Yuri Manga and Anime Fanlisting

The Heian period was a period of intense artistic creation in Japanese history. Like the Italian Renaissance or the Chinese Tang period; the cycle of life quality for the well-to-do hit a high and with it came the leisure and drive to create. So much of what we in the West consider “Japanese” culture flourished in that period. Mostly everyone is familiar with Murasaki Shikibu’s famous serial, the Tale of Genji. Fewer people are familiar with the ambiguously comedic/tragic/erotic Torikaebaya, which would probably translate to something like “If only they could switch.” You may recall this story from the 4th season of Maria-sama ga Miteru, in which the Yamayurikai’s school festival play is chosen around Yuki and Yumi’s uncanny resemblance.

When it was announced that veteran manga artist Saitou Chiho, the creator of the Revolutionary Girl Utena manga, would be working on a manga adaptation of the Torikaebaya  (とりかえ・ばや), I was downright ecstatic. Saitou-sensei has repeatedly shown interest in trans* characters and this manga deals not with one character or two who merely switch clothes, but who are entirely suited to the gender expectations of the opposite sex.

The story follows two siblings with the same father and two different mothers, born on the same day. The daughter is active, lively, good at sports, rhetoric and other masculine pursuits. The son is retired, shy, good at music and other feminine skills. Circumstances conspire to allow them to switch clothes – and lives.

I have not read the original in either translation or Japanese and before I even read the manga, I realized that my only encounter with the Torikaebaya was as a comedy, when the Lillian and Hanadera Student Councils had some fun with it. But, I wondered, was it actually a comedy…or a tragedy? As it turns out, we don’t actually know the answer to that. It has been interpreted as comedy, tragedy, social commentary and erotic romp by varying critics in varying ages. That actually made me more interested in it than before! We don’t know what this story is, how cool is that?

Saitou-sensei has specifically set out to treat this story as a story of transexuality. This is stated plainly on the cover and the relationship between gender roles and one’s sex is explored within. The daughter, Sarasoju is painfully aware that she really is not suited to be a girl, and her brother Suiren, likewise, really would do so much better as a girl. They switch clothes and roles and as far as I am in the first volume, their father is complicit in this, having just introduced his “son” to the Emperor.

I have not finished Volume 1, but I know that Sarasoju will play her part as a male well, but that that will not stop her from falling in love with a man, or having intimate relations with him. Her pregnancy is a major part of the original story. But she will also be married to a woman, and in one of the two versions of the tale (known as the Ima Torikaebaya Monogatari), both she and her brother end the tale in functional homosexual relationships.

I’m frequently asked for recommendations on trans* manga, and I usually don’t have much to offer, as trans folks are not well represented. This book will be going on my short recommendation list.

Ratings:

Art – 9 Gorgeous, but how could it not be? Saitou Chiho-sensei doing Heian period. Duh~
Story – 8 I’m intrigued, fearful, hopeful all at once
Characters – 8 Not bad, actually. Dad’s not a bad dude, and Sara and Suiren are sympathizable
Service – 4 Nudity, not nakedness
LGBTQ – 4 We meet them just as their self-identity is forming.

Overall – 9

Saitou Chiho-sensei’s version of the Torikaebaya may well become my go-to version of this Heian classic. Here’s hoping!

If you are interested in a garbled version of the story and a mixed bag of scholarship, here’s the Wiki entry on the Torikaebaya. It’s rather less helpful than I had hoped.

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¡Hola Gente!

Lo prometido es deuda, dos capítulos más de esta historia, y a decir verdad después de la finale de la cuarta temporada de Rizzoli & Isles, agradezco infinitamente que existan los fanfictions.

Enjoy!


Extraños en la noche
Autora: Isles
Capítulo 11

  Maura Isles estaba inmersa en la examinación de los órganos del cadáver que había recibido en la morgue unas horas atrás.      En una mano tomó el corazón, lo pesó y luego agarró un bisturí y se ocupó en inspeccionar el interior del órgano.

                –Ninguna anormalidad –susurró en voz baja antes de hacer una nota de ello. Su mirada permaneció en su escritura por varios segundos, perdida en sus pensamientos. Se aclaró la garganta y con la parte posterior de su mano cubierta con un guante de látex, se acomodó las gafas protectoras. Dispuesta a continuar con su trabajo, regresó al reviso interno del cadáver.



                –¡Doctora Isles! –saludó Frost emocionado, pero cuando vio el cuerpo abierto sobre la mesa de aluminio, se detuvo en seco e intentó mantener la mirada en el rostro de la rubia.

                Maura alzó la mirada y sonrió al ver a los detectives enfrente de ella.

                –Buenas tardes, detective Frost, Rizzoli. –Continuó con su trabajo, pero ahora una sonrisa leve estaba dibujada en sus labios.

                –Me alegro mucho de tenerla de vuelta, doctora. –Jane tenía sus manos cruzadas enfrente de su cuerpo, embozando una gran sonrisa–. ¿Qué pasa Frost? –le dijo a su compañero, con un tono burlón.

                –Nada. –Tragó en seco y miró el cuerpo, intentando mantener una expresión inexpresiva pero cuando sintió una oleada de asco al ver como las manos de Maura se introducían en la cavidad abdominal y movían las los órganos y las tripas, hizo una cara como si fuera a vomitar en cualquier momento–. Oh –se quejó al ver que la forense examinaba el estómago.

                –Puede usar el lavado si lo necesita, detective Frost –aconsejó la doctora.

                –Estoy bien, solo quería saber si tenía los resultados de las pruebas de ayer.

                –Sí, Susie los tienes en el laboratorio, detective.

                –¡Gracias! –se apresuró a decir y se dio media vuelta, caminando rápidamente hacia el laboratorio.

                Maura alzó su mirada por un instante, observando cómo Jane se reía de su compañero.

                –No todos tienen el estómago para esto, Jane.

                –¿Intentas decirme que debería dejar de joderlo tanto? –Se acercó a la mesa de autopsia hasta quedar enfrente de la rubia que comenzaba a cerrar el cuerpo, preparándose para comenzar con las suturas. Maura simplemente la miró con una pequeña sonrisa que se convirtió en una risa conservada–. Es detective, Maur. ¿Cómo no molestarlo? Por cierto, ¿cómo dejó tus cosas el Dr. Pike?

                Maura soltó un suspiro exasperado.

                –He demorado media hora para empezar con la autopsia porque me dejó todas mis herramientas fuera de lugar –dijo con seriedad, haciendo una mueca con sus labios.

                –Imagino –murmuró la morena, quedándose abobada con lo adorable que se veía la doctora al hacer esa mueca molesta.

                –Pero ya todo está en orden… no me gusta que desorganicen mis cosas –decía, concentrada en la sutura que hacía.

                –¿Y cómo te sientes? ¿Descansaste bien?

                –Me siento bien, Jane. Puedo trabajar, necesito trabajar.

                Jane se mordió el labio inferior y ladeó la cabeza, sintiendo los nervios apoderarse de ella. Descruzó las manos y las apretó varias veces intentando reunir el coraje que necesitaba para preguntarle lo que venía pensando desde el día anterior. Maura no había mencionado nada, ¿acaso se había olvidado que habían quedado en ver una película? ¿O tal vez no había dicho nada porque se arrepentía?

                –Maura…

                Las manos de Maura detuvieron sus movimientos y alzó la mirada una vez más.

                –Eso es una señal de frustración sexual –bromeó, observando cómo Jane jugaba con un mechón de pelo, enredándolo en su dedo.

                –¡Qué!

                Maura se rio. Cuando Jane cayó en cuenta, la miró con una cara que gritaba “¿En serio?” que hizo que Maura riera aún más.

                –O tal vez es que estoy… –Apretó los labios con fuerza al darse cuenta que estuvo a punto de decir que estaba nerviosa.

                –¿Estás…? –preguntó Maura unos segundos después y continuó con la sutura.

                –No es nada… Maura…

                –¿Dígame, detective? –No podía dejar de sonreír.

                –Sobre esta noche… –Permaneció en silencio por varios segundos, los suficientes para que Maura volviera apartar la mirada de lo que hacía y la mirara ansiosa por escuchar lo que quería decir. 

                –¿Sí? –dijo para alentarla a continuar.

                –La película…

                Maura se detuvo una vez más, pero esta vez dejó los instrumentos sobre la mesa y caminó hacia el extremo de la morgue para quitarse los guantes y lavarse las manos. Se subió las gafas hasta la cabeza y se acercó a la morena que aún la miraba sin haberse movido ni un centímetro. Una vez enfrente de ella, los labios de Jane se abrieron poco a poco; no era la primera vez que veía a Maura con el pelo recogido hacia arriba con varios mechones que se escapaban del agarre de la coleta. Pero ahí estaba enfrente de ella, vistiendo el uniforme negro que siempre usaba para realizar las autopsias, el cabello recogido y las gafas protectoras que le daban un toque inexplicablemente sexy.

                –Esta noche. –Asintió, emocionada.

