salón de los Recuerdos pero su mentira no duraría mucho auque por otro lado el Gran Señor de los Cielos le tenia tanto o aún más miedo a lo que representaba el Salón de los Recuerdos que el resto de los Inmortales así que no le sacaría de su puesto en el edificio.
“¿Ah, sí?”.
Le preguntó el padre del Guardián en voz baja.
“Así es, padre”.
Le volvió a responder de manera convincente ya que era un buen mentiroso.
“Muy bien”.
Asintió el Señor de Izumo.
“Enviaré a los Mensajeros a cazar a la intrusa y vos sigue con tu deber”.
Yuusaku no esperaba que se refiriera a los Mensajeros como unos perros de caza y el Guardián suprimió una risa.
“Padre, como ordenes”.
El Guardián hizo una respetable reverencia a al Gran Señor y la pantalla holográfica se apagó. Luego se puso de pie riendo para sí mismo en voz baja. Casi lo descubren y se preguntó qué hubiera pasado si la pantalla se hubiera activado justo cuando le entregó lo que la chica vino a buscar.
Puso la mano sobre la Terminal Uno y accedió a los controles del panel. La chica tuve en verdad mala suerte para decidir el colarse el día de hoy en Izumo. Si hubiera sido en otro seguramente habría conseguido lo que quería sin armar alboroto. Suspiró y pensó que si pudiera iba a encontrar la manera de cumplir su deseo.
En el Salón de los Recuerdos un gran torbellino apareció sobre la parte superior de la Torre de Kannazuki. La puerta del ciclo de muerte y resurrección se abrió permitiendo el acceso de la corriente eterna compuesta sólo de las almas de los mortales.
El anillo flotante de la Torre de Kannazuki dejó de de girar y las marcas del sol y la luna empezaron a brillar con luz dorada y plateada respectivamente. El Guardián vio a una pantalla que mostraba el interior de la torre. Las cadenas estaban siendo retiradas de los altares y los sellos se desvanecían. Había llegado el momento.
“Libérense”.

Pensó el Guardián.
La puerta del Ciclo se expandió y tronó el relámpago que empezó a girar por el anillo platino de la torre. La superficie de las marcas de la luna y el sol ondularon como cuando una piedra es tirada sobre la superficie de un estanque. A partir de unas placas verticales surgieron dos esferas de luz, una de oro y otra de plata. El Guardián suspiró y alcanzó a ver el interior de las esferas. La representación de dos jovencitas adolescentes vestidas con el tradicional uniforme de sacerdotisas chihaya y hibakama inalterables con el paso del tiempo.
El Guardián se frotó la sien pues la vergüenza lo azotaba. Él no era el responsable del sufrimiento de las mortales reencarnadas pero había sido su guardián durante los últimos tres mil años… el que había sido testigo del ciclo de sufrimiento que continuaría hasta el final de los tiempos. En cierto modo él era tan vicioso como los que la habían empezado a hacer reencarnar en la Torre ahogándolas en el supremo dolor.
“Vayan, hijas del santuario lunar. Vayan con la bendición del Cielo para proteger la paz del mundo de los humanos”.
Las dos esferas se elevaron despareciendo en la oscuridad de la Puertadel Ciclo. Un segundo después el remolino se desvaneció.
El Guardián se volvió hacia la salida del Salón de los Recuerdos con dolor al caminar. ¿Proteger la paz del mundo de los humanos? Esa fue una mentira escandalosa. Él sabía por qué las dos chicas fueron enviadas ahí… por lo que tuvieron que sacrificar su futuro… y su amor…
El Guardián empujó la puerta doble saliendo del sitio. Afuera vio el Palacio Celestial en el corazón de Izumo. Sabía que su amada hermana estaba ya lejos pero de alguna manera la podía ligeramente oír llorar…
…………………………………………………………………………..
“¿Lo notaste, Akira?”.
Dijo Yui sin darse la vuelta para mirar a la persona con la que estaba hablando. En vez de eso observaba el inmenso campo de lirios que lo cubrían todo hasta el horizonte.  Brillaba el sol y las flores se agitaban por la brisa. Irónicamente ni la luz producía mucho calor ni la brisa movía mucho lo que debía.
“Las sacerdotisas de Kannazuki fueron liberadas…”.
Continuó Yui mientras apuntaba al portón pero no tenía mucho sentido ver una ilusión por muy bella que pudiera ser…
Yui se acomodó en su sillón observando a Akira, su hermano menor, que no era tan guapo como el Guardián del Salón de los Recuerdos pero nunca se dejó desmayar por el susodicho Guardián como tantas otras diosas del cielo. Su hermano menor parecía un hombre que había sido hambreado durante mucho tiempo y ahora dudaba que con la demacrada cara sin emociones de Akira alguna de las diosas quisiera tener algo con él sobre todo ahora que estaba postrado en cama…
“Diecisiete años…”.
Dijo Yui en voz baja.
“Sólo unos diecisiete años más y ellas serán libres. Te lo juro. Nadie se interpondrá en tu camino y en el de ellas nunca más”.
Pero Akira no dio muestras de que la oyera.
Yui volvió a suspirar levantándose para irse. En un destello de luz dorada se había esfumado y reapareció en el exterior bajo el cielo estrellado. Ella volvería a visitarlo en otro momento. Abrió un portal dimensional para dejar la superficie de la luna desierta. Los Santos Mensajeros podrían estar observándolos de cerca.
“Los  mortales nunca averiguarían lo que se está tramando… Bueno, en realidad lo descubrirán en un futuro no tan lejano cuando el cielo mismo tiemble por tu ira…”.

Ehh Bauler@s!!! Después de mucho desaparecida hago una pequeña exclamación jajaja, sólo para decir, que entre mis fanatismos de Yuri y Kpop he andado algo desaparecida. Y para las y los q tienen gusto por BTS, esperamos una buena presentación de los chicos el 29 ) jajaja, sin más reparos, les dejo el cap 21.

“¿Lo sabes tú? Me enciende la sangre mirarte, me come la mente el desearte, me agobia el deseo de tenerte y al mismo tiempo de que no existas más.”

Cap 21 El chico que no debía existir

   Ante la sorpresa de todos los invitados, entre los cuáles se encontraba Julieta, Jamie se había vuelto el centro de atención de los presentes, quienes no dudaban en comentar que la persona que estaba allí mismo era sin duda la heredera Andreakis, disfrazada tal cuál corrían los chismes sobre sus preferencias sexuales.

   Muchos querían pasar del tema, pero no evitaban mirar de reojo a un sonriente Jamie, que bebía tranquilamente una copa, sin perder la sonrisa con la cuál Jessie le había conocido.  No podía dejar de mirarle tampoco. Y tenía la misma conclusión que los demás. Sara vestida así no se veía mal, era cierto, pero…el cabello de Jamie nunca había parecido una peluca y mucho menos lo parecía en ese momento. Se acercó lentamente hasta donde se encontraba e iba a decir algo más cuando otro murmullo empezó a hacerse presente.

   Jessie volteó instintivamente hacia la misma dirección donde las miradas de los invitados se enfocaban.  Su boca quedó abierta un momento en lo que  miraba la silueta de Sara Helena Andreakis comentándole algo a Diego y desapareciendo en el interior de su mansión. Y después de unos minutos, el fiel Diego ofreció una disculpa argumentando que Helena no se encontraba muy bien y lo lamentaba pero debía retirarse y en lo que Jessie dudaba, al voltear hacia Jamie, este había desaparecido.

   Buscó sin poder disimular la figura que ella deseaba, pero no podía encontrarle por ninguna parte. Sin embargo, en lo que ella no había sido afortunada, Julieta si lo había conseguido. Había seguido a Jamie hasta el final de las personas que se habían descuidado un momento mirando a Helena. Y así, aquél personaje dejó su andar ligero y sonrió.

          Creí haber dejado sin evidencia la aglomeración – soltó Jamie tras detenerse brevemente.

          ¡Oh! Algunas personas nos vimos sorprendidas también por su aparición – contestó Julieta con una pequeña risa.

          Ya veo – sonrió Jamie a su vez dejando ver una blanca dentadura – aunque debo reconocer que su presencia no me desagrada en absoluto.

          Ni a mí la suya – respondió ella a su vez – aunque debo decir, que me tiene totalmente intrigada. No sé quien es usted.

          ¡Ohhh! – se expresó Jamie con total ironía – pero en cambio, yo si sé perfectamente quien es usted – continuó mientras se acercaba a ella y le susurraba al final a ella – Juileta Nelson.

   Ella rió por lo bajo, con esa peculiar forma antes de  mirarle, chocando así la mirada azul contra la totalmente negra.

          No sabía que causaba tantas emociones en la gente. Aunque debo decir que me halaga la atención que me ponen – curvó los labios – y también intuyo de donde viene tanta información.

          Mmm, si tuviéramos que expresarlo entonces me quedaría sin palabras muy rápido – contestó Jamie a su vez – y tampoco es que tenga muchas ganas de decirlo.

          Esa es una respuesta tan ambigua… – soltó Julieta con una risa cantarina

          Algo así como su persona – sonrió Jamie a su vez.

   Jessie apareció en ese momento sólo para detenerse en seco. Había encontrado a Jamie sólo para darse cuenta de que no estaba solo.

   La larga silueta de Jamie se encontraba de pie, con las manos en los bolsillos hablando con una curvilínea rubia que no tardó en reconocer. Vió a Jamie acercarse y susurrarle algo al oído y a la otra soltar una pequeña risa que no dudo en reconocer como un ligero coqueteo. Una punzada en su pecho se abrió paso de repente. Julieta no había cambiado y no cambiaría nunca. Realmente había mentido ¿En qué demonios estaba pensando?