                –Quería confirma que aún querías… si no te sientes bien o…

                –Jane me siento bien, ya te dije. Y aún quiero ver esa película, no puedo negar que me he quedado con la duda de qué hicieron en la película, porque ya sé que pasó con el RMS Titanic.

                –Espero que te guste entonces –dijo con más seguridad en su voz.

                –Dicen que lo más importante es la compañía. –Sus ojos claros se clavaron en los de Jane que sintió su cuerpo estremecerse al caer en cuenta de lo que acababa de decir la forense.

                –Entonces espero que la compañía sea igual de agradable. –Sonrió, sintiendo su nerviosismo previo disiparse en el aire como si nunca hubiera existido.  

                –Estoy segura que lo será.             

                Permanecieron inmóviles, mirándose por varios segundos, segundos que se sintieron como minutos para las dos mujeres. El móvil de Jane había comenzado a vibrar en su bolsillo, pero todos sus sentidos estaban centrados en la mujer que tenía enfrente.                

                –Entonces nos vemos esta noche.

                –¿A las ocho está bien?

                –Perfecto.

                Maura asintió complacida y se bajó las gafas.

                –Creo que tu móvil está vibrando otra vez, Jane –dijo divertida.

                –¿Otra vez? –Reaccionó y sacó el aparato del bolsillo, leyendo el mensaje que había recibido después de tres intentos de llamada–. Es Korsak. Ya casi lo tenemos, Maur.

                –Predigo que te refieres al caso.

                –Claro. Tengo que subir, tenemos una ubicación. –Movió las manos intentando articular las palabras que no salían de su boca. ¿Por qué siempre era tan difícil despedirse de Maura? ¿Por qué la primera vez no lo hizo bien?

                –Ve con cuidado. No quiero que bajes a mi morgue sangrando de la nariz otra vez.

                –Eso no fue… –Suspiró dándose por vencida–. Nos vemos esta noche, Maur.

                –A las ocho puntual, detective.

                –¡Sí! –exclamó, caminando apresuradamente para reunirse con Korsak.

                Maura permaneció en el mismo lugar hasta que Jane desapareció de su vista. Se dio la vuelta y con una sonrisa se puso un par de guantes limpios y regresó a su trabajo. Ya se había olvidado del enojo que había sentido al llegar ese día y encontrar todos sus instrumentos fuera de lugar. Ahora solo quería que las horas pasaran rápido.


*****

                –¡Maura!

                Fue lo primero que escuchó al poner un pie en el café. Ya reconocía a la dueña de esa voz. 

                –Buenas tardes, Angela. –Sonrió, acercándose al mostrador–. Lo mismo de siempre.

                –¿Cómo te encuentras? Me había preocupado al no verte en la mañana.

                –¿Se preocupó? –susurró sorprendida, “¿Por mí?” pensó.

                –Claro. Janie me dijo que habías llegado bien, entonces me quedé más tranquila.

                Maura la miró con una expresión en blanco. No sabía cómo reaccionar o qué decir. Era raro que alguien se preocupara por ella, especialmente personas que apenas conocía; como la madre de Jane. Jane también estaba incluida en esa lista, que se había preocupado y cuidado de ella esos días que estuvo enferma.

                –No quise preocuparla, señora.

                –Angela. Me puedes llamar Angela.

                –Angela.

                La mujer sonrió complacida y asintió antes de girarse para prepararle el café. Mientras tanto, Maura intentaba comprender la actitud cariñosa de Angela. ¿Acaso era así con todos? Jane le había dicho que había hablado con su madre sobre Milo… ¿acaso también había hablado de ella? En ese momento recordó algo y abrió los ojos desmesuradamente.

                –¡Muchas gracias por la sopa que me mandó con Jane! –Su tono fue más alto de lo deseado, y varias personas dirigieron sus miradas hacia ella. Aclaró la garganta, apenada.

                –De nada, Maura. Me alegra que te sientas mejor. ¡Por cierto! Jane me habló sobre tu hermanito, dice que es un encanto.

                –Sí. El lunes se quedará conmigo, lo podrías conocer.

                –¡Me encantaría!

                –Disculpa Angela –dijo al escuchar su móvil. Introdujo una mano en un bolsillo de su bata blanca y sintió que se quedaba sin aire al leer una y otra vez el mensaje que había recibido–. Lo siento mucho Angela, tengo una urgencia.

                –Pero tu café… –dijo, pero Maura ya no la podría escuchar; había salido casi corriendo.


*****

                Nunca en su vida había conducido tan rápido como lo había hecho para llegar a la dirección que le había enviado Frost unos minutos después de haber recibido el primer mensaje. Lo primero que había leído en el mensaje y que la alarmó, fue el “911”. Sabía lo que significaba, pero desde que había comenzado a trabajar en Boston, no había recibido uno así. “911” significaba que uno de ellos estaba herido, o peor.

                Quedó boquiabierta cuando se bajó del auto y le tomó varios segundos para reaccionar. El almacén a unos metros de ella estaba en llamas y estaba rodeado de bomberos, ambulancias y una docena de patrullas. Mostró su identificación a cualquiera que se le acercaba, pero después de la tercera persona que pidió ver su identificación, decidió no prestar atención y seguir buscándola.

                –Maura –llamó Frost, acercándose a ella.

                Maura abrió su boca al verlo con una venda en el brazo.

                –¿Qué le pasó? –preguntó desesperada.

                –No es nada grave, doctora. Todos estamos bien.

                La mujer lo miró alucinada, ¿cómo que todo estaba bien? A su lado había un almacén en llamas y su brazo estaba vendado.

                –No es tan malo como parece –dijo, como si pudiera escuchar todo lo que estaba pasando por la mente de la mujer.

                –¿Y Jane?

                Frost se giró y señaló hacia unas ambulancias que estaban en la esquina de la calle, lejos de todo el caos. Maura se apresuró sintiendo un peso en su pecho, temiendo por el bienestar de Jane. Cuando pasó por el lado de una de las ambulancias, escuchó su voz carrasposa y cuando se asomó se encontró con una morena que intentaba librarse del paramédico que solo quería ayudarla.  

                –Jane…

                Jane dejó de discutir con el joven paramédico y miró a la mujer, sorprendida al verla allí.  

–Maur… ¿Qué haces aquí?

                El paramédico intercambió la mirada entre las dos mujeres.

                –Soy la doctora Maura Isles, yo me haré cargo de los cuidados de la detective Rizzoli desde ahora –le dijo con un tono autoritario. Los hombros del paramédico se relajaron visiblemente, a lo que Jane hizo una mueca que mantuvo hasta que el hombre había bajado de la ambulancia y desaparecido de su vista–. Siéntate –ordenó y subió por la parte trasera de la ambulancia.

                Por un segundo, Jane quedó boquiabierta teniendo un presentimiento de esos que odiaba de: “déjá vu”. “Siéntate” le había ordenado también aquel día que Frost y Korsak la obligaron bajar a la morgue para que Maura le echara un vistazo a la herida en su nariz. Se dejó caer sobre la camilla y Maura se sentó enfrente de ella. No había mucho espacio como era de esperar, pero Maura no parecía afectada por eso.

                Jane frunció los labios observando cómo Maura intentaba organizar las gasas que el paramédico había dejado atrás; sus manos temblaban.

                –Maur. –Detuvo lo que hacía al agarrar su mano. Y por primera vez, Maura permitió que sus ojos examinarían el estado de Jane; su blusa gris estaba manchada, la piel del torso, cuello y hasta las mejillas también. Parecía que se había revolcado en ceniza.

                –Pensé haberte dicho que te cuidaras… ¿Tienes alguna herida superficial? –preguntó a la vez que examinaba los brazos de Jane.

                –No. Es lo que intentaba decirle a ese hombre.

                –¿Al paramédico? –Su mirada se encontró con la de Jane.

                –S… sí. –¿Por qué Maura la miraba de ese modo? Como si estuviera a punto de romperse a llorar. No le había pasado nada, en serio se veía peor de lo que era.

                –¿Segura?

                –Segura, solo tengo un rasguño aquí. –Giró la palma de la mano izquierda que había mantenido cerrada y la abrió para que pudiera ver. Efectivamente, a lo largo de la palma corría un rasguño diagonal.

                –Necesitaré limpiarlo y vendarlo. –Avisó y comenzó a buscar el alcohol y los vendajes–. ¿Me dirás que pasó?

                –Lo tenemos, Maura. Por fin lo tenemos, el desgraciado. –Se mordió el labio inferior, acallando el gemido al sentir el ardor por el alcohol.

                –Eso sí es una buena noticia –expresó pero se mantuvo seria mientras atendía la mano de Jane–. ¿Y el fuego?

                –Quería deshacerse de todas las pruebas… por un instante pensé que quedaríamos atrapados ahí adentro. Hace pensar que la vida es corta y no se debe perder ninguna oportunidad. –Maura apartó la mirada del rasguño y la miró a los ojos. Jane le sonrió antes de que comenzara a vendar la mano.