  Jamie se alejó tras expresar algo a la rubia que pareció desconcertarle y salió de ese lugar. Julieta se quedó allí de pie mientras Jessie se disponía a ir tras Jamie. Le alcanzó justo antes de mirarlo detenerse frente a un auto bastante conocido. Era el mismo auto donde le vió por primera vez.

          ¡Jamie! – se detuvo con la voz entrecortada por haber corrido todo ese tramo tras él.

          ¡Oh, Jessie! – sonó divertidamente su voz mientras volteaba verle – Ha pasado mucho tiempo, pero veo que la llevas bastante bien – continuaba – ¡Vamos! La noche es larga aún  – le indicaba el auto mientras sonreía.

   Jessie no pudo evitar esbozar también una sonrisa. Jamie siempre fue tan efusivo como ahora. Y esa confianza era algo que siempre había existido muy en su interior. No dudó un momento en subirse con él a ese auto y ver a donde le llevaba el paseo de esa noche.

   El camino para salir de la residencia Andreakis, la carretera de todo ese recorrido para llegar a la costa y el trayecto mientras la brisa del mar golpeaba su rostro resultó tan refescante, se sentía tan bien que pronto iba riendo a carcajadas de las ocurrencias de Jamie.

          Tengo tantas cosas que preguntarte – le dijo en un momento.

          Uhh, señorita, usted si que es bastante atrevida – le tonteó Jamie.

   Jesse rió una vez más mientras las luces de la ciudad se hacían más grandes al acercarse y los grandes letreros con  anuncios de diversas cosas llenaban las calles. Era una ciudad que vivía así fuera noche o día. Sonrió mientras miraba esos anuncios y pensaba que su vida había sido tan cambiante y fuera de monotonía en tan pocos días.

   Jamie aparcó y se dirigieron a un bar bastante concurrido. Entraron sin contratiempos y luego de un par de tragos, Jesse se aclaró la garganta mientras Jamie bebía un sorbo de su vaso y dirigía una mirada con los ojos entrecerrados hacia ella.

          Yo…no sé como empezar esto…

          Sería bueno que fuese por el principio – se aclaró Jamie la garganta – ¿será largo y tendido?

          No lo sé realmente – contestó ella con franqueza.

          Entonces no sería buena idea quedarnos aquí.

          Creo que necesito algo más fuerte – respondió Jessie a su vez.

          Entonces se de un lugar – contestó Jamie a su vez mientras solicitaba la cuenta y pagaba. Jesse no fue capaz de ver la sonrisa ligeramente torcida y ese brillo inusual en sus ojos.

          Momo…¿qué ha pasado? – preguntó Sara mientras sentía un profundo dolor de cabeza y un sabor bastante conocido en su boca.

“Será mejor que no sepas, Andreakis”.

          Qué demonios quieres decir con…

   Sara se repegó a la cabecera de su cama mientras miraba el cuerpo tendido de Jessie a un lado suyo.  La desnudez de Jessie sólo había podido imaginarla en sus más retorcidos deseos y ahora la tenía exactamente a su costado derecho.

   Su pecho subía y bajaba debido a su ansiosa y sorprendida visión. Luego de ello, una náusea profunda le hizo correr de la cama y lanzarse a devolver  lo poco o nada que tuviera en el estómago. Y no era precisamente por el alcohol. Sino porque dentro de sí, sabía que algo como ello pasaría, pero su mente no estaba preparada para asimilarlo tan enseguida.

   Salió de la habitación mientras se encerraba en su segundo cuarto y trataba de recordar, pero sólo llegaba a su mente que la noche anterior necesitaba dejar la playa y salir tan pronto fuera posible de esa escena  y de allí no recordaba nada más. Un profundo desconcierto y un dolor punzante atenazaban su garganta y su pecho de forma cruel. No era suficiente con verla besándose con Julieta la noche pasada, sino que ahora, Momo había dejado su huella impresa con el cuerpo modificado de ella y sin que recordase nada. No es que tampoco quisiera recordarlo.

          Esta violación a dos personas en una noche es deprimente, pastosa,  ruin y me hace tan desgraciada ¿qué puedo decirle ahora Momo?

“No creo que sea algo que yo deba responder. Sabías que sería así, Andreakis”.
          No pareces muy enfadado con el tema, no es un sacrificio para ti después de todo…

“Nunca he encontrado el cuerpo de las humanas desagradable, es sólo su alma la que no me gusta” – confesaba Momo.
          Al menos puedes disfrutar de las cosas que yo no podré nunca en la vida

“¿Eso piensas Andreakis? La mayoría de los humanos no sabe realmente que desea. Vive atado entre lo que su sociedad común les dicta que hacer. Los humanos no sólo son hipócritas con la gente que los rodea, sino peor aún, consigo mismos”.

          Eso es algo que siempre has dicho sin vacilación alguna Momo. Pero de otra forma simplemente no podemos sobrevivir, es por ello que la gente que vive sin nadie más alrededor se vuelve loca. Somos sociales por naturaleza.
“Debo concordar en que los grupos de humanos también son importantes. La fuerza de sus creencias puede crear o matar a un Dios” – terminó Momo antes de ponerse a dormir en el interior de Sara. El medallón que antes estaba rojizo terminó en un color dorado natural.

          Debe salir bien, Stéphanos… debe salir bien…

   Jessie se despertó lentamente, le costaba levantarse y no sabía porqué.  Se desperezó en la cama y soltó un grito ahogado al darse cuenta de su desnudez. Abrió  y cerró la boca varias veces intentado articular una palabra pero ninguna salía de ella. Se cubrió el pecho con la sábana y miro a su alrededor.  Su ropa rasgada en algunas partes parecía anticiparle la respuesta, pero ella no estaba tan segura. En su  mente existía una laguna mental  lo suficientemente grande como para no recordar absolutamente nada desde Jamie llevándole a casa y sirviéndole unos tragos en el pequeño bar de la casa. De allí no recordaba siquiera que pasó.

   Conocía la habitación. En esa habitación había algunos cuadros, su mente recordaba poco a poco la primera vez que entró en ella. Recorrió con la mirada las paredes sólo para encontrarse el cuadro que tan fervientemente había intentado volver a ver, a un costado en la pared izquierda. Un par de ojos negros la miraban con intensidad. Allí estaban,  Helena y Stéphanos Adreakis mirándola con curiosidad,  quizá debía decir, Sara y Jamie Andreakis, ya no sabía como llamarles. Pero ese Stéphanos había muerto. Entonces ¿quién era el otro Jamie? Jamie no se parecía a ninguno de esos dos hermanos y era tan igual. Otro Andreakis. Quizá tan sólo era uno más que Sara no quería mencionar, uno menor.

   Se vistió con la ropa que tenía lo más rápido que pudo y salió de allí, sólo para encontrarse a una Sara totalmente sonrojada al mirarle en el corredor. Ella desvío rápidamente la mirada hacia otro lado y dio media vuelta para retirarse de allí.

          Sara, Sara, espera. No es lo qué…

          No me parece nada Jessie. Sólo no digas nada en este momento – le contestó mientras se detenía unos instantes para caminar nuevamente en dirección contraria.

          Pero Sara…

          ¡Basta ya Jessie!

   Ella se detuvo un momento mientras Sara respiraba hondo y respondía de nuevo.

          Lo siento ¿si? Sólo estoy un poco nerviosa. Estos días han sido muy estresantes para mí.  Y ahora vístete. Me da algo mirarte con tan poca ropa – le susurró y se retiró, dejando a Jessie  sonrojada un momento.

Sara entró nuevamente a su habitación y acabó sentada en el piso junto a su puerta.  Por primera vez algo querido y deseado se volvía enfermizo con algo tan odiado y maldito. Era así después de todo. La sensación de no tener nada, obtener algo precioso y perderlo después. Se sentía vacía.

  Un dolor conocido empezó a manifestarse en su cuerpo, no entendía porqué, pero tampoco quería pensar en esos momentos.  Sería bueno dejarle el control en esos instantes, aquellos en los cuáles quería desaparecer.  Si,  sería mejor, darle algo de tiempo, a ese ser que nunca debió nacer. Sara se abandonó a la sensación mientras dejaba su cuerpo entrar en los espasmos del cambio mientras su cabello desaparecía así como sus pensamientos, mientras sus rasgos se hacían más firmes y andróginos, mientras, si sólo eso, mientras…esa era la palabra, sólo por esos momentos en los que quería desaparecer.

   Y Sara se disolvió, se perdió en lo que la sonrisa traviesa de Jamie aparecía y unos sonrientes ojos miraban su reflejo en el espejo después de levantarse y contemplarse. Una carcajada escapó en sus labios antes de reprimirla y sonreír nuevamente.


   Buen día bauleros!! por fin a la vida nuevamente. Y pensar que llevaba meses desaparecida y yo sin darme cuenta.  Pues con ciertas cosas pendientes en el blog aún por continuar, esperando el retorno de aru con delirium y mirando el tabajo de Ali en escena, derroche de talento en el baulito ) Y sin más preámbulo, les dejo el cap que sigue, buena tarde y hasta luego )


  

Lo sabes desde el inicio, realmente pierdes lo poco o mucho que sea para ti en ese momento.  Estar de acuerdo o no eso no es lo importante.  Es sólo esa sensación que te queda de ir perdiendo las cosas poco a poco por ser diferente.”
Cap.20 – Reunión establecida.
Una semana caótica había pasado mientras el cuerpo de Stéphanos era encontrado y sepultado. Las noticias de ese suceso habían servido para frustar los planes de Julieta y para frustar los mismos planes de Sara. Sólo le restaban diez días antes de que su hermano “renaciera”.  Idear algo con que convencer a Jessie de un embarazo no era factible en ese momento. Momo aparentemente se encontraba en libertad vagando por el mundo. Pero ella sabía que tendría que regresar. Esa entidad llamada Momo, no podía sobrevivir fuera de un cuerpo humano, tampoco podía sobrevivir con cualquier humano. Sólo era cuestión de tiempo.
 Tamborileó los dedos en el cristal de su escritorio mientras pensaba. Se incorporó lentamente mientras dejaba escapar un suspiro. Su cabello rubio oscilaba al moverse mientras mantenía una actitud fría y espectante. Sin embargo, a pesar de esa actitud frente a los ejecutivos que habían intentado rebajar su autoridad debido a su condición femenina, se habían encontrado frente a un muro rubio imposible de franquear. Sara acabó una por una las trabas que habían tratado de imponerle ese mismo día.
 Si aquellos individuos pensaban que ella no sabía como funcionaba esa empresa estaban totalmente equivocados. La cadena de hoteles no era el único negocio en el cuál la familia había depositado sus intereses, pero ciertamente Sara creía que no debían expanderse más de lo que debían con la producción de otros bienes. Mucho dinero podía verse envuelto en cosas que no debían. Y todo lo que producían actualmente era para emplearse en recursos de la misma índole.
 El sonido en el intercomunicador le hizo reaccionar.
          ¿Si?
          El señor Leonti ha llegado.
          Gracias.

 Un sonriente Diego entró por esa puerta mientras le mostraba una carpeta.  
          Parece que tenías razón – comentó – tenemos una pérdida de dos cargamentos que no fueron reportadas.
          Hay demasiada gente que piensa que pueden hacerse pérdidas ocasionales y darlas como irrecuperables. Entiendo que fueron reportadas como dañadas.
          Pero no se entregaron en donde correspondía y no hay seguimiento de ello.
          ¿De qué piezas hablamos? – preguntó secamente Sara.
          Hablamos de piezas de mármol entre lo más llamativo y terciopelo entre lo menos importante.
          Eso es para nuestros clientes árabes – completó Sara.
          Si, es verdad, pero los árabes tienen de donde obtener esos mismos recursos con otras compañías.
          Parece más un recurso empleado en algún lugar personal. ¿Mármol entre lo dañado?
          Es una pieza de cuidado.
          Si, lo entiendo – dió un suspiro más – pero si esto no fue reportado en este mes me pregunto qué más hay.
          Entonces…¿procedemos con la siguiente fase del plan? – preguntó Diego divertido.
          Organiza la auditoria para que inicie mañana a mediodía.
          Muy bien. La fiesta de presentación también será acordada para este fin de semana.
          ¿Tienes la lista de invitados? – preguntó ella.
          Te la enviaré mañana a primera hora. Faltaba ajustar unos detalles. Por cierto – se interrumpió mientras daba un ligero carraspeo – ví ese nombre entre los invitados.
          Mmm, si – contestó ella mientras le miraba – por mucho que la deteste debo invitarle. Legal o ilegalmente es la única familia que me resta – contestó Sara sin emoción en la voz.


Diego asintió mientras salía de ese lugar. Tras cerrar la puerta tras de sí. Sara se incorporó   lentamente. Hacer que Jessie bebiera de más y se tragara un cuento chino. Era lo único que quizá podría funcionar. Dentro de poco tiempo, Jessie se daría cuenta y no podría deshacerse de ello. No era ese tipo de persona, pensó Sara mientras inconscientemente se cubría la boca con la mano. Sentía el latir de su corazón en su cabeza.

–    Maldición… esto me va afectando…
     Se sentó nuevamente mientras miraba algunos documentos que habían quedado cerca. Stéphanos era un genio para tanta información. A ella se le estaba armando una telaraña mental. Un mensaje llegó en ese momento y lo leyó mientras sonreía. Jessie preguntaba que deseaba comer ese día. Se recostó en el asiento mientras pensaba que quizá no le gustara su respuesta. sonrió nuevamente antes de responder. “lo dejo a tu elección hoy, Jessie”.  Tenía demasiado en que pensar.  
   El resto de los días transcurrió con relativa calma, pero algo le estaba inquietando y no sabía que era.  Diego había faltado al trabajo esa semana. Sin embargo se imaginaba que tenía que ver con la investigación que ella misma había encargado. Una estirada de músculos no venía mal mientras un bostezo escapaba de su boca.  Mirar por la ventana siempre funcionaba pero en ese momento no sentía cambio alguno.
  Helena revisó la lista una vez más. Todos los invitados estaban confirmados. Incluso ella. Entrecerró los ojos mientras se quitaba las gafas. Y recostaba su cabeza en el sillón. Los accionistas minoritarios no se la estaban poniendo fácil. Al principio pensaban que sería fácil manejarla, pero se estaban topando con un muro infranqueable. Sabía que eran los responsables de algunos fallos en la administración de los hoteles. Sonrió un momento mientras calculaba como hacer que sus mismos fallos originaran que ella pudiera hacerse con sus acciones.
  La implementación de un casino estaba dándole más tentaciones que otras cosas. Si, hoteles con casinos.  Abrió nuevamente los ojos para ponerse las gafas y continuar revisando números.   Un ligero zumbido llegó a sus oídos. Era incómodo y perturbador, pero sabía que era él. Momo andaba cerca. Quizá vagando en alguna persona hasta que llegara el momento. Pero estaba cerca de ella. Esa sensación de pesadez y somnolencia sólo podía causarla él.
   Tomó sus llaves y se dispuso a salir de allí. Ya eran casi las cinco de la tarde y no había probado bocado desde la mañana. Era justo ir a comer algo y respirar aire. Sin embargo, al llegar a  la puerta, la sensación se hacía más fuerte. Momo estaba  cerca de ella, podía sentirlo. La pesadez en sus párpados era enorme. Dejó su mano reposando en la puerta tratando de no perder el equilibrio cuando ésta se abrió obligándola a retroceder.
          ¿Qué…?
   Helena se  encontró frente a Diego.  Su querido Diego. Momo había estado tan cerca, pero sólo hasta ese momento necesitaba a su huésped real. Ya no podía estar más tiempo con Diego.
          Ayúdame… – sonó la voz de Diego – Ya no puedo más, estoy por volverme loco… siento…como si no fuera  yo, Helena. Como si alguien estuviera dentro de mí…no estoy loco, no lo estoy ¿me crees verdad? – terminó suplicante.
          No, Diego, no lo estás, ven aquí – contestó ella con la poca voz que le quedaba abrazaba a Diego y sentía un extraño calor en su interior.
   El cuerpo de Diego dio una ligera convulsión antes de perder el conocimiento y quedar tendido casi sobre ella, quien lo hizo a un lado, se incorporó inmediatamente, aseguró la puerta y fue a comunicar con su secretaria que no le interrumpiesen. Miró a Diego tendido. Era demasiado grande y pesado para ella moverlo.
       “Bien hecho, Andreakis” – sonó la voz en la cabeza de Helena.
          ¿Dónde estabas? – preguntó ella sin vacilación – Han sido demasiados días ya…
“Estoy bien, necesitaba hacer unas cosas que desde tu cuerpo no podía”
          No me gusta que juegues de esta manera – contestó ella con enojo en la voz.
“Da igual – le interrumpió Momo – mañana es el día. ¿Estás segura de que quieres manejarlo tú? – le preguntó desafiante – recuerda que no tendremos otra oportunidad”.
          Lo sé – contestó Sara – Lo sé perfectamente.
   Diego despertó un rato después con un gran dolor de cabeza. Helena pidió a su secretaria que le trajeran un café sumamente cargado.  La joven se mostró  preocupada al ver a Diego Leonti  con esa cara. Cualquiera pensaría que la flamante heredera era capaz de poner a su amigo de la infancia en esas condiciones cuando se trataba de negocios.
          Estarás mejor en un rato Diego – le dijo cuando su secretaria se retiró. También a mí me pasó la primera vez…
          Es un consuelo saberlo – contestó Diego mientras hacía una mueca – el café sabe raro..
          Afecta nuestros sentidos, así que probablemente tu lengua sienta un sabor metálico a todo lo que pruebes…y con esto, me refiero a absolutamente todo durante un rato…
          Eso es una maldición – contestó Diego mientras hacía otra mueca – ¿cómo puedes comerte algo con ese sabor?
          Son demasiados años para tomarle importancia ya – contestó ella – luego tu cuerpo comienza a acostumbrarse y empiezas a imaginar el sabor y olor…claro que si pruebo las cosas sin imaginarlas, no la pasaré bien – siguió ella mientras se mantenía de pie y cruzada de brazos mirando a un lado de la ventana – Es una linda tarde.
          No he visto la luz del sol en una semana, conscientemente –  aclaró Diego – Tengo curiosidad… – carraspeó apenado ante la pregunta que hizo – ¿Cómo le haces con las chicas? Quiero decir, besarlas, tocarlas…con este sabor en la boca… – hizo una mueca – no podría…
          Yo también quisiera saberlo – contestó ella mientas descruzaba los brazos y se acercaba a él, quien tenía en la cara una mirada apenada. Helena sonrió – lo sé, es vergonzoso no ser dueña de mi propio cuerpo y mi propia mente – suspiró.
          ¿No recuerdas entonces absolutamente nada?
          No – Helena hizo una mueca cagada de ironía – mi mente se queda justo en el momento en el cuál yo las deseo. De allí hasta el día siguiente, conmigo abandonando el lugar es lo único que recuerdo.
          Eso sí que es un problema.
          Sí que lo es – respondió ella con suavidad – sí que lo es…
   La pregunta de Diego encendió focos en el interior de Helena. ¿Cómo demonios le haría con…?
“No necesitas pensar. Déjalo todo en mis manos, Andreakis. No preguntes por cosas que mejor no querrías saber. Es mejor así”.
          No entiendo que es lo que quieres decir…
“No necesitas entenderlo. Yo sé porqué te lo estoy diciendo, por muy cruel y estúpido que pueda sonar…”
   Helena quedó mucho tiempo pensando en las palabras de Momo. El día de mañana le tenía preocupada pero la duda se mantuvo esa noche.  Jessie se encontraba muy animada. Durante la cena se la pasó comentando acerca de las tiendas que visitó y las ideas que tenía en mente. Sin embargo Helena se encontraba en otro mundo.
          ¿Puedes dejar de ser Helena en este momento y ser la Sara que conozco? – interrumpió Jessie – no sé qué es lo que ocurre, pero llevas rato sin prestarme atención.
   Ella le miró. Cierto. Durante su trabajo era Helena, esa fría y arrogante Andreakis. Pero fuera de ello, con Jessie, siempre era  Sara.  Sonrió antes de contestarle.
          Lo siento, es demasiado lo que tenemos para estos días – asentó su taza de café mientras daba un exhalación – ¿Y bien? – preguntó – ¿qué es lo que tienes en mente? – continuó preguntando mientras apoyaba su mentón en su mano derecha.
   Y Jessie no perdió un minuto de tiempo explicando  cómo se vería al día siguiente el tumulto de cosas que los empleados contratados estaban haciendo ese día cuando ella llegó.
   Esa noche Sara o Helena no logró conciliar el sueño.  Momo descansaba plácidamente en su interior. No dio señales de vida hasta el día siguiente, cuando el murmullo de la gente acomodando flores, sillas y toldos cubrió el lugar.
   La fiesta de la empresa no podía posponerse a pesar de que Stéphanos falleciera. Sin embargo, ella no quería verse envuelta en los chismes clásicos de la sociedad. Su atuendo de ese día sería negro. Había cosas que debía mantener, se dijo a sí misma.  Un peinado elevado, maquillaje discreto y joyería de igual forma fue su atuendo de aquella noche. El juego dorado y negro resaltaba de cierta manera sus ojos esmeralda, pero durante la noche, se notaban ligeramente oscuros. Jessié se preguntaba si no era su imaginación, pero notaba a Sara bastante rara esa noche.
   La velada se mostraba tranquila y muchos de los asistentes aún continuaban dando condolencias por lo ocurrido con su hermano. Pero Jessie seguía notado la intranquilidad de Sara. No fue hasta largo tiempo después cuando entendió el motivo.
          Julieta…
Y Sara miró hacia donde la mirada de Jessie se perdía. Sonrió. Julieta nunca quería pasar desapercibida. Su vestido entallado de color rojo destacaba entre la multitud, como era costumbre. Disfrutaba ser el centro de atención de todo lo que le rodeaba y era una oportunidad perfecta para ella de destacar como un faro en plena oscuridad.