                –Comienzo a pensar que eres una persona algo negligente cuando se trata de tu propio bienestar.

                –Viene con el trabajo –explicó, a lo que Maura contestó con un “hmm” –. Tenemos un cuerpo que pensábamos que podrías examinar, pero tuvimos que moverlo si no estaría en cenizas ahora. Lo he enviado a la morgue.

                –Perfecto.

                –No tienes que hacer eso –dijo al sentir la gasa húmeda en su mejilla.

                –Lo sé. –Continuó limpiando el rostro de Jane.

                Maura era consciente de la mirada penetrante de Jane. ¿Cómo no estarlo? Sus rostros apenas estaban separados por unos centímetros y sus dedos sostenían levemente la barbilla, moviendo el rostro de Jane de un lado a otro como fuera necesario para limpiar hasta el último rastro de ceniza y polvo de los escombros. Jane tragó en seco y cubrió la mano de Maura con la suya. La rubia reaccionó dando un brinco al ser sacada de su trance de concentración. Sus miradas permanecieron conectadas y el rostro de Jane comenzó a acercase al de Maura. Los labios de Maura se separaron lentamente, sintiendo todo su cuerpo vibrar con anticipación.

                –Maur… –susurró y Maura cerró los ojos al sentir el aliento de su nombre susurrado sobre sus labios.

                –¿!Dónde está mi heroína!?

                La voz de Korsak y la palmada que dio al lado de la ambulancia provocó que las dos mujeres se separan con tal rapidez que Jane se golpeó la cabeza con los compartimientos que habían detrás de ella.

                –¿Estás bien? –Se apresuró a decir Maura.

                –Te he encontrado, me preguntaba donde estab… –Korsak las miró confundido. Las dos se estaban riendo histéricamente–. Al menos ya sé que estás bien.

                –¿Está herido Korsak? –preguntó Maura cuando su risa cesó.  

                –Estoy como un jovencillo, doc. Por fin podremos descansar un poco.

                –Jane me dijo que lo han capturado.

                –¡Así es, doc!

                –Me alegro mucho, Korsak.

                –Sin tu ayuda no hubiera sido posible, Maura

                –Solo hice mi trabajo.

                Korsak la miró con una mirada agradecida, sonriendo al notar el sonrojo en las mejillas de la doctora.


*****

                –He traído cerveza. Es la que te gustó en el Dirty Robber –anunció cuando la puerta se abrió.

                Maura la miró a los ojos, luego a la caja de cerveza y terminó en la copa de vino que sostenía en la otra mano.

                –Oh… ya estás tomando vino.

                –Pasa. –Abrió la puerta un poco más y siguió la morena que entró y se mantuvo de pie a su lado. A diferencia de unos días atrás cuando cuidaba de ella, ahora no parecía tan segura y cómoda en la casa de Maura.

                –Puedes ponerlas en el refrigerador, Jane –dijo y sonrió al ver que Jane reaccionó al escuchar su voz.  

                –Pensé que no podías tomar vino con medicación –decía mientras abría una de las cervezas y guardaba el resto. Tomó un gran sorbo y cerró los ojos sintiendo el líquido bajar por su garganta. Maura tomó un sorbo del vino, observando la espalda de la mujer.

                –Así es. Por eso no he tomado ninguna medicación.

                Jane se rio y se giró, caminando hacia Maura.

                –¿Lista para ver el Titanic hundirse?

                –¿Eso no es un spoiler? –Maura ladeó la cabeza.

                –Pensé que habías dicho que ya sabías que pasó con… ¿qué era? ¿RMS Titanic?

                –Sí. –Se sentó en el sofá y buscó la película en Netflix. Jane se sentó tan cerca que sus brazos casi se rozaban. Maura suspiró sin despegar la mirada de la pantalla; no se había esperado ver una historia de amor. Jane le había bromeado al preguntarle si iba a llorar, pero ella descartó el comentario con un golpecito de su codo, y siguió concentrada en la película.

                –No lo puedo creer… murió. –Era consciente que la frustración que sentía en ese momento era irracional pero no podía evitarlo. Exhaló con fuerza y dirigió su mirada hacia Jane, extrañada de no haberla escuchado burlarse de ella como lo había hecho al principio de la película–. Jan… –Se mordió el labio al notar que la mujer se había quedado dormida–. Falta de sueño –susurró, notando el cansancio en el rostro relajado de Jane. Era consciente que no había dormido mucho; trabajaba hasta altas horas en la noche para resolver el caso, y tampoco olvidaba que no había dormido para cuidar de ella. Maura se iba a levantar para servirse otra copa de vino cuando el móvil de Jane comenzó a sonar sobre la mesita de café. Maura se apresuró para agarrarlo y presionar el botón del lado para silenciarlo; quería que Jane descansara. Al presionar el botón, la pantalla se iluminó y Maura quedó boquiabierta al ver la imagen que se presentó ante sus ojos: la foto de Nueva York…

                Respiró profundamente por varios segundos y volvió a colocar el aparato sobre la mesita. Su corazón latía con fuerza. Jane había conservado esa foto durante todo ese tiempo…

                “¿Por qué?” pensó, recostándose otra vez en el sofá, estupefacta. Su mente había sido alabada muchas veces, pero en ese momento no era más que un torbellino de pensamientos sin coherencia. Por si no fuera suficiente, sintió un peso sobre su hombro y contuvo la respiración. No necesitaba comprobar que, de hecho, era la cabeza de Jane recostada sobre su hombro.


                Una sonrisa se formó en la comisura de sus labios y cerró los ojos… 

Capítulo 12

A/N: Ante de nada quiero agradecerles, otra vez, por la paciencia y la espera. Que conste que aún es sábado en algún lugar del mundo.No sé por qué pero durante la semana quería escribir algo en un parque, así que me inspiré con el parque de Boston que es hermoso. En el capítulo mencioné el puente Lagoon (que es el que se ve en la foto también )  

Y como siempre ) espero que les guste. Saludos <3


               –¡Qué calor! –exclamó Angela, agitando el abanico con más fuerza.

            Y tenía razón; era uno de los días más acalorados del año. Aún faltaba dos semanas para el verano pero se sentía como si estuvieran en el medio de junio.  Maura caminaba sonriendo a su lado, escuchando las quejas y las anécdotas de cuando traía a Jane, Tommy y Frankie al jardín público de Boston cuando eran niños. Las dos siguieron caminando por varios minutos, siguiendo a las dos personas que corrían delante de ellas.

            –Setenemos allí –dijo después de cruzar el puente Lagoon, señalando hacia un banco cerca del lago.

            Maura se sentó con un suspiro audible. El viento era fresco allí y la sombra del árbol detrás del banco lo hacía el lugar perfecto para descansar y pasar el resto de la tarde. Cerró los ojos, disfrutando de la brisa y el silencio que Angela le otorgó por varios segundos y que duró poco cuando escuchó unas risas. Al abrir los ojos se encontró con la imagen perfecta: Jane y Milo jugando al borde del lago. Janea apartó la mirada del agua y miró a Maura como si hubiera podido sentir su mirada sobre ella. Maura sonrió ligeramente, hipnotizada por la imagen que tenía enfrente: el sol sobre la piel bronceada de Jane, sus ojos brillantes y una sonrisa de oreja a oreja. En ese momento Milo le dijo algo y Jane contestó, mojando sus dedos en el agua y el niño hizo lo mismo. Se había sentado lo más cerca del agua posible, asegurándose Milo no saltara para intentar atrapar los patos que estaban cerca.

            –Es muy lindo Milo –comentó Angela, observándolos también.

            –Sí. Está muy contento. Creo que le gusta Boston.

            –O estar con su hermana –sugirió, despegando la mirada de su hija para mirar a Maura a los ojos.

            –Sí… –susurró en voz baja pero la inseguridad en su tono era palpable.

            –Eres una buena hermana –aseguró. Solo la había visto interactuar con su hermanito por dos días, pero eso había sido más que suficiente; en sí, en los primero tres minutos se dio cuenta que Milo era lo más preciado para Maura.

            Maura se limitó a ofrecerle una leve sonrisa. Nunca había sido buena con las personas aunque los niños eran más fácil de tratar, a veces. Había tenido una crisis de pánico cuando sus padres le dieron la noticia de que tendría un hermano. Pensaba que le esperaría el mismo futuro que a ella, y en aquel momento no quería eso para ningún niño: la soledad. No quería eso para Milo. Pero con él todo había sido diferente; sus padres eran más atentos y tenían más tiempo para estar con él, pero también tenía algo más que ella nunca tuvo: una hermana.

            –¡Mau! –gritó Milo, moviendo sus brazos para que fuera con él. Maura se levantó riendo, intercambiando una mirada con Jane cuando pasó por su lado.  

            –Me dan ganas de brincar al agua –dijo Jane al sentarse al lado de su madre en la banca,  separando la blusa de su piel para sentir un poco de aire fresco.

            –Ni lo pienses. No dudo que lo harías –advirtió su madre, entregándole una botella de agua fría que sacó de la canasta.