          Helena  – saludó –  gracias por la invitación, no podía perderme esta fiesta – afirmó mientras una sonrisa que Sara odiaba con todo su corazón se formaba en su rostro – Jessie, tanto sin verte – se acercó a ella para darle un beso suave en la mejilla.

          Hola, Julieta.
          Oh vamos, no seas tan seca. Después de todo somos hermanas – contestó ella con una risa divertida.
          A veces prefiero olvidar ese pequeño detalle – comentó ella con sinceridad mientras desviaba la mirada para ubicarla en un pequeño grupo más adelante en el jardín.
          Imagino la verdad de tus palabras – dijo Julieta antes de acomodarse el cabello hacia la espalda en un movimiento bastante conocido para ambas – bueno, es hora de relacionarse – sonrió con picardía mientras se despedía – charlemos luego Jessie, o quizá no – terminó con una  sonrisa mientras miraba a Sara.
   Sara se mantuvo distante todo el resto de la velada, mientras una divertida Julieta disfruto tranquilamente antes de desaparecer. La frustración, los celos y la envidia q siempre existieron en el interior de Sara bullían por salir de su interior hacia ese exterior que denotaba frialdad y una cara inexpresiva. 
      Fue hasta un rato después que la misma Sara se dio cuenta de que Jessie no estaba allí. Las dos habían desaparecido. Dejó la copa que bebía en ese momento para intentar localizarla y lo hizo largo rato después. Como había supuesto, Jessie y Julieta estaban juntas en ese momento, alejadas de toda la multitud, mientras hablaban quizá de algo muy fuerte, ya que Jessie manoteaba sin parar y Julieta mantenía una actitud tranquilizadora. En algún momento de aquella discusión, tal como había imaginado, Julieta se hizo cargo de la situación, ya que Jessie estaba de un momento a otro entre sus brazos, llorando desconsoladamente de forma que ella nunca había tenido oportunidad de ver. Un dolor profundo atravesó el pecho de Sara, mientras la ira bullía en su interior. Perdió el control de su cuerpo en ese momento mientras sentía sus piernas fallarle por completo. Permaneció arrodillada en ese lugar mientras miraba a Julieta y Jessie besarse de una forma descontrolada y ansiosa. 
“No necesitas sentir, no necesitas pensar – sonó la voz en su interior – yo me haré cargo de todo”
          Ahora… – jadeó – ahora no, Momo… ¡déjame en paz! – gritó Sara mientras sabía que Momo empezaba a controlar la situación. Su largo cabello de rubio color empezó a desaparecer, su conciencia estaba siendo absorbida lentamente mientras sentía su cuerpo menos pesado – maldición…no puedo… no puedo controlarlo…
   El cuerpo de Sara cayó totalmente inconsciente en ese lugar. Jessie y Julieta no le vieron en absoluto, puesto que pasaron de largo a escasos metros de donde se encontraba tendida mientras se reincorporaban a la fiesta.  
  Un rato después, los negros ojos contemplaron el paisaje frente a sí.
          Mmm, sospecho que estás ropas no me vienen nada bien – la divertida voz río – necesito cambiarme – continuó mientras descalzaba sus pies de las elegantes zapatillas – es  tan molesto caminar con estas cosas puestas – rió – y ahora veamos… ¿Dónde estaba mi habitación?
   Jessie estaba preocupada. No veía a Sara por ningún sitio. ¿Les habría visto? Pensar en esa posibilidad definitivamente le dio un sobresalto. No había pensado que podría volver a caer en esa forma, pero había sido tan convincente. Estaba pensando que decir, cuando algunos murmullos llamaron su atención.  La gente se encontraba un poco sobresaltada y pronto entendió porqué. Frente a ella, Stéphanos, no, Jamie Andreakis había hecho acto de presencia.
   Hola Bauler@s!!!  Pues por fin doy señales de vida, eso de andar peleándote con tu proveedor de internet no es nada gracioso. Y hasta el día de ayer la red era decente. Eso de cambiarse a un lugar aislado y retirado suele ser más perjudicial que beneficioso en cuestiones de internet.
   Sin más, les dejo el capítulo siguiente )
    “Camina, continúa caminando y pase lo que pase, nunca mires atrás.”
El Pacto. Cap 19.- My dear little boy

  Julieta no podía soportar más. Durante los últimos días, noticias sobre la chica de la familia Andreakis, actualmente de rubia iban circulando en algunas páginas sociales de la ciudad.

– Sara… de mí…no te vas a burlar ¡maldita sea! – estalló nuevamente mientras daba un furioso golpe con la revista. La página dejaba ver a una sonriente Sara en compañía de una morena que no tardaron en averiguar que era la encargada de la publicidad de los hoteles que la familia Andreakis poseía.

 
  Julieta sonrió con cierta malicia. Si, había algo que podía hacer. Se sentó mientras encendía un cigarrillo y dejaba escapar el humo lentamente por su boca. Se sirvió un poco de Vodka mientras meditaba un poco más. Tomó su teléfono y realizó algunas llamadas. Después de ello se bebió el contenido del vaso mientras terminaba su cigarrillo y dejaba consumir el resto en el cenicero sin siquiera apagarlo. Tomó las llaves de su auto y salió de allí.
  Helena Andreakis estaría en una reunión ese fin de semana con algunas personas que ella conocía. Podía pasar como si nada por el lugar y tomar una excusa para ver a Jessie. Si, ella era su trampolín a todo lo demás.

  Para Julieta todo siempre era demasiado fácil. Y no dudaba que su arma más poderosa era ella misma como persona. Podía tener un control y una presencia con cualquier hombre que encontrara en su camino. Y las mujeres para ella eran otro manjar en la fruteria. Si, todo siempre tan fácil.