            –Ya no soy una niña, Ma. Claro que no haría algo así –Bebió casi la mitad de la botella, suspirando contenta.

            –Claro, eso dices ahora. ¿Y qué fue lo que hiciste hace dos años con Tommy? –Se levantó de la banca y sacó un manto de la canasta,  que tendió sobre el pasto. 

            –¡Tommy me empujó!

            –Claro. Siempre le echan la culpa a él.

            –Y tú siempre lo defiendes –refutó, mirando el contenido de la canasta–. ¿Tanta comida? Solo somos cuatro, Ma.

            –Y serán tres. –Se volvió a sentar en el banco, con una sonrisa orgullosa en sus labios.

            –¿De qué hablas?

            –A veces me pregunto cómo es que puedes trabajar de detective. –Suspiró moviendo la cabeza de un lado a otro–. He quedado con mis amigas al otro lado del lago. Tengo emmm. –Miró el reloj en su muñeca–. Unos veinte minutos antes de que Teresa me he llame con una emergencia existencial a lo cual no podré negarme.

            –Ma… A Maura no le gustará eso.

            –Entenderá, además, creo que estará agradecida de un descanso de mí. –Miró a un lado apenada–. No he dejado de hablar todo el día. ¡Y no tiene por qué saber!

            –¿Tú hablando mucho? ¡Ja! –Soltó una carcajada que no cesó hasta que su madre le dio un golpecito en el hombro.

            –Tú eras la que querías un picnic, nada más se te ocurrió comentarlo estando yo presente. En serio que no sé dónde quedó tu lado romántico, si es que tienes uno. A la pobre Maura no le quedó de otra que invitarme a mí también. Me gusta, es una buena mujer.

            –Lo es –susurró, ignorando el otro comentario de su madre ¡Claro que era romántica! Solo tenía que buscar ese lado de ella… y esperar a encontrarlo.

 Sus ojos se clavaron en Maura; se había sentado y cruzado las piernas en el mismo lugar donde ella había estado. Milo se sentó sobre su muslo y había pasado uno de sus brazos por el cuello de Maura que estaba desnudo gracias a la coleta que recogía su cabello dorado. Jane sonrió para sus adentros al pensar que la mujer no tenía ninguna barrera con el niño; había imaginado que Maura nunca se hubiera sentado en el pasto, y mucho menos con el pantalón color claro que llevaba puesto.

            –Y es muy buena con los niños. –La voz de su madre interrumpió sus pensamientos.

            –Sí, lo… espera, ¿por qué lo dices esa forma tan insinuante? –Apartó la mirada de Maura para mirar a su madre que ahora tenía una media sonrisa.

            –¿Insinuante? No sé de qué hablas.

            –¡Cómo si no te conociera yo!

            –Solo fue un simple comentario.

            –Contigo nada es simple. –Gruñó y se bebió el resto del agua que quedaba en su botella.

            –He llegado a la conclusión que pues, aunque seas… –titubeó, buscando las palabras adecuadas al sentir la mirada curiosa de su hija sobre ella–. Si vas a tener una relación con una mujer, digo, con Maura, pues… –El rostro de Jane comenzaba a formar una mueca. No podía creer que su madre le estuviera diciendo algo así–. He estado investigando y…

            –Oh Dios…

            –Pues igual me puedes dar nietos y a Maura le gustan los niños así que… quiero mis nietos.

            Jane la miró boquiabierta. No sabía si reírse o qué.  

            –Ma. –Se acercó un poco más a su madre en el banco y bajó la voz para que Maura no la pudiera escuchar, aunque a la distancia que estaban eso sería algo muy improbable–. ¿Maura y yo ni siquiera estamos en una relación y tú ya estás pensando en nietos?

            –¿No están juntas? –La sorpresa en su rostro no pudo ser más sincera.

            –¡No! ¿Por qué pensaste algo así?

            –¿Pero acaso eso no es lo que quieres?

            –¡Sí!

            Angela suspiró y se frotó la sien con los dedos.

            –Pensé que lo habías arreglado ya. Dormiste en su casa el viernes cuando me dijiste que solo iban a ver una película y me pediste que cuidara de Jo, ¡No regresaste hasta el sábado! Y esta semana han estado inseparables, qué más podría pensar si…

            –¡Ma! –la interrumpió antes de que pudiera seguir–. Ya te dije que no pasó nada… simplemente me quedé dormida.

            –Ujum. Claro.

            Jane exhaló con fuerza, clavando la mirada en la rubia una vez más. Podía recordar aquella noche como si hubiera sido ayer. No estaba muy segura del momento en que se quedó dormida, pero sí el despertar: antes de abrir los ojos había sentido una calidez y una aroma exquisita; el perfume le dio una sensación de calma y tranquilidad, de sueño ininterrumpido. No podía distinguir el aroma muy bien pero podía oler algo de bergamota, madera de cashmere y rastros de jazmín. El olor la había regresado en el tiempo a Nueva York;  a aquella noche que besó cada centímetro de su piel y que el mismo aroma inundó sus sentidos, el mismo que se quedó grabado en ella durante esos meses.

            –Te he despertado…

            Jane abrió los ojos al escuchar el susurro apenas audible. Lo primero que vio fue letras y cuando su visión se aclaró se dio cuenta que Maura estaba leyendo una revista.

            –La película… –Se incorporó un poco al darse cuenta que estaba apoyada en Maura.

            –Terminó hace un rato… no quería despertarte –Apartó la mirada de la revista y la miró. Jane se quedó boquiabierta, presenciando la nueva y desconocida adición en el aspecto de Maura.

            –¿Usas gafas? –preguntó, maravillada con lo bien que le quedaban.

            –A veces. Solo para leer… Debes descansar más… tal vez quieras irt-

            –No –se apresuró a decir. No sabía qué hora era y tampoco importaba. En un momento de impulsividad volvió a recostar la cabeza en el hombro de Maura y suspiró–. Estoy a gusto aquí…

            –Está bien… –Regresó la mirada a la revista y siguió leyendo hasta que a los pocos segundos volvió a escuchar un susurro “Contigo” que la dejó con la mente en blanco e incapacitada para seguir con la lectura.  

            –Solo quiero darte un empujoncito.

            –Y te lo agradezco, Ma. Pero eso no es necesario, ya estoy bastante grandecita y sé lo que quiero. Las cosas han ido bien y quiero que sigan así. No quiero forzar nada con Maura.

            –Por la forma que te mira no creo que estés forzando algo; esa mujer te mira con amor, Janie.

            –Ya le hice daño una vez. No quiero volver hacerlo y por eso mismo quiero cuidar esta amistad que tenemos. Si ella me da otra oportunidad… yo contenta la aceptaré.

            –Espero que así sea, hija. –Sonrió al ver que Maura se acercaba, siguiendo a Milo que corrió hacia Jane y se sentó en la banca con su ayuda.

            –¿Tienes hambre Milo? –le preguntó Jane y él asintió con un sí. Maura se sentó al lado de Jane, agradecida de estar de regreso en la sombra. Angela le ofreció una botella de agua y la compartió con Milo.

            El móvil de Angela comenzó a sonar y contestó fingiendo sonar sorprendida a lo cual Jane puso los ojos en blanco. No se creía que su madre podía mentir así de fácil.

            –Oh Teresa, ¡Lo había olvidado! Ahorita mismo voy –decía.

            –¿A dónde vas, Ma? –preguntó Jane intentando ocultar una sonrisa pícara. Angela le lanzó una mirada seria.

            –Lo siento Maura, pero una amiga mía me necesita… –se dirigió a la rubia, ignorando la pregunta de su hija.

            –No se preocupe Angela, debe ser importante.

            –¡Eres un ángel! Espero que disfruten del resto del día. ¡Adiós, Milo! 

–besó la mejilla del niño. 

            –Humm –dijo Jane, siguiendo con la mirada a su madre.

            –¿Estás triste porque no se despidió de ti con un beso?

            Jane giró su cabeza con tal rapidez que el cuello le sonó.

            –Creo que soy una mala influencia en ti. Ese tipo de sarcasmo humorístico…

            –¿Acaso me estás diciendo que tu humor es malo?

            –Maur…

            –¡Pato! –exclamó Milo y se bajó de la banca para acercarse al agua.

            –Milo no te acerques mucho. Siéntate ahí. Sí, ahí. –Su hermano la miró e hizo lo que le ordenó, sentándose a la orilla mirando como los patos se movían de un lado a otro–. Pronto le tendré que cortar un poco el pelo… –pensó en voz alta.

            Jane estaba sacando los alimentos de la canasta y la miró sonriendo antes de mirar al niño.

            –Si no quieres que se muera de calor, sí.

            –Tú y yo tenemos pelo largo y no nos estamos muriendo.

            –Y por algo ambas lo tenemos recogido y Milo es un chico.

            –El sexo no tiene nada que ver; hay hombres que se son muy atractivos con el pelo recogido.

            –Pocos pero cierto. Y Milo es un niño. –Se rio ante la mirada confusa de Maura– ¿Quieres comer?

            –Sí. –Llamó a Milo y los tres comieron sentados sobre el manto en el pasto. Jane pensó que hubiera sido buena idea traer a Jo así podría correr y jugar con Milo. Cuando se lo comentó a Maura, Milo se emocionó y pidió conocer a la perrita.

            –Ella también es protectora como yo –le decía la morena al niño que estaba sentado enfrente de ellas terminando de comer su sándwich–. Pero no te hará daño, creo que estará muy feliz de poder jugar contigo.

            –¿No juegas con ella?

            –Sí pero no puedo hacerlo mucho por el trabajo.

            Detrás de las gafas oscuras, Maura la miraba con ternura. A pesar de lo que Jane le había dicho, era muy buena con los niños y se le daba de forma natural aunque ella no lo viera del mismo modo. Después de terminar de almorzar, descansaron la comida recostadas sobre la manta con Milo entre e

Hola Yurifans,

Primero que nada les quiero ofrecer una disculpa por dejarlos esperando tanto tiempo, mi servicio de Internet en casa sufre “una falla masiva” (es lo que dicen los del servicio técnico). No se, como vuelva a llamar sin obtener solución y encima me digan “Señora” mato a alguien eh.

En fin, para compensar acá están dos capítulos seguidos y dejaré programado otros dos para mañana.

Mil gracias a Isles por compartir esta historia )

Extraños en la noche
Capítulo 9

A/N: Perdonen por la demora con este capítulo. Espero que les guste. Por cierto, falta poco para que este fic termine )

                Jane pestañó varías veces antes de sacudir la cabeza, intentando deshacerse del sueño que sentía. En sus manos sostenía una revista e intentaba leer, pero lo único que veía eran fragmentos de palabras difusas. Cerró la revista y agarró el móvil que yacía a su lado. Eran casi las 4:00AM. Con un suspiró se levantó y estiró los brazos a la vez que bostezaba. La noche había transcurrido sin problemas; Milo no se había despertado, Maura había despertado por varios segundos unas horas atrás pero siguió durmiendo.


                “Maura” pensó, dirigiendo la mirada hacia las escaleras que la llevarían hacia la habitación de la mujer.

                Se estiró una vez más y dio la vuelta al sofá, caminando hasta la cocina para buscar un poco de agua. Cuando estuvo a punto de poner un pie en el primer escalón de la escalera, se detuvo y miró en dirección del cuarto del niño. Sin pensarlo dos veces se dirigió lentamente hacia él para asomarse por la puerta, asegurándose de que estuviera bien. Milo dormía tranquilamente aferrado a su manta. Jane no pudo evitar la sonrisa que se dibujó en sus labios al notar el brillo de la placa que le había dejado sobre la mesita de noche. Milo se llevaría una gran sorpresa al despertar, de eso estaba segura.

                Con vaso en mano subió las escaleras, escuchando el crujir de la madera con cada paso que daba. Cuando abrió la puerta de la habitación de Maura, abrió los ojos sorprendida al ver que la mujer movía uno de sus brazos e intentaba levantarse. Jane se apresuró hacia ella, dejando el vaso del agua al lado del otro vaso vacío sobre la mesita de noche.

                 –Te ayudo  –susurró en silencio de la habitación, ayudando a la rubia a sentarse en la cama. Maura la miró con una mirada desconcertada.

                 –¿Jane?

                La morena ahogó una carcajada al escuchar el tono desconcertado con el que pronunció su nombre. Estaba segura que la confusión en los ojos claros de Maura se debía a la fiebre y el hecho de que sus ojos estaban apenas abiertos.  

                 –Hicimos un trato, ¿recuerdas? Yo me quedaba para cuidar de ti y así podrías dormir tranquila. –Le recordó.

                 –¿De mí?  –Su tono hizo que Jane ladeara la cabeza con curiosidad–. De Milo. Lo que más importa es el bienestar de Milo –aclaró, mientras que con sus manos recogía su cabello dorado haciéndolo a un lado.

                Jane sonrió disimuladamente. Si de ese modo quería verlo la mujer, le seguiría el hilo.

                –Claro, y no tienes que preocuparte por él porque está durmiendo como un angelito –decía mientras humedecía un pañuelo.

                –¿Qué haces? –preguntó con tono alarmado al sentir los largos y fríos dedos de Jane acunar su barbilla, haciendo que alzara la cabeza.

                –Cumpliendo con mi parte del trato –murmuró de forma apenas audible, concentrada en lo que hizo siguiente: usó el pañuelo húmedo para limpiar el sudor de la frente de Maura. Sus ojos estaban fijos en la piel que limpiaba, tenían que estarlo. Sentía la mirada de Maura sobre ella, como si estuviera estudiando cada centímetro de su rostro. Y estaba segura de que si sus miradas se cruzaban, sería su perdición. Pero ese no era momento para eso. Lo que más deseaba en ese instante era que Maura se recuperara–. Te he traído un poco de agua –. Acercó el vaso y Maura le agradeció con una sonrisa afable.  

                –Me siento mal por hacer que te quedarás ¿No has dormido nada? –preguntó antes de tomar otro sorbo de agua.

                La confesión tomó por sorpresa a la morena, pero se recuperó rápido. Ya se había olvidado del sueño que sentía unos minutos atrás.  

                –¿Cómo voy a cuidart…cuidar a Milo si duermo?

                –Tienes que trabajar… –susurró sintiéndose culpable de haber privado a la detective de su sueño. Ella tenía dos días libres, pero Jane no.

                –Deja que yo me preocupe de eso –. Agarró el vaso vacío de las manos de Maura, tragando en seco al sentir el roce de sus dedos.

                –Necesito ir al baño –decía, levantándose, cerrando los ojos al sentir una presión en su cabeza.

                Jane la sostuvo rápidamente al ver que se tambaleó.  

                –Eres muy testaruda, déjame ayudarte.  

                –No soy testaruda.

                –Como diga doctora Isles. –Esta vez no pudo reprimir la risa. La ayudó a caminar, sosteniéndola de un brazo y con la otra mano en la espalda baja–. Te esperaré aquí –avisó abriendo la puerta del baño en la habitación de Maura y se apoyó en ella al cerrarla. Cerró los ojos para descansar la vista y de repente sintió todo el cansancio acumulado de esos días. Su garganta emitió un sonido de frustración al pensar que le esperaba un largo día de trabajo.

                Abrió los ojos al sentir que la puerta se abría y se giró para mirar a la rubia.

                –Necesito tomar la temperatura –le dijo al ayudarla a sentarse en la cama nuevamente.

                Maura se acomodó acostándose y cubriéndose hasta la cintura con la sabana. Extendió su mano hacia la morena que le entregó el termómetro. Jane esperó pacientemente, mirando el rostro de Maura que había cerrado los ojos mientras esperar a escuchar el sonido del aparato. Su rostro aún estaba pálido pero poco a poco comenzaba a recobrar su color.

                –Ha bajado un poco –comentó al ver el número.

                Jane le quitó el termómetro e hizo una mueca al ver los números.

                –No lo suficiente. –Dejó el termómetro sobre la mesita de noche y subió las sabanas cubriéndola un poco más antes de sentarse al borde de la cama. Maura la miró extrañada ¿acaso pretendía quedarse ahí hasta que se durmiera? –¿Te duele la cabeza? –Preguntó al notar que Maura cerró los ojos con fuerza.

                –Un poco –respondió sin abrir los ojos.

                Jane hizo a un lado la mano de Maura que frotaba su frente, y colocó un pañuelo húmedo sobre su frente. Maura abrió los ojos al sentir el pañuelo frío.

                –Enfermarás –susurró.

                –Demasiado tarde para decirme eso, ¿no crees? Además, ya te dije que no, tengo un sistema inmunológico de hierro. 

                –No entiendo esa analogía. Si tuvieras un sistema inmunológico de hierro no estarías viva.

                Jane quedó boquiabierta, mirándola, buscando alguna pista que le dejara saber si Maura estaba bromeando o no. Pero la expresión seria de la mujer no dejó dudas de que sí estaba hablando en serio.  

                –Pensaba que estando enferma, esa mente tuya dejaría de funcionar un poco.

                –Espero que no porque eso sería una urgencia médica.

                –Sabes qué –decía mientras humedecía el pañuelo otra vez y lo colocaba de nuevo en la frente de Maura–. Me encanta tu sentido del humor. –Inconsciente de sus palabras, siguió organizando y recogiendo los vasos de la mesita de noche, sin percatarse del sonrojo en las mejillas de Maura–. Ahora vuelvo, ¿tienes más pastillas?

                –Sí. Las dejé en mi bolso de trabajo. –Con ojos entrecerrados observó a la mujer salir de la habitación. Cerró los ojos y tocó con las yemas de los dedos el pañuelo en su frente. Jane estaba cuidando de ella, no tenía por qué hacerlo y aun así…Nadie antes la había cuidado de ese modo, ni siquiera su propia madre. Desde pequeña aprendió a cuidarse ya que su madre era una persona muy ocupada y el que ella enfermara no era más que una molestia para Constance. Los cuidados que alguna vez recibió fueron de parte de su atento padre, que siempre intentó estar presente a pesar de sus viajes recurrentes de negocios.