   Jessie caminaba incesante por los pasillos, mientras Sara se encontraba fuera realizando algunas visitas a dos hoteles en remodelación. Aunque había avisado que se encontraba en camino. Y en ese lapso, Jessie estaba segura de que había cavado un hoyo en el tramo de los cuartos con su ir y venir.
  Algo estaba rondando en su cabeza, sin dejarle descansar.  Y no tenía la menor duda de que algo raro estaba pasando.  Jamie había llamado desde su teléfono celular, para avisar que llegaría tarde y la llamada se colgó abruptamente, tras escucharse un sonido raro. Se estaba estrujando las manos de forma nerviosa. Un ruido en la sala le hizo voltear y correr hacia abajo.
– ¿Qué ocurre? – preguntó una sonriente y divertida Sara.
  Jessie no podía hablar del todo, a lo que  Sara se plantó frente a ella y la obligó a sentarse. Estaba en eso cuando el teléfono sonó nuevamente.  Sara contestó esta vez.
 Sara hablaba en un idioma que Jessie no tardó en reconocer como griego, aunque sólo entendiera algunas palabras. El rostro de Sara se mostraba contraído, como conteniendo un millón de emociones al mismo tiempo.  Colgó lentamente el teléfono y se dirigió a la pequeña barra de donde tomó un vaso pequeño que llenó y bebió con rapidez. Jessie le miraba mientras le preguntaba qué ocurría. Sin embargo Sara no respondió, tomó sus llaves y salió nuevamente seguida de Jessie que seguía sin entender que ocurría.  Sara no respondió ninguna pregunta en el camino, pero Jessie sabía que no debía estar pasando algo bueno, cerca de un tramo costero el auto se detuvo donde había una aglomeración mientras Jessie reconocía allí a Adrian acompañado de un hombre que no había visto nunca en la vida. El rostro de Sara se veía adolorido y terriblemente ansioso.  Jessie únicamente la miró correr hacia la gente que había en ese sitio y ser detenida por ese hombre alto y de facciones duras.
– Detente Helena – le decía – no hay nada que podamos hacer, ya están buscándolo.

– ¡Déjame, Diego! – refutaba ella mientras intentaba soltarse de los brazos de aquél hombre ¿qué demonios estaba pasando allí?
 Se acercó a ellos mientras ese hombre llamado Diego se llevaba a Sara lejos de todo mientras la abrazaba y acariciaba su cabello de forma cariñosa.
– Adrian ¿qué ha pasado? ¿Quién es ese hombre? – preguntó.

– Stéphanos chocó y su auto se precipitó en el mar. Han localizado el auto pero su cuerpo no – Jessie sintió un extraño vacío en su pecho – Tuve que avisarle a Sara, no quería hacerlo pero era mejor así – contestó con un dejo de tristeza en su interior – No sé como voy a decirles esto a mis padres…
  Jessie aguardó mucho rato hasta que a Sara le fue aplicado un sedante. Fue llevada inconsciente del lugar aquél hasta su casa. Diego se encargó de dejarle en su cuarto mientras le acariciaba el cabello.

– Descansa pequeña, lo encontraremos, te lo aseguro…

  Jessie le vió pararse y darle un beso en la frente para despedirse. Era alto, demasiado alto, pensó; tenía una tez ligeramente morena, como si le gustara ir a broncearse a la playa constantemente. Su cabello era rizado y oscuro, al igual que sus ojos.
– Tú eres Jessie. Lamento habernos conocido así, soy un amigo de la infancia de Stéphanos y por ende de Helena. Diego, a tu servicio.

– Hola Diego, quería presentarme pero pareces saber más de mí que yo de tí.

– Eso es correcto – contestó Diego – le han administrado un calmante bastante fuerte, puede despertarse confundida ¿podrías quedarte con ella? André y María están bastante desgastados.
  Jessie asintió mientras recordaba a la pareja llegar y sollozar en silencio. Fue hasta ese momento en que entendió que para André y María, el estar en esa casa era para cuidar de esos dos, como padres.  Stéphanos y Sara eran como los hermanos de Adrian y viceversa.

  No sabía como afrontar la situación ni qué decir, se recostó cerca de Sara pero después de un rato sintió los párpados tan pesados que no pudo evitar cerrarlos. Justo después de eso, Sara abrió los ojos lentamente.

“Se ha dormido Andreakis”
– Lo sé – le contestó Sara. Se incorporó lentamente mientras se sujetaba la cabeza – yo misma te dije que me despertaras apenas durmiera.

“Lo recuerdo”
– Momo… no estoy segura de que sea correcto…
“Y entonces ¿qué haras?”

  Sara se quedó un momento inmóvil mientras miraba a Jessie. Sus enrojecidos ojos aún manifestaban lo que era separarse del cuerpo físico de su hermano.
– Stéphanos…
  Sara se quedó inmóvil otro rato mientras pensaba qué hacer.  Gruesas lágrimas empezaron a caer sobre sus mejillas. No podía evitar el llanto que escapaba. Los sollozos no podían ahogarse en su garganta.
“Sabías que ocurriría” – le recriminó la voz de Momo – “El cuerpo de Stépha…”

– Lo sé. Lo sé, maldita sea ¡lo sé! – contestó Sara – pero duele tanto aceptarlo…

“Entonces Andreakis” – ¿podrás con tu parte del trato?

– ¿Qué quieres decir?

“Tienes escasas veinte horas para decidir”

– Lo sé, pero necesito tiempo, necesito un poco de tiempo para digerir esto…

“No tenemos tiempo, si no actuamos ahora, la esencia de Stéphanos desaparecera”

– ¿Y qué quieres que haga? ¿Que la obligue a ello?

“No es necesario estando yo aquí ¿acaso lo olvidas? Mi esencia no deja de ser la de un dios”

– Espera, Momo…no te atrevas, permite que…

  El cuerpo de Sara se desvaneció de forma instantánea mientras quedaba sumida en un sueño profundo. De su pendiente colgado en el cuello emergió un aura blanca que parecía tener en su centro una esfera de color naranja pálido.

“Vaya, ha empezado a cambiar de color. Bueno, es hora Stéphanos”
  El aura de Momo formó en un extremo una mano, mientras la pequeña esfera rodaba hacia allí. Un pequeño golpe a la esfera la deslizó en el interior de Jessie.

  “He aquí un nuevo comienzo, pero también un amargo despertar. Cuida bien de mi pequeño”

    La figura se desdibujó lentamente mientras parecía adentrarse en el pendiente una vez más. Sin embargo Sara no despertó hasta el siguiente día. Para ese momento se encontraba cubierta por la sábana de su cama, Jessie debió de encargarse de los detalles para hacerle su sueño lo más tranquilo posible. Sara se incorporó rápidamente y salió corriendo del cuarto totalmente descanza. Un pinchazo pareció impactarle a sus verdes ojos.  Había permanecido tanto tiempo en la sombra de su habitación que esa mañana le deslumbró por completo en el pasillo. 

   Un ligero sonido de voces se escuchaba por los alrededores. Y supo que había gente en el lugar. Cruzó el pasillo rápidamente pese a la luz que se filtraba y al llegar al barandal de la escalera se detuvo.

   Las personas que se encontraban allí voltearon al escucharle llegar. Sus desnudos pies eran visibles mientras bajaba lentamente las escaleras. Tragó saliva con dificultad mientras la preguntaba que atormentaba su mente escapaba por sus labios.

– ¿Le han encontrado? – preguntó. Y se dió cuenta de la ansiedad y el miedo en su voz – por favor, díganme ¿le han encontrado?

– Señorita Andreakis – contestó un hombre de pronunciado bigote – lamentamos mucho su pérdida – Sara se sintió asqueada, un asco profundo le recorría el cuerpo y no pudo evitar sentirse provocada mientras escuchaba – encontramos el cuerpo de su hermano hace una hora. Sin embargo necesitamos que le identifique – El cuerpo de Sara colapsó nuevamente mientras le recorría un profundo escalofrío. Jessie le ayudó a incorporarse mientras André y María le llevaban hacia un sillón.

– Entiendo… – susurró nuevamente – lléveme allí por favor…

– Pero mi señora – empezó a quejarse María 

– Debo ir…sé que debo ir…

   Jessie no sabía que decirle. Suponía que entendía todo eso, pero la verdad no era así en absoluto. Ningún hermano suyo había muerto. De hecho no tenía hermanos.

   Sara se colocó un abrigo y salió acompañada de los dos hombres y Adrián que iba con ella por indicación de María. Se sintió confundida. El cuerpo de Stéphanos era lo que encontrarían, pero sabía perfectamente que él estaba mucho más cerca de ella ahora.  Lo único que le intrigaba era que Momo no respondía a su llamado. Su pendiente antes cálido, ahora estaba completamente frío. Una frase era lo único que ocupaba su mente en aquél momento:

– Mi pequeñito…

Hola Gente,

Lo sé, mucho tiempo ha pasado, es extraño, hace un par de años mi vida era muy complicada (o eso me parecía), el caso es que ahora que tengo mucha paz mental y tranquilidad emocional (?) aparecen las complicaciones de la vida adulta. Pues si, empiezo a darme cuenta de que me hago mayor (ya se distinguir entre el perejil y el cilantro y encima ahora me leo las etiquetas de los alimentos que voy a comprar).

En fin, que mis días de bloguera despreocupada y programadora freelance ahora son días de analista en busca de un puesto fijo. Sin embargo, aún tengo corazón de yurifan así que el día menos pensado (como hoy) les dejo algún post.

Bueno, mejor presento la entrada que como siga contándoles de mi vida l@s aburro.

Acá tenemos el epílogo del primer fanfiction Rizzles publicado en este blog, espero no sea el último y que nuestra amiga Isles nos de otra alegría pronto.
PD: para l@s amantes de las series de TV ¡Hey! Volvió Orange is the new black, esa serie es genial, ah y Faking it, ha resultado una gran revelación (de no ser porque la rubia es clavadita a mi prima pequeña, no odiaría tanto a la pelirroja) pero bueh, espero tenga segunda temporada. 

Ahora si, a leer

Extraños en la noche
Autora: Isles
EPÍLOGO

N/A: Siento mucho la pequeña demora. Había dicho que estaría para el jueves pero pua media hora tarde. No me dio tiempo a terminarlo antes por el trabajo y mi horario. Espero que les guste y hasta la siguiente con Rizzles. 


Hombres salían y entraban del apartamento constantemente con cajas en sus manos. Algunos movían objetos más grandes y pesados. Todos eran conocidos; de la estación de policías; compañeros que se habían brindado para ayudar en la mudanza. Jane bajó por las escaleras, sosteniendo en su mano una lámpara. Su cabello estaba recogido en una coleta y, a pesar del aire fresco de otoño que entraba por la puerta principal, tenía un calor insoportable.

            —No me digas que conservarás esa lámpara.


            Jane, que en ese momento  la colocaba sobre la mesa de la cocina, se giró y lo miró reprendiendo sus palabras. Frankie, que conocía esa mirada como la palma de su mano, dijo:


            —¿Maura permitirá que lleves eso a su casa? —preguntó y se arrepintió al instante al ver cómo las cejas de la mujer se fruncieron aún más.

            —¿Qué estás intentando decir? —cruzó los brazos sobre su pecho.

            —Es horrible, Jane. Hasta Ma lo ha dicho.

            —No es horrible… —murmuró, regresando la mirada a la lámpara. Vale, que no era una lámpara muy común y el color marrón tampoco era el más. Pero había tenido esa lámpara desde siempre—. Maura tiene cosas más raras. —Pensó en voz alta, razonando. Sosteniéndola en sus manos, examinándola lentamente.

            —¿Y qué sería eso exactamente?


            Jane dio un respingo al escuchar la inesperada voz de la rubia, y la lámpara resbaló de sus manos, cayendo al suelo, rompiéndose en mil pedazos


            —¡Maura!

            —¿Qué decías? —preguntó la mujer, conteniendo su sonrisa.

            —Nada, nada… Le estaba diciendo a Frankie que…tienes cosas… —decía, agachándose para recoger los pedazos—. Cosas únicas…


            Frankie no pudo contener un segundo más la risa y se unió a su hermana para ayudarla.


            —Anda. Yo recojo esto —dijo entre risas, recibiendo una mirada seria de la morena.

            —No era mi intención asustarte.

            —Sé que nunca te gustó, Maur. —Entrelazó su brazo con el de la mujer, caminando juntas hasta el patio para poder habar con un poco más de privacidad.

            —Eso no es cierto. —Tragó en secó y exhaló con fuerza—. Está bien. No es, era, mucho de mi agrado.

            —Admite que te alegras un poco de que se me haya caído.

            —No me alegro, Jane. Recuerda en lo que quedamos; es nuestro hogar, no lo sería si no expresara un poco de las dos. Como esa silla Sacco que colocaste en el salón… —Las últimas palabras las susurró con un tono que, en los últimos dos años, Jane ha descifrado a la perfección. Ese tono que le dice que aunque Maura no ha dicho nada más sobre la ubicación de dicha silla, aún está pensándolo. Y lo ha notado; la forma en que la mira siempre que pasa por el salón, o cuando está leyendo un libro y levanta la mirada disimuladamente para echar un vistazo a la silla, como si pudiera devolverle la mirada.

            —No puedes negar que esas bolitas de poliestireno son muy cómodas. Más que tu silla.


            Maura aclaró la garganta, mirándola a los ojos.


            —Pero no tanto como tu sofá —añadió Jane con una sonrisa.

            —Tu silla irá al sótano o a cualquier otro lugar, pero no me convence que se quede en el salón…


            Jane simplemente sonrió. Sabía que tarde o temprano escucharía esas palabras. Estaba sorprendida que no hubiera sido días antes.


            Detuvieron su andar y Jane la miró de arriba abajo notando que no estaba vistiendo ropa apropiada para ayudarla con la mudanza. Todo lo contrario; vestía uno de sus vestidos que, después de todo el tiempo que ha pasado, siguen dejando a Jane sin aliento. Tal vez por la forma en que se ajusta a las curvas de Maura, además de que ése, específicamente, era uno de sus favoritos. Maura lo sabía, y no perdía oportunidad para usarlo.


            —Estás consciente que no puedes ayudar en una mudanza vestida de esa forma, ¿verdad? Mira mi atuendo.  

            Y Maura lo hizo; la miró detenidamente y se lamió los labios. La camiseta negra sin mangas permitía que sus ojos apreciaran la musculatura de los brazos de Jane,  y el sudor hacia que su piel morena reluciera.  

            —Si no te conociera diría que estás a punto de brincarme encima… o que me estás comiendo con la mirada.

            —Entonces tal vez no me conoces tan bien como piensa, detective. —Sonrió con un brillo en sus ojos.


            Jane aclaró la garganta al escuchar que dos hombres salían al patio para recoger unas cajas que habían quedado al lado de la puerta trasera.


            —El distrito 3 me ha llamado. Su forense está enfermo y es un caso de emergencia.

            —¿Otra vez? —No era la primera vez que algo así ocurría.

            —Solo será por un rato. Prometo regresar antes del anochecer. —Se acercó y la besó en los labios.

            —Si no te conociera… diría que estás escapando de ayudar con la mudanza —susurró sobre sus labios, limitándose a colocar sus manos en las caderas de la rubia para no arruinarle el vestido con el sudor.

            Maura le guiñó un ojo y se dio la media vuelta.

            —Nos vemos a la noche en casa. —La miró por encima del hombro con una sonrisa.


            No fue consciente de cuánto tiempo estuvo allí parada, incluso cuando el carro de Maura desapareció de su vista. La idea de tener un hogar con Maura aún parecía ser un sueño. No fue hasta que sintió una mano sobre su hombro que reaccionó.


            —Creo que el amor te hace un poquito sorda cada día más.

            —Muy gracioso —A pesar de su tono serio, tenía una sonrisa de oreja a oreja.

            —¿Cuándo piensas casarte? —preguntó de la nada.


            Jane detuvo su andar por un instante para mirarlo por encima de su hombro. ¿Acaso su hermano se había dado cuenta de sus planes y solo preguntaba para confirmar sus sospechas? Había sido muy cuidadosa hasta ahora, y recién comenzaba a planear el cómo quería hacerlo… no habría manera que él ya supiera.


            —¿Qué clase de pregunta es esa? Apenas nos estamos mudando juntas.

            —Claro. Han estado viviendo prácticamente juntas estos dos años, me parece un milagro que les haya tomado tanto tiempo tomar la decisión.

            —Umm. —Jane entró nuevamente en el apartamento, seguida por Frankie. Si lo piensa de esa forma, sí, les tomó mucho tiempo para mudarse. Pero su hermano tenía un poco de razón, o toda. Durante esos dos últimos años se alternaron entre su apartamento y la casa de Maura. Ya casi toda su ropa estaba en la habitación de Maura. Solo necesitaba mover sus otras pertenencias.

            —Te conozco demasiado bien, hermana. Vas a tener que mejorar un poco con tus actuaciones o los demás se darán cuenta que planeas algo… eso o puedes contar con mi ayuda —sonrió con anticipación, ya quería saber con exactitud lo que su hermana tramaba.

            —Sigue soñando, hermanito —se rio y le dio la espalda para seguir ayudando a sus compañeros con la mudanza.


*****

            La mujer caminaba impacientemente de un lado a otro. Todo había salido bien hasta el momento, solo necesitaba una última cosa y para eso estaba allí. No había razón para que algo saliera mal.


            —¿Detective Rizzoli?


            Se giró rápidamente al escuchar su nombre y asintió acercándose al hombre.


            —Puede pasar —avisó y le sostuvo la puerta.


            La oficina era espaciosa y de buen gusto. Pero para su sorpresa, la decoración era más simple de lo que esperaba.


            —Jane. —El hombre se levantó de la silla detrás del escritorio y se apresuró para acercarse y saludarla con un abrazo.

            —Señor Isles. Siento mucho no haberme anunciado con anticipación.

            —Richard, Jane.


            Jane sonrió apenaba, recordando que el año pasado, en la fiesta de navidad, le había dicho que podía llamarlo Richard. No había necesidad de formalidades entre ellos.


            —¿Te ha acompañado mi hija? —preguntó. Jane reaccionó al escuchar su voz y recordó la razón por la cual había llegado hasta la oficina del hombre.

            —No. Maura y Milo salieron con mi madre para mostrarle la ciudad.


            El hombre ladeó la cabeza un poco y Jane no pudo evitar la leve sonrisa que se dibujó en sus labios. Maura hacia el mismo gesto cuando no entendía algo. Tal vez se comenzaba a preguntar el porqué de su presencia entonces. Era lo más seguro. Jane lo siguió con la mirada y una vez que retomó el asiento detrás del escritorio, ella se sentó enfrente de él. Tragó en seco reuniendo el valor que antes tenía pero que ahora parecía haberse esfumado en el aire. Cerró los ojos por un segundo y cuando los volvió a abrir, las palabras brotaron de sus labios sin pensarlo. No podía pensarlo, si lo hacía se convertiría en un manojo de nervios y sus palabras no se entenderían.  


            —Quería hablarle sobre Maura. —Se mordió el labio inferior, sintiendo como las palabras se ahogaban en su garganta. Esto era mucho más difícil de lo que esperaba. Richard se limitó al silencio, esperando a que la detective continuara—. Maura… —. Se maldijo mentalmente.

            —¿Está bien mi hija? —preguntó, comenzando a preocuparse.