                –He traído dos… –Se calló al alzar la mirada–. ¿Estás dormida? –preguntó en voz baja.

                –No –susurró Maura abriendo los ojos.

                Jane le entregó las pastillas y un vaso de agua.

                –Tengo que ir a mi apartamento antes de ir al trabajo, puedes dormir un par de horas más.

                –Puedes descansar, Jane.

                Jane quitó el pañuelo de la frente de Maura, apartando un mechón húmedo antes de secar con otro pañuelo.

                –No estoy acostumbrada a que cuiden de mí –murmuró Maura. Jane la miró sin saber qué decir o qué hacer; ella tampoco había cuidado de este modo a alguien. Después de varios segundos, le sonrió.

                –Descansa.

                Observó cómo Maura asintió levemente antes de cerrar los ojos. Salió de la habitación y bajó las escaleras hasta la cocina. Tendría que hacer algo para no rendirse ante el sueño. Lanzó una mirada hacia el reloj en la pared; podría prepararse un café y aprovechar para comenzar a preparar algo para hacerle de desayuno a Milo. Y  eso fue justamente lo que hizo. El café la ayudó a mantener sus sentidos despiertos, lo suficiente para funcionar. El tiempo pasó, para su sorpresa, bastante rápido.

                –Jane, Jane.

                Jane escuchó los pasos apresurarse hacia ella y cuando se giró se encontró con un niño en pijamas con cabello despeinado, y sosteniendo la placa entre sus pequeñas manos, mostrándosela con una gran sonrisa en sus labios.

                –¿Te gusta? –le preguntó, acariciando el cabello del niño, despeinándolo aún más. Se preguntaba si pensaban pelarlo pronto o si dejarían su cabello de ese largo.

                –¡Sí! –exclamó y sus ojos volvieron a enfocarse en el color dorado del placa que parecía brillar.

                –Mantuvo a todos los monstruos lejos de tu cuarto.

                El niño parecía que explotaría de la emoción en cualquier momento, y su estado de humor era muy contagioso. Jane no pudo evitar reír con él.

                –¿Y Mau? –Preguntó al notar la ausencia de su hermana.

                –Aún duerme. Tu hermana no se siente muy bien, así que necesita mucho reposo.

                –¿Se pondrá bien?

                Jane lo miró y dejó a un lado la espátula que sostenía en una mano para girarse y dirigirse al niño con toda su atención.

                –Claro que se pondrá bien. Tu hermana es muy fuerte, ¿verdad?

                –Sí.

                –Entonces ya verás que se recuperará.

                El niño asintió y su atención hacia Jane fue interrumpida cuando vio el caparazón de Bass. Jane lo siguió con la mirada, observando cómo abrió el refrigerador y sacó dos fresas.

                –Milo… No creo que sea buena idea que hagas eso –dijo con preocupación al ver que el niño pretendía alimentar al animal.

                –Mau me mostró cómo hacerlo, ¿quieres?

                Jane hizo una mueca al caer en cuenta que el niño le proponía que alimentara a Bass también. Prefería mil veces no hacerlo. Aún no estaba tan cómoda con el extraño animal como para acercársele, mucho menos alimentarlo. ¿Qué pasaba si perdía un dedo? Tal vez estaba exagerando… pero era mejor ser precavido. Se acercó al niño para asegurarse de que sus dedos estuvieran seguros.

                –Ves.

                –Tuviste una buena maestra –comentó con una sonrisa, atendiendo lo que cocinaba.

                –¿Qué huele tan rico?

                –Panqueques.

                –¿Puedo comer?

                –Claro que sí. Los estoy haciendo para ti y tu hermana.

                –¡Mau!

                –Buenos días Milo, te has levantando temprano. –Dirigió su mirada hacia la morena que la miraba boquiabierta.

                –Maura… ¿Qué haces levantada?

                –Necesitaba estirar las piernas. La temperatura me ha bajado, ya no tengo fiebre.

                Jane suspiró aliviada.

                –¡Mau! –Volvió a exclamar el niño y le mostró la placa de policía.

                –Oh, la detective ha cumplido con su palabra.

                –Siempre –dijo, colocando dos platos con panqueques sobre la mesa–. Coman.

                Milo y Maura comenzaron a comer mientras hablaban sobre la placa que le había regalado Jane. Jane los observaba en silencio, tomando otra taza de café.

                –¿Esperas a alguien? –Preguntó la morena al escuchar la puerta principal abrirse.

                –Maura –llamó una mujer al entrar en la casa–. ¿Milo? –La mujer se detuvo en seco al registrar la imagen que tenía enfrente de ella.

                –Madre.

                Jane casi escupe el café al escuchar a Maura. ¿Esa era la madre? Tragó en seco y dejó la taza de café a un lado para alisarse la ropa con sus manos.

                –¿Y tú quién eres?

                Jane ignoró la seriedad en el tono de la mujer.

                –Detective Jane Rizzoli. –Extendió su mano para saludarla. Por un instante, la expresión de la mujer la hizo dudar si la saludaría.

                –Constance Isles. –Saludó a la morena con un firme agarre–. ¿Ha pasado algo? Por qué está la detective Rizzoli… ¿haciendo panqueques?

                –Madre, Jane…

                –Soy su amiga –interrumpió Jane.

                Constance miró a las dos mujeres con curiosidad.

                –Milo, busca tu mochila.

                –Pero…

                –Ahora, Milo.

                El niño hizo un puchero antes de bajarse de la silla.

                –Milo se puede quedar conmigo hasta mañana, madre.

                –Por favor Maura, te ves horrible. Estoy segura que podrás cuidarte mejor si no tienes que estar pendiente de él también.

                –Perdone que me meta en sus asuntos familiares, pero Maura ha cuidado de su hermano…

                –Jane –la interrumpió Maura, cabizbaja. No permitiría que mintiera por ella. Las palabras de su madre tenían algo de verdad en ellas.

                Constance estuvo a punto de responderle a la detective pero Milo corrió hacia ella.

                –Estoy listo. –Miró a su hermana–. ¿Te sientes mejor?

                –Sí. –Se levantó de la silla para abrazar al niño–. Nos vemos mañana, Milo. –Alzó la mirada hacia su madre que asintió.

                –Adiós, Milo. –Se despidió Jane, siguiendo a la mujer con la mirada. Cuando la puerta se cerró, cruzó los brazos sobre su pecho y se giró hacia la rubia con una mirada seria–. ¿Tu madre siempre te trata de ese modo?

                –Jane… –Se cerró la bata del pijama, abrazándose a sí misma–. Es mi madre. Es mejor que no te entrometas en mis asuntos familiares.

                –Lo siento… Es mejor que… Tengo que prepararme para ir a trabajar. No olvides tomar los medicamentos.

                –No lo olvidaré… –Inhaló con fuerza al escuchar la puerta de la entrada cerrarse. Jane se había apresurado para salir de ahí.

                “Después de los cuidados que me ha dado… ¿Así la trato?…” pensó, subiendo las escaleras para volver a meterse en la cama.


*****

                –¿Y a ti qué te pasa? –Preguntó Frost, mirando por encima de la pantalla de la computadora a su compañera.

                –No he dormido –respondió y tomó otro sorbo de lo que vendría siendo su quinto café en el día.

                –¿Y eso?

                –Estuve cuid… –Cerró la boca al darse cuenta que estuvo a punto de decir que había pasado la noche en la casa de Maura–. Fue una noche larga.

                –Imagino –comentó Korsak desde su puesto, intentando ocultar su sonrisa detrás de la pantalla.

                Jane le lanzó una mirada seria que hizo que el hombre regresara su atención al reporte que estaba completando.

                La morena suspiró cansada. En unas horas más podría ir a casa y dormir. Se preguntaba cómo estaría Maura, si había mejorado… si se sentía bien…

                –Jane, tu móvil está sonando.

                –¿He? –Miró a Frost antes de caer en cuenta que el móvil le estaba avisando de un nuevo mensaje–. Hmmm. –Abrió los mensajes y se sorprendió al ver que era de Maura.

                “Hola Jane. Quería disculparme por mi reacción de hoy. Gracias a tus cuidados me siento mucho mejor. Espero que puedas descansar pronto. M”
               La detective sonrió de oreja a oreja, releyendo el mensaje varias veces. Los dos hombres se miraron extrañados y curiosos por la reacción de Jane.  

Capítulo 10

 A/N: Qué puedo decir… Gracias por la paciencia y espera que me han tenido. Como había mencionado en mi blog, he comenzado a trabajar y no había tenido chance a escribir mucho. Aún me estoy organizando con mis nuevos horarios e intentando hacerme un tiempito para seguir escribiendo.


Espero que este capítulo les guste.



–No hablará sin un abogado. –Refunfuñó al salir de la sala de interrogación.