            —Sí, sí —Se apresuró a decir. Sus manos formaron un puño sobre sus piernas y dejó todas las dudas y preocupaciones a un lado—. Como sabe, Maura y yo hemos estado juntas por un tiempo… —Casi cuatro años, pero por la sonrisa que se dibujó en el rostro del hombre, dedujo que era algo que ya sabía… y tal vez comenzaba a sospechar lo siguiente que diría.

            ‘Ahora o nunca, Jane’ —pensó, mirándolo a los ojos.

            —Le propondré matrimonio a Maura esta noche. Quería saber si tengo su bendición…


            El hombre permaneció inmóvil por varios segundos antes de levantarse de la silla y ajustarse la chaqueta del traje. Le dio la vuelta al escritorio y la seriedad en su rostro comenzó a preocuparla. Pero cuando el hombre extendió su mano con una gran sonrisa en su rostro, sintió como todo el peso del mundo se quitaba de sus hombros.


            —Ya eres parte nuestra familia, Jane. Claro que tienes mi bendición. —La volvió a abrazar.

            —Gracias señ… Richard.

            —Estoy seguro que Maura será muy feliz con tu proposición. Ya lo es. Estoy sorprendido que hayas esperado tanto tiempo.

            —El tiempo pasa demasiado rápido. —Teniendo en cuenta que ha pasado un año desde que decidió que quería proponerle matrimonio a Maura.

            —Esta noche…

            —Es un día especial para nosotras —se adelantó a decir, imaginándose las palabras que le iban a seguir.

            —Es una pena que aún este trabajando, pero me dará tiempo para llegar para la fiesta después de media noche ¿Eso se interpondrá con tus planes?

            —Para nada. Pienso hacerlo antes. —Miró el reloj, nerviosa. Solo le quedaba media hora para llegar al lugar que había acordado con Frankie.

            —Te desearía suerte pero sé que no la necesitarás.


            Jane sonrió y asintió antes de salir de la oficina. El frío de este invierno no era tan fuerte como lo recordaba de aquella noche, pero eso era bueno. Cuando divisó a su hermano entre la multitud, corrió hacia él.


            —¡Jane! —exclamó Milo que fue el primero que la vio.

            —Hola pequeño. —Le revolvió el pelo con su mano, riéndose de la mueca que hizo el niño que ya no era tan pequeño—. ¿Todo como planeado?

            —Sip. Listo.  —Le entregó un pequeño paquete.

            —Misión cumplida, compañero. —Lo felicitó Jane.

            —Ma debe llegar en cualquier momento, entonces te toca.

            —Conozco perfectamente el plan, Frankie.

            —Te pones demasiada seria cuando estás nerviosa —se burló.


            De entre la multitud apareció su madre caminando apresuradamente hacia ellos, con la respiración entrecortada. Cuando llegó hizo una señal con su mano para que le dieran un segundo para recobrar el aliento.


            —Me apresuré lo más que pude. Definitivamente, es mejor ver esto desde la comodidad de la casa. Demasiada gente.

            —¿Qué esperabas, Ma? Cada fin de año está igual —comentó Frankie.

            —Ya queda poco, ¿Llegarás a tiempo? ¿La encontrarás?

            Jane la miró con pánico.

            —¿Acaso no la dejaste donde habíamos quedado?

            —De eso quería hablarte… No pudimos llegar allí porque habían cerrado la calle que me dijiste, así que le dije que fuera por otro camino y que yo me encontraba con Frankie y Milo y entonces nos encontraríamos en donde quedamos…

            —Ma… —Se pasó la mano por su cabello, intentando mantener la calma, viendo ante sus ojos cómo los planes de todo un año comenzaban a desmoronarse.

            —¿Qué estás esperando? Anda, anda. —La alentó su madre, notando la preocupación en el rostro de su hija.


            Jane no lo pensó dos veces y comenzó a caminar apresuradamente. Lo más rápido que podía teniendo en cuenta que la multitud de gente no le permitía moverse mucho. Se detuvo por un segundo y miró a todos los lados; se sentía perdida en un mar de gente. Su madre tenía razón ¿cómo la encontraría? ‘A la izquierda’ pensó, guiándose por la gran bola de cristal que tenía a los lejos. ‘Un poco más adelante’ se decía a sí misma. Más para conservar la calma que cualquier otra cosa. Tenía que estar segura que la encontraría. Siempre lo hacía.


            —¡Oye idiota, mira por donde caminas! —Escuchó, pero cuando se giró para disculparse, se dio cuenta que no había sido con ella, sino con un hombre a su lado que había derramado la bebida de otro. Una sensación de déjá vú se apoderó de ella e inhaló con fuerza, no podía ser déjá vú; sí, ella había dicho esas palabras en aquella ocasión, pero ahora no tenía entre sus brazos a la mujer.


            Una vez que llegó al lugar, permaneció inmóvil, recorriéndolo con la mirada, buscándola. Cruzó los brazos como lo había hecho cuatro años atrás esa misma noche, aunque esta vez sostenía un pequeño paquete entre sus manos.


            —No la encontraré —susurró, suspirando derrotada.

            —¿Jane?


            Sus ojos se abrieron alarmados al escuchar su nombre y se giró confirmando que sí, era ella.


            —Te buscaba —dijo, notándosele el alivio en su rostro.

            —Y yo a ti… —Se acercó a ella, tomando con una de su mano la suya—. Sé que me dijiste que no querías un regalo por año nuevo. —Sonrió levemente—. Pero no pude contenerme. —Le mostró el pequeño paquete que tenía en su mano.


            Maura la miró extrañada y luego al paquete.


            —Ábrelo —dijo antes de que pudiera protestar.


            Maura suspiró con una sonrisa en sus labios y comenzó a desenvolver la envoltura. Jane sabía que no lo rompería, que se tomaría su tiempo para desenvolverlo, así que usó envoltura de más para ganar un poco de tiempo. Aprovechando que Maura estaba entretenida, miró disimuladamente el reloj. Dos minutos.


            —Hace cuatro años —comenzó a decir cuando Maura logró deshacerse de la primera envoltura. Maura la miró a los ojos por un instante al escuchar su voz, pero continuó quitando la envoltura, alternando su mirada entre el objeto en su mano y la morena—. Nos encontramos aquí…


            Maura pausó por un momento y miró a su alrededor. Jane tenía razón. Al final de la cuadra estaba el restaurant donde habían disfrutado de una copa de champagne.  


            —Jane…

            —En aquella ocasión no me buscabas —continuó, con una sonrisa en sus labios, sintiendo que el nerviosismo aún estaba presente.

            —Y esta vez no arruinaste mi vestido —añadió Maura, terminando con la envoltura. Tenía que ser un libro o un marco.

            —Y accediste a tomarte una foto conmigo…

            —Recuerdo que intentabas tomártela tu sola —Se rio al ver que en sus manos sostenía un marco con esa foto—. ¡Esta misma!

            —Gírala —pidió Jane

             —¡10, 9, 8…! –La multitud comenzó a gritar.   


            La risa de Maura cesó repentinamente al ver que en la parte posterior del marco había un pequeño enganche con un anillo de compromiso. Sus labios se separaron por la conmoción y sus ojos comenzaron a brillar con lágrimas de felicidad. Cuando su mirada se separó del anillo, se encontró con la mujer enfrente de ella en una rodilla.


            —Oh, Jane…

            —Maura Isles, ¿Te quieres casar conmigo? —dijo, y se preguntó si Maura la habría escuchado porque la multitud seguía contando a gritos. La sonrisa en los labios de Maura le dio la respuesta que necesitaba.

—¡4,3,2,1 Feliz año nuevo! —anunció la gente

—Acepto —susurró sobre los labios de Jane, abrazándola con fuerza a su cuerpo, besándola, dándole la bienvenida a otro año nuevo, juntas.  

Hola Yurifans!
Por fin vuelvo a tener vida 2.0, que ya andaba por la calle pálida y temblorosa, parecía yonki. En fin, no les entretengo más, con ustedes la continuación de Extraños en la noche, historia 100% Rizzles D
Mil gracias a Isles por permitirnos publicar su historia en el Baulito,
Extraños en la noche
Autora: Isles
Capítulo 14

A//N: Siento mucho que este cap sea tan corto. Y esta vez sí estoy de acuerdo con algunas de ustedes: es corto. Gracias por la paciencia y la espera… como algunos saben, estoy acostumbrándome al trabajo/nuevo horario.

Besos y gracias como siempre por leer

———

La noche se había vuelto más fresca y el sonido de las criaturas de la noche las envolvían. Jane tenía sus ojos cerrados, escuchando, con una sonrisa dibujada en sus labios.

—¿En qué estás pensando? —Escuchó a la rubia susurrar, mientras movía los dedos sobre la piel de su brazo, haciendo dibujos invisibles, provocando que se estremeciera.

La sonrisa en los labios de Jane parecía brillar e iluminaba su rostro. Giró su cabeza lentamente para mirarle a los ojos. Era consciente que Maura no había despegado su mirada de ella desde que se besaron. Había podido sentir su mirada sobre ella, estudiando cada centímetro de su rostro, y se preguntaba qué era lo que pensaba cuando la miraba de esa forma. Podía imaginarse su sonrisa, podía escucharla; era como si hubiera querido reír pero se mordiera los labios para no hacerlo. Pero ahora lo hacía y sí lo veía. Era suficiente para alumbrar ese pequeño mundo que habían encontrado lejos de la ciudad y el bullicio que era tan característico de ella. Era la sonrisa más hermosa del mundo; lo había pensado desde el primer instante que la vio. Y tenerla tan cerca de ella, ahí, entre sus brazos, sintiendo su respiración y viéndose reflejada en el brillo de sus ojos, era un sueño hecho realidad.