                –Sin su confesión seguiremos sin nada –comentó Frost.

                –Para algo ha de servir la evidencia que tenemos. –Korsak bebió un sorbo de su café antes de mirar a través del cristal; el joven estaba sentando en la silla con los brazos cruzados sobre su torso.

                –Para nada servirá si no podemos conectarla a él. Está muy calmado y habló lo suficiente contigo como para saber lo que tenías.

                –Me di cuenta. –Sacó el móvil y le lanzó una mirada rápida antes de hacer una mueca.

                –¿Qué pasa?

                –El doctor Pike quiere hablar conmigo.

                –Bueno, eso te lo dejamos a ti. –Se apresuró a decir Frost, aclarándose la garganta.

                –Ya veo. –Sonrió, moviendo la cabeza de un lado a otro negativamente.

                En el elevador no dejaba de ojear el botón que lo detendría en el primer piso. El doctor Pike podría esperar cinco minutos más, pero ya necesitaba una dosis de cafeína, especialmente si tendría que tratar con el hombre.

                –Un café bien oscuro, Ma. –Fue lo primero que dijo al llegar.

                –¿Acaso no saludas a tu propia madre? Joan me saluda todos los días y no es familia mía.

                –¿Joan?

                El oficial que estaba al otro extremo del mostrador aclaró la garganta y le sonrió a la detective, sacudiendo lo hombros.

                –Ah. ¿Cómo están los niños, Joan?

                –Muy bien, Rizzoli.

                –Me alegra escuchar eso.

                –Aquí tienes, Joan. Qué tengas un buen día. –Angela le entregó el vaso con café oscuro y una bolsa con un sándwich.

                –Igualmente, Angela. Para ti también Rizzoli.

                Jane asintió agradecida y lo siguió con la mirada hasta que estuviera segura que no escucharía lo siguiente que iba a decir:

                –¿Desde cuándo estás con tratos de primeros nombres? No llevas ni un mes trabajando aquí.

                –Soy una persona muy social, no lo puedo evitar. En cambio otras ni saludan a sus propias madres –fingió un tono dolido.

                –Ma… Solo necesito mi café. Prometo que tu saludo no será olvidado otra vez.

                –¿Por qué tanta cafeína? Ayer no hiciste más que dormir desde que llegaste del trabajo.

                –Porque me quedé cuidando de Maura y su hermanito. No dormí nada… ya te había dicho. –Suspiró, recordando que no había sido decisión suya el decirle a su madre, sino que prácticamente la obligó a darle una explicación.

                –Me gustaría conocer a su hermanito.  

                Jane suspiró y apoyó los codos sobre el mostrador.

                –No sé si eso sea posible, Ma. Ya sabes cómo están las cosas entre Maura y yo… creo que he hecho algo de progreso, pero no dejo de sentirme como si Maura estuviera al otro lado de la habitación y tuviera que caminar por un suelo lleno de cristales rotos… si me llegó a equivocar… me corto –decía con la mirada perdida.

                Angela ladeó la cabeza, mirando con curiosidad a su hija. Jane nunca hablaba de ese modo; últimamente parecía estar con la cabeza en otro mundo y con sus pensamientos desorganizados. ¿Acaso así la hacía sentir Maura? ¿Acaso Jane estaba enamorada?

                –Entonces… –dijo, colocando el café enfrente de su hija que parecía haberse olvidado por completo del interés y la exigencia que había tenido por tenerlo–. ¿Irás a verla? Ayer no fuiste…

                –No sé si sea lo mejor, Ma. Tal vez lo mejor sea esperar a que regrese al trabajo y verla aquí –decía, no muy segura de querer que así fuera. Quería verla. Ayer se moría por subir al auto y conducir a la casa de Maura una vez más simplemente para saber cómo se sentía, para verla. Eso era lo único que quería. Pero de alguna parte había sacado las fuerzas para mantenerse dentro de su propia casa. No se había despedido de Maura de la mejor forma cuando se fue la mañana del día antes; aunque los mensajes de texto que le siguieron desde entonces habían sido muy agradables. Maura se había disculpado con ella por su reacción cuando Jane se había entrometido en sus asuntos familiares. Aunque Jane no necesitaba escuchar ninguna disculpa, ella sabía, en el momento que abrió la boca y preguntó, que había metido la pata. El último mensaje de Maura había sido de esa mañana, le había respondido diciendo que se sentía mucho mejor. Aunque Jane no estaba segura si estaba diciendo la verdad, ya que había comprobado cómo era la versión de “bien” o “mejor” de la doctora.

                –Deberías ir. No pierdes nada con hacerlo.

                –La puedo perder a ella.

                –Creo que ya la perdiste una vez, hija. El destino te la ha puesto enfrente otra vez y no creo que sea para que ahora tengas miedo de caminar en ‘tu habitación’ para acercarte a ella. Sí, te harás uno que otro corte, meterás la pata y te darás una que otra patada a ti misma. Pero Janie, tú nunca te has rendido así de fácil.

                –No me estoy rindiendo, Ma. –Suspiró–. Solo no quiero arruinarlo otra vez.

                –Haz lo que tu corazón mande y deja de pensar tanto con la cabeza, Janie. Si quieres verla, simplemente ve.

                Jane sonrió levemente y si no fuera por el mostrador que la separaban, la hubiera abrazado.

                –Tengo que regresar a trabajar… Gracias por tus palabras, Ma. –Agarró el vaso de café y bebió un poco.

                –Siempre puedes hablar conmigo, hija.


*****


                Era increíble cómo una persona se acostumbra a algo en tan poco tiempo; se le hacía tan extraño bajar a la morgue y no ver a la doctora. En cambio ahora el Dr. Pike la esperaba en la entrada con una sonrisa que, en vez de alegrarla, la asustó un poco.

                –¡Detective!

                –Buenos días, doctor. ¿Tiene algo para mí? Recibí su mensaje.

                –Sí, sí. Sígame por favor. –Caminó hasta una mesa de aluminio y agarró una carpeta que estaba sobre ella–. El laboratorio ha comparado el ADN que se encontró en la escena del crimen y no coincide con la muestra que tenemos.

                –Esa no es una buena noticia –dijo con tono serio, sintiéndose confundida al recordar que la había recibido con una sonrisa, como si tuviera buenas noticias para ella.  

                El hombre puso una cara pensativa, meditando las palabras de la detective.

                –Doctor Pike, he dejado todo en orden.

                El doctor mostró una expresión irritada antes de girarse y dirigirse hacia la dueña de la voz:

                –Le había dicho que todo estaba en orden. No he tocado nada en su oficina. –La molestia era palpable en su tono.

                –Como es debido –respondió en un tono serio.

                –¿Maura? –Jane dio un paso hacia un lado para poder ver a la mujer y abrió los ojos como si hubiera visto a un fantasma–. ¿Pero qué haces aquí? ¡Estás enferma!

                –Eso mismo dije yo –murmuró en voz baja, lo suficiente para que la doctora no lo escuchara.

                Maura se aclaró la garganta, manteniendo la compostura ante la reacción de la morena.

                –¿Me puede acompañar a mi oficina, detective?  

                Jane miró al doctor y forzó una sonrisa.

                –Claro, Dra. Isles. –Siguió con la mirada a la rubia que se dirigió de regreso a su oficina–. Y gracias por el aviso Dr. Pike. Cualquier otra cosa que encuentre, me avisa.

                –¡Lo haré! Detective Rizzoli.

                Jane forzó otra sonrisa antes de dirigirse hacia la oficina; esperaba no recibir un mensaje o llamada del doctor cada cinco segundos.

                –Maura. –Se sorprendió a sí misma al escuchar cómo su tono de voz cambió al dirigirse a la mujer. Cerró la puerta al entrar y miró a la rubia. No tenía aspecto de estar enferma, o al menos eso pensó hasta que Maura se dobló al toser de una forma descontrolada. Jane se acercó y comenzó a acariciar su espalda inconscientemente–. ¿Te busco un vaso de agua? –preguntó cuando la tos cesó.

                –No… ya estoy bien… gracias.

                Jane cayó en cuenta de donde tenía la mano y la retiró.

                –¿Por qué estás aquí Maura? Te ves bien pero hay algunas cosas que el maquillaje no puede ocultar.

                –Necesitaba distraerme… y te había dicho que estaba mejor…

                –Eso fue hace unas horas. –Sin avisar, tocó la frente de Maura con la parte trasera de sus dedos–. Hmmm.

                Maura alzó una de sus cejas, esperando el veredicto de la morena.

                –Parece que no tienes fiebre… –retiró su mano y suspiró aliviada.

                –Claro que no. ¿Intenta decirme que pensó que le había mentido, detective? –ladeó la cabeza intentando contener su sonrisa.

                Jane estuvo a punto de protestar al escuchar que volvía a llamarle por su título, pero el tono que había usado le dejó saber que no era nada parecido a lo de antes. Puede ser que sus labios no le estuvieran mostrando una sonrisa, pero el tono de su voz sí… y ni hablar de sus ojos, aunque en ese momento los tenía un poco rojos y brillantes por las lágrimas que habían ocasionado la tos.

                –¿Si necesitabas distraerte por qué no fuiste a otro lugar que no fuera… la morgue?

                –Es donde trabajo, Jane.

                Jane sonrió como una idiota al escuchar su nombre, y ante la mirada curiosa de la rubia, intentó ocultar su emoción.

                –Al decir eso solo me das más la razón. ¿Y Milo?

                –No entiendo lo que quieres decir… Y Milo estará con mi madre por unos días. Tiene que viajar a Europa y quiere estar con él durante ese tiempo. Yo me quedaré con él después de eso.

                –¿Y tú trabajo?

                –Milo tiene una niñera, Jane. Ella cuidará de él mientras yo no esté disponible por trabajo.

                –Mi madre quiere conocerlo. –Al escuchar lo que había dicho sintió que todo el aire se escapó de sus pulmones como si le hubieran dado un golpe seco en el abdomen. ¿Por qué había dicho eso? Necesitaba comenzar a pensar antes de hablar.

                –¿Has hablado con tu madre sobre Milo? –preguntó con curiosidad. “¿Has hablado sobre mí?” pensó.

                –Emm… sí… ella me ayudó a buscar la placa para él… –No estaba siendo muy coherente y estaba segura que Maura no había entendido mitad de lo que había dicho.

                –Podría conocerlo cuando se quede conmigo –propuso.

                Jane abrió los ojos sorprendida ante el ofrecimiento. –¿En serio? –preguntó como si no se lo pudiera creer.

                –Claro. –Se cubrió la boca antes de volver a toser.

                –Deberías regresar a casa y descansar, es tu último día libre. –Maura fue a abrir la boca para concordar pero otra ola de tos la detuvo–. Deberías estar en casa en… –Su mirada recorrió todo el vestido de Maura– unos pijamas… despeinada y viendo películas como el Titanic.

                –¿Te refieres al RMS Titanic?

                –¿Qué?

                –El transatlántico británico de 1912.

                Jane había quedado boquiabierta.

                –¿Acaso no has visto la película? –preguntó, abriendo los ojos aún más al ver que Maura estaba hablando en serio.

                –No sabía que había una película… sí he visto algunos documentales.

                –No lo puedo creer –susurró, alucinada–. Podría prestártela, he de tenerla en algún lado en mi apartamento.

                –¿Estaría en Netflix?

                –Supongo que sí… es una película muy vieja ya.

                Maura entrecerró los ojos un poco, estudiando el pequeño, casi imperceptible cambio en la expresión de Jane. ¿Había sido ideas suyas o Jane había sonado un poco decepcionada?

                –Podrías acompañarme si deseas –propuso en voz baja–. Viernes por la noche, ¿te parece bien? –Sonrió al ver la confusión seguida de sorpresa y emoción reflejadas en el rostro de la mujer enfrente de ella.

                –Viernes… claro, sí claro –repitió, sonando más segura.

                –Ahora… detective, –Ojeó el vaso de café que Jane aún sostenía en una de sus manos–. Imagino que ya habrá almorzado…

                –No –se apresuró a decir–. Habíamos traído a un sospechoso y justo acabo de terminar de interrogarlo antes de bajar a la morgue… No he tenido chance para almorzar.

                –¿Me acompaña entonces?


*****

                –¿Necesitas algo más? –preguntó desde la cocina.

                –No, gracias.

                Jane caminó hasta la mesa con un vaso de agua en la mano y en la otra sostenía un tenedor y varias servilletas de papel.

                –No sabía que este lugar existía –comentó Maura que había terminado de comer su chow mein y ahora estaba ojeando el menú de entregas.

                –No tengo mucho tiempo para cocinar… y tampoco que sepa mucho… así que hago muchos pedidos. Ese lugar tiene una de las mejores comidas chinas.

                –Hubiera pensado que después de comer tanta comida china, sabrías como usar los palillos.

                Jane, que estaba a punto de terminar lo que le quedaba de comida usando un tenedor, se detuvo y miró a la rubia, divertida.

                –¿Ha sido eso un comentario sarcástico, doctora Isles?

                Maura simplemente rio antes de levantarse, caminó hasta la cocina y se tomó unas pastillas.

                –Gracias otra vez por acompañarme –le dijo a Jane, después de haber terminado de beber el vaso de agua.

                Jane esperó a terminar de masticar para contestarle.

                –Gracias a ti, Maura. –Se limpió alrededor de los labios con una servilleta y se levantó para comenzar a recoger la mesa–. He tenido un buen almuerzo y una buena compañía, qué más puedo pedir. –Tiró los cartones de comida en la basura y alzó la mirada, encontrándose con la de Maura que estaba a unos pies de ella. Jane se acercó lentamente.

                –No tengo fiebre –se anticipó a decir, suponiendo que Jane haría lo que siempre terminaba haciendo cuando se acercaba.

                –No iba a chequear tu temperatura…–Sonrió levemente–, pero sí te ves cansada, Maura. Deberías descansar…

                –Creo que eso haré.

                –Me parece muy bien. –En ese momento su móvil comenzó a vibrar en su bolsillo–. Es Frost.

                –Trabajo.

                –Así es… –Sonrió nerviosa, sin saber qué más decir o hacer… como siempre pasaba cuando llegaba el momento de despedirse de Maura–. Entonces…

                –Nos vemos el viernes.

                –Sí…

Continuará…


Volume 5 of the Pretty Guardian Sailor Moon Manga, Perfect Edition,  (美少女戦士セーラームーン) is amazingly chock full of…everything. New characters, secrets, cool moments, and, at last!, the Outer Senshi gather. Yet again, the days of peace and tranquility after the defeat of the Black Moon are few. Usagi can be forgiven for wishing they’d continue. She and […]

Yuri Anime YNN Correspondent Grisznak wants you to know that the opening theme of Akuma no Riddle is available on YouTube. YNN Correspondent Jin H. also has some Akuma no Riddle news:  Funimation has picked up the series, and are streaming it, as is Nico Nico Douga and Crunchyroll. YNN Correspondent Vivi C.is excited to let you know […]

Pido calma por el capítulo 9, tenemos que esperar a la versión inglesa para poder sacar el capítulo dado que nadie de nuestro equipo (de momento) sabe japonés asi que tened un poco de paciencia, tan pronto como salga en inglés estará en español ;3

SINOPSIS:
Nuestra protagonista Yuzu se translada a su nueva escuela, esta nueva escuela tiene normas muy estrictas las cuales yuzu no piensa cumplir,en ella conocerá a una chica llamada Mei que es la presidenta del consejo estudiantil, ellas se llevan mal pero por casualidades del destino la vida de yuzu  a partir de ese dia cambiara.

Especial Volumen 1:

Tags:
~ Datos ~

Año: 2013

Autora: Saburouta

Géneros: Drama, Romance

Volúmenes: 1/??

Idioma: Japones

Fansub en inglés:Yuri project
Fansub en español: Bosque Blanco Fansub/ HellStone no Fansub

~ Sinopsis ~

Tras mudarse a Tokio con su madre, Yuzu se transfiere a un instituto solo para chicas. Allí conoce a Mei, la estricta y perfecta Presidenta del Consejo Estudiantil, con la que terminará discutiendo por sus muy diferentes formas de ser.
La sorpresa vendrá cuando, tras llegar a casa después de un pesado primer día en su nuevo instituto, Yuzu descubre que Mei es su nueva hermanastra, y que tendrá que lidiar con ella en situaciones para nada normales.


~ Descarga ~ 

Versión: Bosque Blanco Fansub

Capitulo 01 *Español
Capitulo 02 * Español
Capitulo 03 *Español
Capitulo 04 *Español

Capitulo 05 *Español
(Extra Volumen 1) *Español
Capitulo 06 *Español
Capitulo 07 *Español
Capitulo 08 *Español




Versión: HellStone no Fansub

Capitulo 01 *Español
Capitulo 02 * Español
Capitulo 03 *Español
Capitulo 04 *Español

Capitulo 05 *Español
(Extra Volumen 1) *Español
Capitulo 06 *Español
Capitulo 07 *Español

Capitulo 08 *Español
Capitulo 09 *Español

Nueva Serie sacada de Yuri Hime :3


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So there I am, in the Rijksmuseum in Amsterdam, standing in a room full of still life paintings from the 17th century, feeling irrationally rational about Stilleven met vergulde bierkan, by Willem Claesz. This painting, executed in 1634, is photorealistic, almost ridiculously so. The way the light hits the silver salver in the front was so…real. […]

This cover turns me on.

Buenas noches yuri fans (qué tarde es).

Seré breve, lo juro. Sé que muchas seguimos este manga (yo incluída) así que paso a dejarles el link de descarga de este nuevo capítulo (aún no se puede leer online) para quienes quieran apresurarse y leerlo ya (todas XD).

Sin más preámbulos:
¡Disfrútenlo!