—Disfrutar de tenerte cerca. Aquí conmigo. Pensaba que las estrellas no tienen comparación. —Se rio al escuchar el sonido de inquisición que emergió de la garganta de la mujer a su lado. No necesitaba preguntar para saber cuál sería su siguiente pregunta—. No tienen comparación contigo.

—Jane eso…

                —Uhm. —Gimió al sentir cómo labios de la morena la callaban, y sucumbió dejándose llevar por labios hambrientos por ella.

Sus manos se movían lentamente, sintiendo cada centímetro que era posible tocar sin que la ropa se interpusiera en sus caminos. Labios se movían al mismo tándem, disfrutando de la suavidad y el sabor de cada una.

—Jane —susurró en un suspiro cuando Jane soltó el labio inferior que previamente sostenía entre los suyos.

                —¿Hmm? —susurró con los ojos cerrados, lamiéndose el labio inferior, degustando los rastros que quedaban de Maura.

                —No sería mejor si… —pausó por un instante, acariciando la mejilla de Jane con ternura—. Si regresáramos —susurró casi inaudible, pero Jane escuchó perfectamente; tan bien que era como si lo hubiera gritado.

                Jane abrió los ojos y buscó su mirada para confirmar sus dudas.  No estaba preparada para encontrarse con la mirada desnuda de Maura; su corazón dio un vuelco y pudo haber jurado que olvidó cómo respirar por varios segundos.

                —¿Segura? —Se sorprendió de escucharse a sí misma preguntar. Había estado insegura de poder ser capaz de pronunciar una simple palabra como esa ‘segura’. Necesitaba saber si lo estaba.

                Maura asintió lentamente y para no dejarle rastros de dudas, la besó en los labios, pausadamente, disfrutando una vez más de esos labios que había resistido por tantas semanas. El beso se fue tornando más apasionado y necesitado con cada segundo que transcurría entre ellas.

                —Uhmm. —Se separó con un gemido ahogado—. ¿Vamos?

                —Sí. —Se incorporó sentándose, echando de menos el calor de la morena al instante.

                Jane se bajó primero y la ayudó a bajarse. Maura quedó entre su cuerpo y la parte trasera de la camioneta, y no pudo contenerse a dejar otro beso sobre los labios rosados de la rubia antes de guiarla hasta la puerta. El camino a su apartamento, aunque no muy lejos, se sintió como si estuviera al otro lado del país. Sus manos se habían encontrado y entrelazados, y Jane se preguntaba si Maura tenía los nervios a flor de piel como se sentía ella. No podía mirarla a los ojos, así que mantuvo la mirada hacia el frente, en el tráfico. Mientras tanto, Maura acariciaba lentamente con su pulgar la mano de Jane, mirándola de reojo de vez en cuando.

                —P… pasa. —Se mordió el labio al escuchar cómo había tartamudeado al abrir la puerta de la entrada.

                Maura sonrió al percibir el nerviosismo en la voz de Jane; el mismo que sentía ella.

                —Jane… —susurró, esbozando una gran sonrisa. Jane continuó hablando sin hacer mucho sentido, que si Jo estaba que si no estaba, que si estaba muy desorganizado… y continuó así hasta que fue Maura esta vez la que la calló con un beso.

                Un gemido emergió de la garganta de la morena al sentir la lengua de Maura, y recuperando la confianza estrechó el cuerpo esbelto de la rubia al suyo, rodeando su cintura con sus brazos. Maura se dejó guiar paso por paso hasta la habitación, quitando con manos diestras las barreras de ropa que impedían el descubrimiento de la piel que una vez conoció.

                —Eres tan hermosa —susurró Jane, tomando un momento para observar a la mujer que tenía enfrente de ella vistiendo solo con una falda y un sostén negro; los zapatos habían quedado en alguna parte de la sala, olvidados.

                Todo era diferente esta vez. Y las dos lo sabían. Esta vez no habría apuros.

                Maura extendió la mano, tirando suavemente de ella para apoderarse una vez más de sus labios, desabrochando el pantalón de Jane, desesperándose al no poder lograrlo. La morena sonrió sobre sus labios y la ayudó, quitándoselos antes de deshacerse de  su falda y el resto de su ropa.

                —Maur —suspiró sobre sus labios cuando sus pieles se reunieron una vez más.

                Jane cubrió la mano de Maura que acariciaba su mejilla, apenas rozándola. Cuando separó sus labios para decir otra palabra más, fue detenida al sentir el dedo índice de la mujer sobre ellos.

                —No palabras… muéstrame…

                Con una sonrisa en sus labios, Jane besó el dedo que la había acallado unos segundos atrás.

                En un movimiento imprevisto, Maura volteó sus cuerpos, quedando encima de la morena que la miró boquiabierta antes de recuperarse de su sorpresa inicial, colocando sus manos en las caderas de la rubia, disfrutando de la vista. Sus manos acariciaron lentamente la piel del abdomen de Maura, sintiendo como se estremecía con sus roces y caricias. Maura cerró los ojos, disfrutando y sintiendo de las caricias, abriendo los ojos cuando sintió que su sostén era descartado. Jane se incorporó, sentándose y acariciando la espalda desnuda de la rubia, apoderándose de sus labios con pasión antes de bajar por la piel de su cuello, besándola y mordisqueándola.

                Maura sonrió al sentir que Jane retomó el control al colocarse encima de ella. Su cuerpo fue explorado una y otra vez, los jadeos, gemidos y susurros llenaron la habitación. Cuerpos se movieron al mismo ritmo, sintiendo la misma pasión.

                —Shhh —había susurrado Maura cuando hizo que el cuerpo de Jane se estremeciera debajo del suyo, y besó las lágrimas que se deslizaron por su rostro, antes de susurrar palabras a su oído que calmaron a la morena que se aferró a su cuerpo, abrazándola con fuerza a ella.

                Sus ojos comenzaron a abrirse lentamente y su vista comenzó a aclararse poco a poco. Ese no era su techo, pensó y todas las imágenes de la noche anterior fluyeron en su mente. Una sonrisa apareció en sus labios pero flaqueó cuando los recuerdos de su primer despertar después de una noche de pasión con la morena regresaron a su mente. Tenía que hacerlo; tenía que mirar a su lado y comprobar que estuviera allí. El no sentirla con su cuerpo, la tenía con el corazón en la boca. Giró su cabeza lentamente, encontrándose con una cama vacía. Se sentó, sosteniendo la sabana a su cuerpo, cubriendo su desnudes, buscando con la mirada esperando encontrarse con alguna nota.

                “No puede ser…” pensó. No podía hacerle lo mismo otra vez… no sería capaz… no después de la noche que habían tenido. Ya no eran unas desconocidas, ya no era Nueva York… ya habían sentimientos incluidos.

                Se levantó de la cama y miró el suelo al sentir la frialdad al contacto con sus pies descalzos. Frunció el ceño, pensativa,  y ladeó la cabeza; estaba segura que su ropa había terminado en el suelo la noche anterior. Con la mirada recorrió la habitación hasta dar con ella, encontrándola doblada sobre una silla. Con el puño sostuvo con más fuerza la sabana alrededor de su cuerpo y dio unos pasos, deteniéndose al escuchar la puerta crujir y abrirse. Jane entró sosteniendo una bandeja con desayuno.

                —¿Jo te despertó, verdad? Le dije que no ladrara…—decía, entrando en la habitación, solo vistiendo una larga camisa blanca, dejando la bandeja con el desayuno sobre la mesita al lado de la cama para acercarse a Maura que se había quedado inmóvil  en el mismo lugar—. Buenos días, dorm… ¿Maur, qué pasa? —preguntó preocupada al ver que no reaccionaba y las lágrimas brotaban de sus ojos de una forma descontrolada—. Maur… —La abrazó con fuerza a su cuerpo, entendiendo la causa de las lágrimas de la mujer—. Quería despertarte… —susurró a su oído sin dejar de acariciar su espalda tiernamente—. No era mi intención que despertaras sola… no quería eso…

                —Jane. —Se separó apenas unos centímetros, lo suficiente para mirarle a los ojos—No te disculpes… —Miró de reojo la bandeja con el desayuno, que imaginó que le tomó un tiempo en preparar— Es un detalle muy lindo… Solo que no te vi y pensé que…

                —Que se había repetido —terminó diciendo Jane, limpiando con su dedo pulgar las huellas de las lágrimas—. Eso no volverá a pasar nunca más

                —Lo sé. —Sonrió, mirando a la morena a los ojos.

                Jo entró en el cuarto y corrió hasta los pies de Maura para olisquearla.

                —Ahí está la razón de tu despertar —gruñó Jane— Parece que le gustas —sonrió entonces al ver que la perrita movía su cola, feliz—. Eso es bueno porque te verá más seguido. —Al sentir la mirada de Maura, la miró y sonrió— ¿Qué?

                —Más seguido —repitió con una sonrisa.

                —Sí

                Maura sonrió aún más. Jane sostuvo su mano y la llevó de regreso a la cama para que comiera el desayuno.

                —¿Qué tan seguido? —preguntó unos minutos después, antes de tomar otro sorbo del café.

                Jane ladeó la cabeza con una sonrisa pícara. Maura interpretó esa sonrisa y dejó la taza a un lado antes de agarrar en su puño la camisa blanca de Jane y atraerla hacia ella para besar sus labios con intensidad…

—–
N/A: Este ha sido el capítulo final… pero no se preocupen que habrá epílogo.